La improbable final reflejo de la volatilidad del tenis femenino

(En noveno párrafo, corrige 2000 en lugar de 200) Antonio Torres del Cerro París, 11 jun (EFE).- Roland Garros entronizará a su reina este sábado. Sus pretendientes, dos jugadoras fuera del top 20, la rusa Anastasia Pavlyuchenkova y la checa Barbora Krejcikova. Un duelo fruto de la volatilidad del tenis femenino en el último lustro, cuando cinco ganadoras diferentes en la arcilla de París.

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En una imprevisible edición, fueron eliminadas las tres principales favoritas por diferentes razones: la número 1, la australiana Ashleigh Barty resultó lesionada; la número 2, la japonesa Naomi Osaka, se fue en conflicto con la organización por sus discrepancias con la relación con la prensa; y la bielorrusa Aryna Sabalenka cayó dentro de las pistas -precisamente ante Pavlyuchenkova-.

Para más inri, la vigente campeona, la polaca Iga Swiatek, también se quedó por el camino. Un clásico del torneo, la estadounidense Serena Williams (39 años), también cedió en las primeras rondas.

Ante tal escabechina entre los nombres más fuertes, Pavlyuchenkova (32 del mundo) y Krejcikova (33) se han entrometido en la gran final. La primera, de 29 años, encarna la tenacidad. En su participación número 52 en Grand Slam ha tocado una semifinal por primera vez. Y su palmarés es virgen. Nunca ha ganado un título de individuales.

"Estuve cerca de unas semis un par de veces, pero no se dio. Fueron altibajos en términos de resultados", reconoció la rusa, marcada por cierta irregularidad en una carrera que ha sido de más a menos, hasta el momento.

Ostenta el récord de victorias ante jugadores del top 10 (37 en total, entre ellas frente a Sabalenka en tercera ronda) entre las tenistas fuera de ese club. Pero ha perdido ante rivales teóricamente más asequibles.

Una de las claves en este Roland Garros, según ella misma ha confesado, es jugar para divertirse, algo que ella misma desdeñaba hace algunos años. Pavlyuchenkova nació el año de la desintegración de la URSS, pero mamó de la exigente herencia deportiva del país, marca del régimen comunista.

Ella procede además de una estirpe de deportistas de elite. Una de sus abuelas jugó al baloncesto a nivel internacional; su abuelo fue árbitro también de baloncesto; su padre remero olímpico; y su madre nadadora.

LA TRANQUILIDAD COMO HERENCIA

Krejcikova, de 25 años, ha dibujado un recorrido opuesto al de su oponente. Esta es la quinta participación de la checa en un grande y ya se ha plantado en una final. Desde el 2000, solo la canadiense Bianca Andreescu, en 2019, logró alcanzar una decisión en tan pocas participaciones.

Protagonizó una titánica semifinal ante la griega María Sakkari (n.18) que se prolongó tres horas y 18 minutos, un esfuerzo físico que podría pesarle. Krejcikova juega también el domingo la final de dobles junto a su compatriota Katerina Siniakova. La última mujer en batirse en la final individual y de dobles fue la también checa Lucie Safarova.

Para la nativa de Brno, que se estrenó este año con un título de individuales en Estrasburgo, la calma con la que afronta los partidos en esencial.

"No tengo palabras por cómo estoy jugando todos estos partidos. Estoy tranquila (...) Tengo suerte, lo he heredado de mi padre. Está en mis genes. Gracias a Dios él es un tipo tranquilo", adujo la tenista.

Gane quien gane habrá en el palmarés de Roland Garros un nuevo nombre. Desde 2016, ha vencido una jugadora diferente de nacionalidad distinta, en contraste con el cuadro masculino dominado por el español Rafa Nadal.

En 2016, la española Garbiñe Muguruza, en 2017 la lituana Jelena Ostapenko; en 2018, la rumana Simona Halep; en 2019 Barty; y en 2020 Swiatek.