OPERA
Género completo
Tenía solo seis años cuando cantó por primera vez en un escenario. Veinte años después, Rebecca Arramendi se ha convertido en una de las principales referentes de la lírica paraguaya y considera que la ópera es un género completo.
En el año 2006 encarnó por primera vez a Violeta Valery en La Traviata; este año lo vuelve a hacer en una serie de cuatro funciones que culmina esta noche, a las 19:00 en el Teatro Municipal Ignacio A. Pane. Parte de la recaudación total será destinada a las siguientes organizaciones de ayuda: Fundación Santuario de los Niños, Hogar de Niños Casa de Misericordia y la Fundación San Rafael.
-¿De dónde viene la vocación por la lírica?
-Empecé a estudiar canto a los 14 años en la Escuela Municipal de Canto; a los 16, terminé el profesorado y me dediqué a enseñar. En aquella época llegué a enseñar en ocho colegios en tres ciudades distintas del interior del país. Luego, cuando ingresé a la compañía de ópera de la Universidad del Norte, primero formé parte del coro y después ya fui solista.
-Tuviste muchos alumnos, entre ellos el ex embajador norteamericano James Cason, ¿fue difícil enseñarle a cantar?
-(Risas) No, contrariamente a lo que se puede pensar, fue el alumno más fácil que tuve, porque él tenía muchísimas ganas de aprender a cantar.
-¿Qué aporte puede dar a la sociedad una cantante lírica?
-Para mí, la ópera es el arte perfecto. Cuando miro al público, veo muchos rostros de jóvenes que vienen y aprecian el arte.
-¿En qué pensás cuando cantás las notas más altas?
-La emisión de la voz es mental; uno cuando sabe que tiene que hacer una nota aguda tiene que prepararse sicológicamente. Si tengo que hacer un sobreagudo con mucha rabia, lo hago pensando en el porqué de esa rabia y lo canto.
-¿Te cuesta salir de tus personajes?
-Cuando entro a escena digo “ahora dejo de ser Rebecca” y entro en situación del personaje. En La Traviata, por ejemplo, tengo que ir mostrando síntomas de enfermedad. Salir del personaje cuesta mucho, porque cuando uno simula estar enfermo es mucho más difícil que estar enfermo y cuesta mucho olvidarse que uno no está enfermo. Cuando canté Violeta en el 2006, tanto me compenetré con el papel que luego ya sufría de tos y parecía enferma en serio.
A pesar de que la lírica en Paraguay está en estado incipiente, las figuras jóvenes han logrado ocupar sus espacios y desarrollarse desde los mismos. “Lo importante es que cada vez más jóvenes se acercan al arte”, dijo finalmente Arramendi.
En el año 2006 encarnó por primera vez a Violeta Valery en La Traviata; este año lo vuelve a hacer en una serie de cuatro funciones que culmina esta noche, a las 19:00 en el Teatro Municipal Ignacio A. Pane. Parte de la recaudación total será destinada a las siguientes organizaciones de ayuda: Fundación Santuario de los Niños, Hogar de Niños Casa de Misericordia y la Fundación San Rafael.
-¿De dónde viene la vocación por la lírica?
-Empecé a estudiar canto a los 14 años en la Escuela Municipal de Canto; a los 16, terminé el profesorado y me dediqué a enseñar. En aquella época llegué a enseñar en ocho colegios en tres ciudades distintas del interior del país. Luego, cuando ingresé a la compañía de ópera de la Universidad del Norte, primero formé parte del coro y después ya fui solista.
-Tuviste muchos alumnos, entre ellos el ex embajador norteamericano James Cason, ¿fue difícil enseñarle a cantar?
-(Risas) No, contrariamente a lo que se puede pensar, fue el alumno más fácil que tuve, porque él tenía muchísimas ganas de aprender a cantar.
-¿Qué aporte puede dar a la sociedad una cantante lírica?
-Para mí, la ópera es el arte perfecto. Cuando miro al público, veo muchos rostros de jóvenes que vienen y aprecian el arte.
-¿En qué pensás cuando cantás las notas más altas?
-La emisión de la voz es mental; uno cuando sabe que tiene que hacer una nota aguda tiene que prepararse sicológicamente. Si tengo que hacer un sobreagudo con mucha rabia, lo hago pensando en el porqué de esa rabia y lo canto.
-¿Te cuesta salir de tus personajes?
-Cuando entro a escena digo “ahora dejo de ser Rebecca” y entro en situación del personaje. En La Traviata, por ejemplo, tengo que ir mostrando síntomas de enfermedad. Salir del personaje cuesta mucho, porque cuando uno simula estar enfermo es mucho más difícil que estar enfermo y cuesta mucho olvidarse que uno no está enfermo. Cuando canté Violeta en el 2006, tanto me compenetré con el papel que luego ya sufría de tos y parecía enferma en serio.
A pesar de que la lírica en Paraguay está en estado incipiente, las figuras jóvenes han logrado ocupar sus espacios y desarrollarse desde los mismos. “Lo importante es que cada vez más jóvenes se acercan al arte”, dijo finalmente Arramendi.
12 de Marzo de 2010 09:14
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