Quiero ser “cuidacoches”

Harto de los chantajes y las extorsiones de estos delincuentes, y como veo que ninguna autoridad competente se ocupa de ellos, estoy analizando seriamente la posibilidad de volverme también un “cuidacoches”. Mis razones son varias, aunque admito que tal vez inconsistentes.

Ocurre que días atrás, luego de un concierto en el estadio de los Defensores del Chaco, me asusté al hacer un cálculo vago acerca de cuánto ya gasté en lo que va de este año en estacionamiento en los eventos que asistí. Y conste que no son muchos, justamente porque mi capacidad económica no me permite disfrutar de todos los espectáculos que quisiera ver.

La verdad que causa impotencia e indignación ser víctimas de los “cuidacoches”. Es increíble cómo  estas personas “ofertan” un espacio público. No logro entender cómo es que tenemos que pagar por dejar nuestros vehículos en las calles.

Analizando rápidamente la actividad lucrativa de los “cuidacoches”, me di cuenta de que tal vez algunos de ellos ganan más dinero que cualquier sacrificado asalariado, que además tiene que estar al día con sus impuestos y regirse por la legalidad.

Imagínense: un “cuidacoches” que cobra G. 5 mil por día, solo e lunes a viernes en el centro de Asunción, gana un promedio de G. 250 mil semanales, si tiene a su cargo un mínimo de 10 coches.

Los sábados y domingos, ese mismo “cuidacoches” tiene un verdadero “menú” para elegir en qué evento puede “trabajar”, ya sea un partido de fútbol o un concierto, por ejemplo.

Pero en estos últimos casos, las tarifas van desde G. 10 mil hasta G. 50 mil, con lo que pueden llegar a obtener hasta G. 1 millón en un fin de semana. Y conste que cobran a los automovilistas por adelantado y se retiran antes, dejando los vehículos a merced de “tortoleros” o robacoches.

Exagerando un poco, un “cuidacoches” puede llegar a ganar hasta G. 1.500.000 por fin de semana, poco menos del salario mínimo actual, pero operando con absoluta ilegalidad y basando su “servicio” en extorsiones y amenazas a los dueños de vehículos que se resisten a colaborar con su sistema perverso de lucro.

No me quejo de mi sueldo de periodista y además adoro mi profesión, pero debo admitir que me seduce la forma cómoda en que estos “cuidacoches” ganan un dinero para nada despreciable y sin que tener que adecuarse a la legalidad, como el resto de la sociedad.

Lo más triste es que nadie hace nada. La Policía Nacional, como máximo, puede demorarlos. La Policía Municipal de Tránsito dice que sus agentes no actúan muchas veces por temor a ser atacados. Y entonces, como nadie nos protege de ellos, solo nos resta seguir callándonos y someterse al chantaje de los “cuidacoches”.

Pero estoy seguro de que más temprano que tarde, algún ciudadano indignado y cansado va a reaccionar y, Dios no quiera, hacer justicia por manos propias. Seguramente, recién ahí las autoridades reaccionen, pero una vez más, muy tarde.