Ayer, ante un tímido Rubio Ñu, nuevamente se convirtió en un manojo de voluntades dispersas. Cada uno tratando de resolver por sí mismo las distintas situaciones que se plantearon en el partido. En la propuesta futbolística el equipo no esta bien balanceado. ¿ Por qué? El medio sector carece de capacidad de marca. Solo Oviedo y es lento para cubrir tanto terreno. Rojas va mucho y hay que cubrirle las espaldas. Dos Santos va mucho y también hay tapar el espacio que deja. El cuarto volante Fabbro o Édgar Benítez, también son de corte ofensivo. Entonces, cuando pierde la pelota, el rival le llega fácil en el fondo. Como los cuatro de atrás tampoco son muy solventes, Diego Barreto es con harta frecuencia la tabla salvadora en medio del mar.
Ayer Fabbro frotó tres veces su prodigiosa lámpara para darle un triunfo absolutamente imprescindible. Es cierto. Pero no se puede ni debe esconder la basura bajo la alfombra. Con el nivel de fútbol que plasma en la cancha no amerita ganar el campeonato. No sería justo para aquellos equipos de mayor caudal de juego en el torneo.
Rubio Ñu repitió la historia que le ocurrió ante Olimpia la fecha pasada. Cedió en la agonía del partido cuando el empate tenía sabor a hazaña dada la inferioridad numérica a lo largo del segundo tiempo. Con poco, complicó mucho a Cerro. Pero no alcanzó. Está gastando todo su ahorro.
