La inseguridad y baja institucionalidad perjudican la imagen externa del país

Casi de manera simultánea al inicio de una semana de trabajo con los embajadores paraguayos en distintos países y organismos internacionales, que se viene desarrollando en la quinta Ykua Satî, un inversionista alemán que posee una estancia de 2.500 ha en Caaguazú debió abandonar rápidamente el país tras ser atacado por extraños. El contraste es más que elocuente para ilustrar dos caras de una misma moneda: por un lado, el interés del Gobierno de movilizar a sus agentes diplomáticos para captar nuevas oportunidades y, por otro, la inseguridad física y jurídica reinantes a lo largo y ancho del territorio. Lo paradójico del caso es que, al mismo tiempo que se exige a los embajadores promover de forma cada vez más agresiva la diversidad de ventajas que ofrece el país para la inversión extranjera y el comercio exterior, la materia prima de esa campaña, es decir, la imagen del Paraguay, resulta crecientemente perjudicada por hechos como el acaecido con el ciudadano alemán. La tarea pendiente, entonces, sigue existiendo a nivel interno, debido a los muchos y graves problemas domésticos que tiene nuestro país, como ser la ausencia de seguridad física y jurídica, la debilidad institucional y la endeble paz social.

 
ABC Digital
Casi de manera simultánea al inicio de la “Segunda Edición de las Jornadas de Trabajo con los Embajadores de la República del Paraguay en el Exterior y los Representantes Nacionales ante Organismos Internacionales”, que se viene desarrollando en la quinta Ykua Satî, un inversionista alemán que posee una estancia de 2.500 hectáreas en el departamento de Caaguazú debió abandonar rápidamente el país tras haber sido atacado por extraños el pasado fin de semana, cuando realizaba un recorrido por su finca.   

El contraste es más que elocuente para ilustrar dos caras de una misma moneda: por un lado, el interés del Gobierno de movilizar a sus agentes diplomáticos para captar nuevas oportunidades y, por otro, la inseguridad física y jurídica reinantes a lo largo y ancho del territorio de la República. Lo paradójico del caso es que, al mismo tiempo que se exige a los embajadores promover de forma cada vez más agresiva la diversidad de ventajas que ofrece el país para la inversión extranjera y el comercio exterior, la “materia prima” de esa campaña, es decir, la imagen del Paraguay, resulta crecientemente perjudicada por hechos como el acaecido con el ciudadano alemán.   

Lo cierto es que la seguridad física y jurídica del país ostenta niveles mínimos como para generar confianza en el exterior. Con frecuencia, los medios de comunicación informan sobre el asesinato de ciudadanos extranjeros –los más recientes fueron los de un matrimonio alemán y otro belga– que estaban afincados en el Paraguay. En la mayoría de los casos, se trata de personas jubiladas que decidieron invertir aquí parte importante de los ingresos que obtuvieron a lo largo de toda una vida de trabajo, seguramente atraídos por la benignidad de nuestro clima, la hospitalidad de nuestra gente, y con la intención de acabar sus días en un rincón pacífico del planeta en el que la naturaleza es pródiga en beneficios.   

Obviamente, este tipo de informaciones negativas rápidamente ganan terreno a nivel internacional, potenciadas sin lugar a dudas por el vertiginoso desarrollo de las tecnologías de la comunicación –especialmente a través de Internet–, con el consecuente perjuicio para la imagen del Paraguay.   

A esto debemos sumar la endémica debilidad institucional de la República, cuyas principales y más resaltantes características, lamentablemente, son la existencia de un Poder Judicial para nada confiable, sumamente subordinado a los intereses de los caciques o gobernantes de turno, cuando no de la mafia; una clase política corrupta y angurrienta, que no respeta las reglas del juego democrático, sino que más bien busca servirse de ellas para la consecución de sus oscuros fines, componendas y transas; que se llena la boca invocando la transparencia, pero que no mueve un solo dedo cuando de castigar a uno de los suyos pescado con las manos en la lata se trata.   

Fue por boca del mismísimo ministro de Relaciones Exteriores, Héctor Lacognata, en la primera jornada del encuentro de embajadores, que se expuso esta manifiesta incidencia de lo doméstico en lo externo. El canciller admitió que las “negociaciones” para la designación de nuevos embajadores en las representaciones diplomáticas vacantes, fundamentalmente en aquellos países con los que nos encontramos asociados en el Mercosur, se encuentran trabadas por motivos de naturaleza política.   

Un antiguo aforismo latino afirma que “nadie da lo que no tiene”. En este sentido debe entenderse la directa relación que existe entre los asuntos domésticos y la política exterior. Evidentemente, esta última no es más que el reflejo de lo que sucede al interior de un país. Poco o nada podrá pedírsele a un embajador en términos de ampliación de oportunidades comerciales o apertura de nuevos mercados, si luego nuestra oferta exportable se reduce en realidad a cuatro o cinco rubros de la producción agrícola.   

Lo mismo sucede en materia de captación de inversiones. ¿Qué importa que existan algunos beneficios tributarios para los inversionistas extranjeros si después resulta que su propia vida o sus propiedades están aquí permanentemente en riesgo, ya sea por la inseguridad reinante o por la precaria estabilidad social que tiene la República? Es preciso no llamarse a engaño: nadie da lo que no tiene ni puede vender lo que en verdad no posee.   

Sin lugar a dudas, la iniciativa impulsada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de reunir aquí a los embajadores paraguayos acreditados en distintas partes del mundo constituye un hecho auspicioso, no solo porque permite evaluar la labor de los mismos con base en un programa específico de metas y objetivos trazados previamente, sino porque también se los mantiene actualizados y debidamente contactados con los principales referentes de los gremios económicos y productivos, que son, a fin de cuentas, los actores principales de la generación de la riqueza del país.   

Sin embargo, esto no es suficiente, y la labor excede al ámbito exclusivo de la Cancillería Nacional. La tarea pendiente sigue existiendo a nivel interno, en el marco de la imperiosa solución de los numerosos –y muchas veces graves– problemas domésticos que tiene nuestro país, entre los cuales, como lo mencionábamos, se destacan la ausencia de seguridad física y jurídica, la debilidad institucional y la endeble paz social. Todo lo cual, no cabe ninguna duda, debiera llamar a una profunda reflexión no solamente al Gobierno nacional, sino del conjunto de la clase política paraguaya. Sin la acabada comprensión de esta realidad, encuentros como el realizado por Relaciones Exteriores solo resultan en un innecesario gasto de dinero o en un esfuerzo parcial y desgastante que carece de sentido cuando se observa el completo panorama de la situación nacional.
8 de Septiembre de 2010 00:34


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