El libro es una edición de la editorial El Lector y el diario ABC que todos los domingos entrega una obra sobre nuestra historia.
–¿Qué pasó inmediatamente después de la victoria de los golpistas el 4 de mayo?
–En la madrugada del 5 de mayo, los golpistas encabezados por el general Alfredo Stroessner amanecieron pensando: “y ahora qué hacemos”. No existe ningún testimonio indubitable de que Stroessner haya golpeado para convertirse en presidente de la República. Él reaccionó contra una afrenta a su autoridad como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y provocó un vacío político.
–¿Cómo surgió la idea de hacerlo presidente?
–De los propios militares, según testimonios creíbles. De una parte de su entorno castrense, que estaba harto de la prepotencia de ciertos sectores del coloradismo y de la desestabilización constante del país. Stroessner convocó al titular del Partido Colorado, Tomás Romero Pereira, para que éste hallara una solución política a la acefalía del Ejecutivo. El Paraguay estaba sin presidente de la República.
–¿Qué pasó entonces?
–Los colorados no se pusieron de acuerdo en nombrar a alguien específicamente para el cargo de jefe del Ejecutivo. Cuando se comenzó a hablar de la posibilidad de que Stroessner fuera presidente, la oposición en el coloradismo fue bastante fuerte.
–Y entonces entró a actuar Epifanio Méndez Fleitas.
–Epifanio estaba confinado en San Solano tras haber sido defenestrado de la presidencia del Banco Central. Stroessner lo mandó llamar y encabezó una negociación muy difícil.
–¿Qué rol le cupo a Méndez Fleitas en el ascenso al poder de Stroessner?
–Le hizo entender a la dirigencia colorada que Stroessner podría dejar al partido sin el poder. También calmó la impaciencia militar para nombrar inmediatamente presidente al general Stroessner. Convenció a este de que no le convenía una asunción de facto.
–¿Y cómo se llegó a un acuerdo?
–Romero Pereira entendió la gravedad de la situación para la ANR. Para él Stroessner era la solución para el país y el partido. Él y Méndez Fleitas convencieron a los dirigentes tradicionales con una sentencia que pasó a la historia: “Seguid a Stroessner”.
–Stroessner consiguió el apoyo político.
–Stroessner era astuto y entendió que no podría gobernar sin el sustento del partido, que era fuerte en sus bases pese a que tenía una acentuada debilidad institucional. Acordaron que Romero Pereira sería presidente provisional en espera de unas “elecciones” en las que el coloradismo candidataría a Stroessner, quien asumió el 15 de agosto del 54.
–¿El Partido Colorado cayó en poder de Stroessner?
–El partido debía curar sus dolorosas heridas internas. Estaba enfermo de caudillaje y falto de un líder conductor con ascendencia como para ser respetado por todos los sectores. La ANR vio en Stroessner la posibilidad de una tregua intestina.
El libro forma parte de la colección “Guerras y violencia política en el Paraguay”, que todos los domingos entrega obras sobre acontecimientos que marcaron la historia del país.
