17 de Julio de 2017 11:00

 

Adiós a los prejuicios; los nacionalizados también son paraguayos

Vestir la Albirroja es un orgullo para cualquier amante del fútbol, sin importar la nacionalidad. Ser naturalizado o no constituye una cuestión extradeportiva, pues, a pesar de las críticas populares, aportar con un buen juego es lo importante.

En los últimos días, el argentino nacionalizado paraguayo, Lucas Barrios, se hizo sentir nuevamente en las redes con su actual equipo, el Gremio de Porto Alegre, Brasil. Este goleador ha vuelto a estar en boca de todos y mucha gente pide su vuelta a la Albirroja, pero hay personas que desean lo contrario y se fundamentan en una afirmación que supera el ámbito futbolístico: no debe jugar por la Selección porque no nació en nuestro país.

Nuestra querida Albirroja desde antiguas épocas se ha caracterizado por ser una de las selecciones que más naturalizados ha poseído en su plantel a lo largo de los años. Jugadores de distintos orígenes son reconocidos por la afición popular y han vestido la camiseta blanca y roja, como por ejemplo, el Toro Acuña. Sin embargo, mucha gente continúa debatiendo acerca de que si un futbolista no nacido en el territorio patrio debe representar al país en las competencias regionales e internacionales.

Las personas que creen que los nacionalizados no deben jugar con la blanca y roja exponen varios fundamentos. Entre los principales argumentos de estos antinaturalizados se encuentran las afirmaciones como las que dice que no nacieron en nuestro país y la tesis que manifiesta que estos futbolistas vieron a la Albirroja como la única opción de jugar un torneo a nivel selecciones, ya que no poseen oportunidad en sus equipos patrios de origen.

Como todo en la vida, existen opiniones tanto a favor como en contra y el dilema de que si deben o no jugar los nacionalizados no se queda atrás. Los pronaturalizados y los que simplemente no le dan importancia a esta controversia, creen que, si un futbolista viene a sumar y aportar para la Albirroja, es bienvenido con los brazos abiertos, pues lo importante constituye ver a nuestra Selección compitiendo en los grandes torneos.

Limitarse a pensar que el nacionalismo se basa en el territorio en el cual uno nace constituye una tesis muy básica. Por ende, debemos intentar la eliminación de ciertos prejuicios de nuestra mente, pues los tiempos son contingentes y, si una persona decide modificar jurídicamente su identidad de origen para defender los colores de otro país, significa que se responsabiliza en colaborar con el objetivo de su nueva selección, la cual, desde ese momento, se convierte en su nuevo compromiso.

Por Joaquín Tandé (18 años)

 
 

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