EDITH CORTELEZZI
Doctora en etiqueta
La argentina Edith Cortelezzi, especialista en Etiqueta Social y Protocolo, estuvo de visita en Paraguay presentando su libro Buenos Modales. Buenos Negocios. Aprovechamos su exitosa venida para adentrarnos en el mundo de las formas sociales.
Edith tuvo el privilegio de contar con una mamá educada por unas monjas de la aristocracia belga. “Eran unas monjas que donaron todos sus bienes a la Iglesia belga y vinieron en la época de la Colonia a Argentina. Mi madre nos trasmitió (somos 3 hermanos) una educación social durísima, diaria, que cubría hasta los más mínimos detalles. Y si no aprendíamos, al rincón a arrodillarnos horas o a la cama sin cenar. Tuve mis momentos de rebeldía cuando era joven, pero hoy se lo agradezco, porque fue la profesión que me hizo recorrer el mundo y conocer tantas personas. No aposté al matrimonio ni los hijos (aunque tengo hijos de corazón y a montones), pero aposté a los viajes e idiomas”. Nuestra invitada habla inglés, francés y alemán, armas perfectas con las que estudió y trabajó en Francia, Inglaterra, Sudáfrica y Alemania. Se formó en ceremonial y protocolo en la OEA y La Sorbona. Es periodista, docente y locutora nacional, “profesiones que no ejercí pero me sirven muchísimo para comunicarme con mi público”. Actualmente es capacitadora en ceremonial y protocolo, organiza y coordina eventos empresariales y sociales en Argentina y varios países sudamericanos.
-¿Por qué debemos aprender buenos modales? La mayoría decimos que los tenemos.
-Para muchos es una cuestión de sentido común. Y lo es. Pero en una reunión social, empresarial o presidencial, muchas veces no estamos seguros de cómo debemos comportarnos.
-Y sí, acá precisamos algunas finezas. ¿Vino a enseñarnos?
-Vine encantadísima por segunda vez (la primera fue turística) invitada por el Lic. Luis Arroyo, que compró mi libro en el lanzamiento en Bs. As. y en un momento se acercó a hacerme una consulta: “Edith: ¿Qué hace una mujer con su celular y su cartera durante una cena de Estado?”.
-No es mi caso, pero la verdad, ¿qué hace?
-Jamás un celular en la mesa, sino en su cartera, que será colocada detrás suyo, entre el respaldo de la silla y su espalda, o al costado.
-La tecnología trajo mucha mala educación.
-Los tiempos cambiaron y hay que adecuar una educación social. El primer libro sobre buenos modales salió en 1920 en EE. UU. Hoy, la computadora y el celular también tienen que ser tratados con respeto hacia la otra persona. No se mandan mails escritos en imprenta porque parece que la persona te está gritando. Tampoco se envían cadenas y cadenas, es de muy mal gusto.
-¿Por qué relaciona los buenos modales con los buenos negocios?
-Es fundamental saber comer, ahí es donde se ve el eje de la educación. En EE.UU., cuando una gran empresa va a contratar a un ingeniero, por ejemplo, hay 3 candidatos brillantes. La última prueba es invitarlos a comer. Aquel que coma mejor, se lleva el puesto.
-¿A qué público ha formado?
-De todas las edades. Y no es una cuestión de nivel social, sino de educación, caballerosidad, lógica, respeto. Hay gente de mucho dinero que no sabe comportarse y aquella de menos nivel social con una educación maravillosa.
-Los jóvenes son un problema hoy, ¿cómo los ve?
-Yo tengo cursos llenos de jóvenes. Chicas de 12 años que me escriben para que les enseñe modales a los adolescentes. Creo que está en que los padres entiendan que no solo hay que pagar colegios y llenarlos de cursos. Es la educación cotidiana lo que les va a abrir todas las puertas a sus hijos.
-¿Está tan mal romper el protocolo en una reunión o, a veces, podemos relajarnos?
-Siempre depende de qué tipo de reunión es y en el trato el vínculo que tengas con tu invitado. Una cosa es una comida de negocios y otra, una social. Por ejemplo, poner los pies sobre la mesita del living es feísimo; en cambio, sentarnos en la alfombra a comer una pizza con servilleta y sin chorrearnos está perfecto.
-¿Qué error social de un personaje importante recuerda?
-Bueno, el Rey Juan Carlos de España y su “por qué no te callas”; ahí un rey perdió los estribos...
-Y usted, ¿se equivoca?
-En mi último lanzamiento, 400 personas, olvidé nombrar algunas personas. Sí, uno es humano. De las “rebeldías” que me quedan hacia mi gran madre, poder comer en la cama. Eso sí, siempre con un mantelito impecable.
Edith tuvo el privilegio de contar con una mamá educada por unas monjas de la aristocracia belga. “Eran unas monjas que donaron todos sus bienes a la Iglesia belga y vinieron en la época de la Colonia a Argentina. Mi madre nos trasmitió (somos 3 hermanos) una educación social durísima, diaria, que cubría hasta los más mínimos detalles. Y si no aprendíamos, al rincón a arrodillarnos horas o a la cama sin cenar. Tuve mis momentos de rebeldía cuando era joven, pero hoy se lo agradezco, porque fue la profesión que me hizo recorrer el mundo y conocer tantas personas. No aposté al matrimonio ni los hijos (aunque tengo hijos de corazón y a montones), pero aposté a los viajes e idiomas”. Nuestra invitada habla inglés, francés y alemán, armas perfectas con las que estudió y trabajó en Francia, Inglaterra, Sudáfrica y Alemania. Se formó en ceremonial y protocolo en la OEA y La Sorbona. Es periodista, docente y locutora nacional, “profesiones que no ejercí pero me sirven muchísimo para comunicarme con mi público”. Actualmente es capacitadora en ceremonial y protocolo, organiza y coordina eventos empresariales y sociales en Argentina y varios países sudamericanos.
-¿Por qué debemos aprender buenos modales? La mayoría decimos que los tenemos.
-Para muchos es una cuestión de sentido común. Y lo es. Pero en una reunión social, empresarial o presidencial, muchas veces no estamos seguros de cómo debemos comportarnos.
-Y sí, acá precisamos algunas finezas. ¿Vino a enseñarnos?
-Vine encantadísima por segunda vez (la primera fue turística) invitada por el Lic. Luis Arroyo, que compró mi libro en el lanzamiento en Bs. As. y en un momento se acercó a hacerme una consulta: “Edith: ¿Qué hace una mujer con su celular y su cartera durante una cena de Estado?”.
-No es mi caso, pero la verdad, ¿qué hace?
-Jamás un celular en la mesa, sino en su cartera, que será colocada detrás suyo, entre el respaldo de la silla y su espalda, o al costado.
-La tecnología trajo mucha mala educación.
-Los tiempos cambiaron y hay que adecuar una educación social. El primer libro sobre buenos modales salió en 1920 en EE. UU. Hoy, la computadora y el celular también tienen que ser tratados con respeto hacia la otra persona. No se mandan mails escritos en imprenta porque parece que la persona te está gritando. Tampoco se envían cadenas y cadenas, es de muy mal gusto.
-¿Por qué relaciona los buenos modales con los buenos negocios?
-Es fundamental saber comer, ahí es donde se ve el eje de la educación. En EE.UU., cuando una gran empresa va a contratar a un ingeniero, por ejemplo, hay 3 candidatos brillantes. La última prueba es invitarlos a comer. Aquel que coma mejor, se lleva el puesto.
-¿A qué público ha formado?
-De todas las edades. Y no es una cuestión de nivel social, sino de educación, caballerosidad, lógica, respeto. Hay gente de mucho dinero que no sabe comportarse y aquella de menos nivel social con una educación maravillosa.
-Los jóvenes son un problema hoy, ¿cómo los ve?
-Yo tengo cursos llenos de jóvenes. Chicas de 12 años que me escriben para que les enseñe modales a los adolescentes. Creo que está en que los padres entiendan que no solo hay que pagar colegios y llenarlos de cursos. Es la educación cotidiana lo que les va a abrir todas las puertas a sus hijos.
-¿Está tan mal romper el protocolo en una reunión o, a veces, podemos relajarnos?
-Siempre depende de qué tipo de reunión es y en el trato el vínculo que tengas con tu invitado. Una cosa es una comida de negocios y otra, una social. Por ejemplo, poner los pies sobre la mesita del living es feísimo; en cambio, sentarnos en la alfombra a comer una pizza con servilleta y sin chorrearnos está perfecto.
-¿Qué error social de un personaje importante recuerda?
-Bueno, el Rey Juan Carlos de España y su “por qué no te callas”; ahí un rey perdió los estribos...
-Y usted, ¿se equivoca?
-En mi último lanzamiento, 400 personas, olvidé nombrar algunas personas. Sí, uno es humano. De las “rebeldías” que me quedan hacia mi gran madre, poder comer en la cama. Eso sí, siempre con un mantelito impecable.
11 de Marzo de 2010 10:51
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