Mucha expectativa, pero en realidad los municipios no saben qué hacer

El asfaltado de la ruta Concepción-Vallemí genera   expectativa en los municipios y las comunidades que serán incluidos en el trazado vial. Luego de casi 100 años de aislamiento, la ruta se les viene encima. No se tiene claro qué hacer, lo que abre el riesgo de perder oportunidades.

 

Celso Ovelar, intendente de San Lázaro, es el único político del Partido Movimiento Al Socialismo (PMAS) que logró alcanzar la titularidad de un municipio, en las pasadas elecciones.

El intendente Ovelar fue cura párroco de la ciudad y su formación intelectual le permite analizar con  notable precisión el momento histórico que vive su comunidad: en pocos meses más, se logrará romper un aislamiento que por espacio de casi 100 años aprisionó a la población.

Celso Ovelar tiene claros los desafíos que se abren para una comunidad que vive aún en el aislamiento. "Es una oportunidad para un mayor desarrollo económico, pero también es extrema nuestra fragilidad; hay que prepararse para llevar una nueva forma de vida", expresó.

Agregó que "la presencia brasileña es una situación con la cual debemos lidiar, para no perder nuestra identidad. La cuestión es cómo enfrentar el poderío económico de nuestros vecinos, porque no debemos olvidar que Brasil se encuentra apenas a seis kilómetros de nuestra ciudad".

En este sentido, resaltó que "la fragilidad económica significa que será mucho más difícil preservar nuestros recursos naturales. Si ahora la depredación es una realidad dolorosa, ¿cómo será con el ingreso de grandes capitales, en medio de comunidades que hoy apenas si logran sobrevivir?".

Inversiones en San Lázaro

El intendente de San Lázaro expresó que las inversiones que puedan llegar se convierten en una oportunidad de desarrollo económico, pero no dejó de lado su temor por el aspecto social.

Mencionó que uno de los reflejos de los graves problemas que existen es el trabajo en las caleras, en condiciones de extremo abandono laboral, por parte del Estado.

Recordó la influencia de la Industria Nacional del Cemento (INC), cuyas autoridades y sindicatos imponen el ritmo en la vida política del distrito.

"La ruta es una oportunidad para romper la dependencia que tiene  San Lázaro –siguió diciendo– de la planta cementera. En este momento, sin alternativas viales, asfixia a la comunidad".

Reconoció que apenas disponen de unos 30 meses para prepararse, dado que este es el lapso en el cual debe concluir el pavimento de 170 kilómetros, distancia que separa a las comunidades de Vallemí y Concepción.

El desafío es qué hacer

¿Qué hacer para que la ruta sea un elemento de progreso económico y social? Esta pregunta quedó flotando en el aire, en medio de un silencio incómodo por parte del intendente.

El mismo interrogante planteamos a otros intendentes, con idéntico resultado.

Casi 100 años de aislamiento, una comunidad convertida en zona de tráfico de cocaína y un grupo terrorista que utiliza la zona para movilizarse con dirección al Alto Paraguay, convierten el asfaltado de la ruta en un tema delicado.

Sumando el trabajo esclavo que impera en las caleras y la fuerte presión para destruir los últimos corredores biológicos de la Región Oriental, podemos caer en cuenta de que los 30 o 40 meses que puedan pasar hasta ver finalizada la ruta es un tiempo corto para manejar situaciones conflictivas en extremo.

De momento, cada municipio hace lo que puede, esperando generar por lo menos recursos económicos, pero hay factores sociales, culturales y ambientales con el mismo nivel de importancia.

 

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