Con pensamiento mágico se carece de diálogo sano

Para el filósofo y catedrático de la UNA José Manuel Silvero el estudio sobre creencias, realizado por la Fundación Paraguay Piensa (FPyP), además de interesante, ayuda a fortalecer una ciudadanía crítica. Para el investigador, nivel I del PRONII, un país donde abunda el pensamiento mágico carece de diálogo y debate sano.

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La investigación de PyP, presentada hace poco, asegura que los más escépticos sobre creencias sobrenaturales y paranormales son los ateos y universitarios, a la vez de indicar que los más supersticiosos son los cristianos evangélicos.

“Un país donde abunda el pensamiento mágico carece de diálogo, debate y sana discusión. Al ser así, nuestros actos ciudadanos se verán arropados de criterios totalmente endebles y estúpidos. Para mucha gente, recurrir a la cadena de oración o al talento de un brujo para salvar vidas no sería tan beneficiosa como recurrir a una gran marcha ciudadana y exigir más recursos para los hospitales o asegurar un mínimo de seguridad ciudadana”, indicó Silvero.

Con respecto a la “hegemónica superstición” de los evangélicos, para el investigador sería bueno matizar, ya que coexisten varios grupos con denominaciones distintas y es muy probable que administren ciertas diferencias en cuanto a criterios de verdad con relación a ciertos acontecimientos y hechos.

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“Ahora bien, lo que no podemos negar es que el fanatismo, la virulencia escatológica y el machismo sean pilares discursivos de algunos pastores genuinos ‘gestores del miedo’”, señaló. En relación con los ateos y universitarios, el catedrático sostuvo que es de esperar que ellos demuestren capacidad crítica para recoger y analizar cualquier información que tenga relación con lo trascendente, misterioso o azaroso.

“La duda razonable es una herramienta que sobra allí donde los dogmas viven”, afirmó. El filósofo manifestó que hay que hacer una distinción entre magia y religión. “Javier Sádaba dice que la magia se aproxima a una técnica y la religión por su parte es una expresión simbólica de grandes necesidades humanas. Concuerdo con el filósofo español cuando dice que ambas tienen funciones pragmáticas. La magia intenta de manera rudimentaria dominar el mundo y la religión busca liberar angustias y tiende en los creyentes un puente imaginario que busca instalarse por encima del abismo mortal”, expresó.

Añadió que deliberar, inferir y especular sin ninguna lógica o presupuesto racional es un primer paso hacia el fanatismo y la violencia. Dijo que el que concluye en contra de la razón necesariamente debe recurrir a la violencia para así asegurar su discurso.

“Conozco a padres de familia que aguardan ganar el gran pozo millonario de los muchos juegos de azar para así ofrecer una cierta dignidad a sus familias. Se recurre a la maravilla, a lo misterioso y al azar para intentar paliar los sufrimientos. Si tuviésemos un estado social de derecho en serio, probablemente, el azar y el misterio estarían menos valorados”, recalcó.

Silvero afirmó que si un país no hace uso de su poder político real para lograr cambios deseados, los talismanes, rezos, oraciones y conjuros, no lo harán.

Mitos pragmáticos

Para el investigador, el mito explica y ordena el mundo en un tiempo en que no había relato alguno que pudiera hacerlo mejor, por lo que no necesariamente debe ser catalogado como algo fantasioso.

“En el caso de nuestros mitos es evidente que fueron creados con una finalidad pragmática. Si analizamos cada uno, vamos a encontrar en primer lugar una distribución de roles en franjas horarias distintas. Jasy Jatere a la siesta, Pombéro a la noche y Kurupí a cualquier hora”, puntualizó.

“A fuerza de prohibiciones y alegatos verosímiles, los mitos se instalaron en las mentes de muchas generaciones de paraguayos. Todavía hoy podemos encontrar el pindo karai en las puertas de los hogares para evitar que el temido Pombéro se acerque al lugar”, señaló.

Silvero dijo que hoy nuestros niños asumen a estos seres de una manera muy diferente por varias razones. En primer lugar, por el hábitat de los mitos: cada vez hay menos bosques y los peligros y monstruos que pueblan la cabeza de nuestros niños ya están en otra parte, quizá en una play station o en programas de televisión, por lo que los miedos van cambiando de forma y de protagonistas. Agregó que es bueno que se asuma a los mitos desde el folclore, y no perder ese legado.

“En la medida que la gente accede a información y lo procesa convirtiéndola en conocimiento, el grado de autonomía y crítica se eleva”, concluyó.

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