El festejo fue azulgrana

A Cerro Porteño le sirvieron su mejor actitud inicial para lograr el penal, con el que se adelantó en el marcador, y luego su muy buen trabajo defensivo para sostener la diferencia ante un Olimpia dominante pero improductivo.

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El clásico estuvo lleno de emociones, por naturaleza, pero también por la forma en que desde cada lado se alimentó a modo de presión sobre la labor arbitral, que estuvo en el centro de la mira.

Cerro se atrevió primero y comandó el juego, sobre todo con el desequilibrio que nacía de cada intervención de Díaz, un niño con labor de adulto, que forzó el penal a favor del Ciclón cuando, tras poner la pelota entre las piernas de Rolón, se disponía a buscar el ángulo de tiro con otra finta, que Candia no le perdonó y lo mandó al piso.

Fue un claro penal contra quien había arrancado además en posición dudosa el ataque azulgrana, aunque posiblemente en línea con el penúltimo defensor rival.

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Fabbro anotó y fue el punto que comenzó a producir el giro en la tendencia del juego. Olimpia, aun sin claridad, adelantó sus líneas y atoró a un Cerro Porteño que sin duda no se encuentra en la mejor condición física.

Bruno Valdez tocó a Iván Torres y lo derribó. Fue penal igualmente, pero Cáceres no lo vio, avivando la ola de reclamos que de parte de los olimpistas surgieron desde todos los sectores, con la complacencia del juez hacia los futbolistas.

Olimpia protestaba todo y esa actitud, alimentada desde el banco por su entrenador, no le dejaba espacio para pensar en métodos más efectivos para atacar. Las pelotas por alto las sacaron regularmente Valdez y Alonso y las que fueron al arco fueron desviadas por Barreto, para sostener con angustia, en medio de una debacle física, la diferencia mínima, que vale tres puntos y la posibilidad para Cerro de ser puntero el miércoles, cuando se regularice el partido frente a Guaraní.

LAS CLAVES

1. El buen arranque de Cerro Porteño, con la labor explosiva y desequilibrante de Sergio Díaz, quien fue el motor de las mejores acciones ofensivas de su equipo, incluyendo el penal, en el que arranca aparentemente habilitado y es derribado en el área con una zancadilla por Salustiano Candia.

2. La falta de efectividad frente al arco rival fue un argumento muy utilizado por los olimpistas para justificar la derrota de ayer, aunque también ese factor le privó a Cerro de un pasar más tranquilo en el segundo tiempo, pues Ortigoza tuvo un par de chances muy claras de contragolpe.

3. El arbitraje de Enrique Cáceres conoció de puntos altos como la sanción acertada del penal a favor del Ciclón, y la buena observación en caídas premeditadas de Fredy Bareiro en el área, pero también de puntos bajos, pues dejó de sancionar el penal que Valdez le cometió a Torres.

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