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12 de Marzo de 2019 02:19

 

El más antiguo de los caminos de Santiago

Por DPA

Dicen que ocurrió cerca del año 820 después de Cristo. En una colina cerca de Solivio, en el extremo noroeste de la península ibérica, el ermitaño Pelayo una noche observó unas luminarias inusuales.

Emocionado, le relató el hecho al obispo Teodomiro. Juntos, cuenta la leyenda, se acercaron a la colina y hallaron en el bosque de Libredón una tumba sencilla con los restos del apostol Santiago.

El obispo Teodomiro de inmediato informó del descubrimiento al rey Alfonso II. El rey de Asturias, profundamente creyente, partió de Oviedo para visitar la tumba del apostol.

En el sitio de la tumba ordenó construir una iglesia simple, sobre cuyos cimientos más tarde se levantó la actual catedral de Santiago de Compostela. Así, el rey Alfonso se convirtió en el primer peregrino del Camino de Santiago.

El camino que él y sus caballeros tomaron a través de las montañas de Asturias es el más antiguo de todos los caminos de Santiago, el denominado Camino Primitivo.

Sin embargo, este camino por las montañas solitarias fue perdiendo cada vez más importancia. El llamado Camino Francés se convirtió en la ruta preferida, por la que el año pasado pasaron más de la mitad de los 327.378 peregrinos que llegaron a Santiago de Compostela. En cambio, el Camino Primitivo sólo fue elegido por unos 15.000.

“Justamente eso fue lo que me atrajo de ese camino. No quería participar en una peregrinación masiva y estar en albergues llenos de gente”, dice Eva Poenicke, que eligió esta ruta.

El hecho de que el Camino Primitivo sea el menos concurrido tiene su razón de ser: es quizás el más exigente.

A través de caminos de grava y senderos por el bosque, los peregrinos suben y bajan por las montañas. Praderas en flor se alternan con oscuros bosques de castañas y robles. Los peregrinos pasan por pequeños poblados con capillas e iglesias románicas.

Ya está entrada la noche cuando Eva Poenicke llega al pueblo medieval de Salas. Los únicos turistas del lugar son peregrinos, que deben volver a partir temprano al día siguiente. Se sientan todos a la misma mesa, aunque no se conozcan, y en pocos minutos Eva y la peregrina francesa Elodi Icart entablan conversación en torno a una tentadora fabada. Deciden peregrinar juntas un par de días.

En esta etapa, el camino empieza a desplegar toda su belleza, pese a que en algunos tramos la autovía altera un poco la naturaleza del lugar.

Se atraviesan densos bosques y prados. Hasta la siguiente escala, Tineo, son sólo 21 kilómetros, pero los primeros siete tienen de todo. Se escala como en serpentina hasta Bodenaya, lo que permite disfrutar aun más la pausa en su albergue para peregrinos, en una antigua casa de piedra con chimenea, salón de descanso y platos vegetarianos.

Al día siguiente llega la etapa quizás más linda, pero también la más dura: son 40 kilómetros de Tineo a Berducedo y habrá que superar una altura de casi mil metros sobre el nivel del mar.

Por estrechos caminos rurales, el Camino Primitivo atraviesa densos bosques de robles. En Borres, ambas eligen la variante de la denominada ruta primitiva de Hospitales. El camino trepa de forma empinada hasta la cima, a través de la cual se llega al Puerto del Palo, a 1.146 metros de altura.

Las montañas de Asturias dejan paso a un paisaje de verdes colinas en Galicia.

Después de días en paisajes inhóspitos y pequeñas aldeas de montaña, la pequeña ciudad de Lugo luce gigantesca para los peregrinos. Lugo, de origen romano, es una de las ciudades más bonitas de España.

Las murallas de la ciudad, que aún se mantienen en pie, fueron levantadas en el siglo II. Encierran toda la ciudad antigua donde se encuentran iglesias, capillas, palacios y lugares de ensueño.

A partir de allí, el Camino Primitivo va cada vez más por calles asfaltadas y se tiene la sensación de que la soledad y el espectáculo de la naturaleza ya han terminado.

En Melide, legendario por su pulpo a la gallega, el Camino Primitivo se une al Camino Francés. La diferencia es enorme. Un alberge para peregrinos tras otro, restaurantes, centros de masajes para las doloridas piernas de los caminantes. El peregrinaje en masa, del que Eva Poenicke quería escapar, comienza.

Por supuesto, las colinas verdes de Galicia son un sueño. Pero al cabo de pocas horas ya se comienza a añorar la soledad de las montañas asturianas.

 
 

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