CINE
Primer Oscar a una directora
El drama bélico centrado en los desactivadores de bombas en Irak que narra The Hurt Locker se ha coronado como la gran ganadora de una edición de los Oscar que apuntaba a una victoria fácil de Avatar, el filme más taquillero de la historia.
Y entre los seis conseguidos —de nueve candidaturas—, el de Mejor Dirección para Kathryn Bigelow marca un punto de inflexión en una industria como la cinematográfica, que hasta ahora había dado la espalda a las mujeres realizadoras.
Mejor película, dirección, edición, guión original, edición de sonido y mezcla de sonido son los premios conseguidos por The Hurt Locker, una película a la que le costó abrirse camino en un año en el que las nuevas tecnologías lideradas por Avatar y su 3D estaban llamadas a dominar el cine.
Pero la honestidad de la historia, su falta de grandiosos efectos especiales y la tensión con la que Bigelow desarrolla la acción han sido más que suficientes para derrotar a las cifras mareantes en las que se mueve Avatar, con un presupuesto de más de 300 millones de dólares y una recaudación récord que ya supera los 2.500 millones de dólares.
Apenas 15 millones de dólares gastó Bigelow en producir el filme, que ha conseguido tan sólo 21 millones de recaudación, una cifra que seguro subirá tras el éxito de los Oscar.
Premios técnicos
James Cameron no ha podido repetir en esta 82 edición de los Oscar lo que gritó hace 12 años tras ganar once estatuillas por Titanic: “Soy el rey del mundo”.
De los nueve Oscar a los que optaba, consiguió tres: los de mejor dirección artística, fotografía y efectos visuales, un resultado pobre para una megaproducción al más puro estilo hollywoodiense que se tropezó con una pequeña piedra.
Ya en los días previos a la gala, las apuestas comenzaron a dar un giro en redondo y de una victoria fácil para Avatar se pasó a dar por segura ganadora a The Hurt Locker.
Algo a lo que probablemente ayudó Cameron, aunque fuera inconscientemente, cuando recogió su Globo de Oro a la mejor dirección y señaló que esperaba que el galardón fuera para Bigelow.
Y a pesar del omnipresente azul na’vi en los trajes de algunas de las actrices presentes en la gala y del gag protagonizado por un Ben Stiller caracterizado como un habitante de Pandora, Avatar se fue del teatro Kodak de Los Angeles con muchos menos premios de los que esperaba.
Pronósticos
Aunque más ligero se fue Quentin Tarantino, cuyo Inglorious Basterds consiguió sólo una de las ocho estatuillas, la de mejor actor secundario para el austriaco Christoph Waltz, cuyo papel de cazador de judíos en Inglorious Basterds le ha proporcionado no sólo el Oscar, sino el BAFTA británico, el Globo de Oro, el Premio del Sindicato de Actores, el Satellite Awards o el Independent Spirit.
También cantado, el Oscar para Mo’Nique como mejor secundaria, por su papel dramático en Precious, en una categoría en la que otra de las candidatas era Penélope Cruz, que se quedó a las puertas de su segundo premio de la Academia de Hollywood.
En las actuaciones principales se cumplieron igualmente todos los pronósticos.
Jeff Bridges ganó el Oscar al mejor actor por su cantante de country en horas bajas de Crazy Heart y levantó al auditorio, que rindió homenaje a uno de los actores más prestigiosos, con una larga carrera a sus espaldas, cuatro nominaciones —cinco con esta— y pocos reconocimientos públicos.
Y Sandra Bullock fue la más agradecida de la noche por su premio como mejor actriz por The blind side, un galardón que recogió emocionada un día después de acudir con humor a recibir el Razzie a la peor actriz por All about Steve.
Espectáculo que no existió
En los premios pocas sorpresas, pero en la ceremonia aún menos.
Si la organización había anunciado “lluvia de humor”, la realidad se quedó tan solo en humo.
Los conductores de la gala, Steve Martin y Alec Baldwin, tuvieron un escaso protagonismo y excepto un par de bromas relacionadas con su participación en la película It’s complicated, no se salieron de un guión muy encorsetado.
Lo mejor de la noche, la parodia que hizo Ben Stiller de los na’vi, los habitantes de la Pandora imaginada por James Cameron en Avatar.
Y la aparición de Pedro Almodóvar y Quentin Tarantino para dar el Oscar a la mejor película de habla no inglesa.
“Es genial conocerte, siempre he sido un admirador de tus películas”, dijo Tarantino, a lo que el manchego contestó: “A mí también las tuyas, aunque no entienda ni una palabra de ellas”.
Aparte de esos momentos, homenajes —al cineasta John Hughes, recientemente fallecido o al cine de terror—, menos música que en otras ediciones, discursos tan aburridos como de costumbre y poco respeto a las recomendaciones de la Academia de reducir los agradecimientos.
La sorpresa
Y si en los premios de actuación todo se desarrolló como se preveía, no fue así en la categoría de Mejor Película de habla no inglesa. Como viene ocurriendo desde hace algunos años, la gran favorita de la noche se quedó compuesta y sin premio.
La alemana La cinta blanca, del austriaco (nacido en Alemania) Michael Haneke, se vio superada en el sprint final por la argentina El secreto de sus ojos.
Juan José Campanella, que ya había competido por el Oscar a la mejor película extranjera con El hijo de la novia (2001), se llevó el segundo premio de la Academia para Argentina, que lo había conseguido con La historia oficial, en 1986.
La historia de amor entre Ricardo Darín y Soledad Villamil —ambos ausentes en la ceremonia— rodeada de una trama de investigación judicial ha dado la sorpresa de la noche y ha conseguido el Oscar frente a cuatro grandes competidoras.
Además de La cinta blanca, optaban a este Oscar la peruana La teta asustada, de Claudia Llosa; la francesa An prophete, de Jacques Audiard, y la israelí Ajami, de Scandar Copti y Yaron Shani.
Un Oscar que puso sabor latino a una edición en la que, además de Penélope Cruz, se quedó sin premio el español Javier Recio que, con su corto de animación La dama y la muerte también optaba a premio.
Por Alicia García de Francisco y Carmen Rodríguez - Efe/Reportajes@abc.com.py
Y entre los seis conseguidos —de nueve candidaturas—, el de Mejor Dirección para Kathryn Bigelow marca un punto de inflexión en una industria como la cinematográfica, que hasta ahora había dado la espalda a las mujeres realizadoras.
Mejor película, dirección, edición, guión original, edición de sonido y mezcla de sonido son los premios conseguidos por The Hurt Locker, una película a la que le costó abrirse camino en un año en el que las nuevas tecnologías lideradas por Avatar y su 3D estaban llamadas a dominar el cine.
Pero la honestidad de la historia, su falta de grandiosos efectos especiales y la tensión con la que Bigelow desarrolla la acción han sido más que suficientes para derrotar a las cifras mareantes en las que se mueve Avatar, con un presupuesto de más de 300 millones de dólares y una recaudación récord que ya supera los 2.500 millones de dólares.
Apenas 15 millones de dólares gastó Bigelow en producir el filme, que ha conseguido tan sólo 21 millones de recaudación, una cifra que seguro subirá tras el éxito de los Oscar.
Premios técnicos
James Cameron no ha podido repetir en esta 82 edición de los Oscar lo que gritó hace 12 años tras ganar once estatuillas por Titanic: “Soy el rey del mundo”.
De los nueve Oscar a los que optaba, consiguió tres: los de mejor dirección artística, fotografía y efectos visuales, un resultado pobre para una megaproducción al más puro estilo hollywoodiense que se tropezó con una pequeña piedra.
Ya en los días previos a la gala, las apuestas comenzaron a dar un giro en redondo y de una victoria fácil para Avatar se pasó a dar por segura ganadora a The Hurt Locker.
Algo a lo que probablemente ayudó Cameron, aunque fuera inconscientemente, cuando recogió su Globo de Oro a la mejor dirección y señaló que esperaba que el galardón fuera para Bigelow.
Y a pesar del omnipresente azul na’vi en los trajes de algunas de las actrices presentes en la gala y del gag protagonizado por un Ben Stiller caracterizado como un habitante de Pandora, Avatar se fue del teatro Kodak de Los Angeles con muchos menos premios de los que esperaba.
Pronósticos
Aunque más ligero se fue Quentin Tarantino, cuyo Inglorious Basterds consiguió sólo una de las ocho estatuillas, la de mejor actor secundario para el austriaco Christoph Waltz, cuyo papel de cazador de judíos en Inglorious Basterds le ha proporcionado no sólo el Oscar, sino el BAFTA británico, el Globo de Oro, el Premio del Sindicato de Actores, el Satellite Awards o el Independent Spirit.
También cantado, el Oscar para Mo’Nique como mejor secundaria, por su papel dramático en Precious, en una categoría en la que otra de las candidatas era Penélope Cruz, que se quedó a las puertas de su segundo premio de la Academia de Hollywood.
En las actuaciones principales se cumplieron igualmente todos los pronósticos.
Jeff Bridges ganó el Oscar al mejor actor por su cantante de country en horas bajas de Crazy Heart y levantó al auditorio, que rindió homenaje a uno de los actores más prestigiosos, con una larga carrera a sus espaldas, cuatro nominaciones —cinco con esta— y pocos reconocimientos públicos.
Y Sandra Bullock fue la más agradecida de la noche por su premio como mejor actriz por The blind side, un galardón que recogió emocionada un día después de acudir con humor a recibir el Razzie a la peor actriz por All about Steve.
Espectáculo que no existió
En los premios pocas sorpresas, pero en la ceremonia aún menos.
Si la organización había anunciado “lluvia de humor”, la realidad se quedó tan solo en humo.
Los conductores de la gala, Steve Martin y Alec Baldwin, tuvieron un escaso protagonismo y excepto un par de bromas relacionadas con su participación en la película It’s complicated, no se salieron de un guión muy encorsetado.
Lo mejor de la noche, la parodia que hizo Ben Stiller de los na’vi, los habitantes de la Pandora imaginada por James Cameron en Avatar.
Y la aparición de Pedro Almodóvar y Quentin Tarantino para dar el Oscar a la mejor película de habla no inglesa.
“Es genial conocerte, siempre he sido un admirador de tus películas”, dijo Tarantino, a lo que el manchego contestó: “A mí también las tuyas, aunque no entienda ni una palabra de ellas”.
Aparte de esos momentos, homenajes —al cineasta John Hughes, recientemente fallecido o al cine de terror—, menos música que en otras ediciones, discursos tan aburridos como de costumbre y poco respeto a las recomendaciones de la Academia de reducir los agradecimientos.
La sorpresa
Y si en los premios de actuación todo se desarrolló como se preveía, no fue así en la categoría de Mejor Película de habla no inglesa. Como viene ocurriendo desde hace algunos años, la gran favorita de la noche se quedó compuesta y sin premio.
La alemana La cinta blanca, del austriaco (nacido en Alemania) Michael Haneke, se vio superada en el sprint final por la argentina El secreto de sus ojos.
Juan José Campanella, que ya había competido por el Oscar a la mejor película extranjera con El hijo de la novia (2001), se llevó el segundo premio de la Academia para Argentina, que lo había conseguido con La historia oficial, en 1986.
La historia de amor entre Ricardo Darín y Soledad Villamil —ambos ausentes en la ceremonia— rodeada de una trama de investigación judicial ha dado la sorpresa de la noche y ha conseguido el Oscar frente a cuatro grandes competidoras.
Además de La cinta blanca, optaban a este Oscar la peruana La teta asustada, de Claudia Llosa; la francesa An prophete, de Jacques Audiard, y la israelí Ajami, de Scandar Copti y Yaron Shani.
Un Oscar que puso sabor latino a una edición en la que, además de Penélope Cruz, se quedó sin premio el español Javier Recio que, con su corto de animación La dama y la muerte también optaba a premio.
Por Alicia García de Francisco y Carmen Rodríguez - Efe/Reportajes@abc.com.py
12 de Marzo de 2010 09:28
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