Oportunidad para que senadores se reivindiquen con el pueblo

La Cámara de Diputados cometió la vileza de volver inocuo un proyecto de ley que apuntaba a reforzar los controles sobre el financiamiento político y, en especial, el origen y el monto de los aportes recibidos por cada uno de los candidatos, tanto en las elecciones internas como en las municipales y generales. El Senado tendrá mañana una cita con la Historia: la ocasión de rechazar totalmente la infamia que implica desvirtuar una iniciativa para transparentar las campañas electorales y convertirla en una farsa destinada a precautelar la perversa práctica de recibir dinero de donde sea y devolverlo mediante favores otorgados desde los órganos legislativos o ejecutivos. Aunque resulte obvio, es de subrayar que solo buscan la oscuridad aquellos que tienen algo que ocultar, de modo que los senadores que se consideran honestos no deberían incurrir en la necedad de dar esa deplorable impresión. Mañana se sabrá quiénes son los que desean conservar las manos limpias y quiénes desean mantenerlas sucias.

La Cámara de Diputados cometió la vileza de volver inocuo un proyecto de ley que apuntaba a reforzar los controles sobre el financiamiento político y, en especial, el origen y el monto de los aportes recibidos por cada uno de los candidatos, tanto en las elecciones internas como en las municipales y generales. El Senado tendrá mañana una cita con la Historia: la ocasión de rechazar totalmente la infamia que implica desvirtuar una iniciativa para transparentar las campañas electorales y convertirla en una farsa destinada a precautelar la perversa práctica de recibir dinero de donde sea y devolverlo mediante favores otorgados desde los órganos legislativos o ejecutivos.

La salud moral e institucional de la República exige que los senadores traten de atenuar, al menos en este relevante caso, el bien ganado desprestigio que afecta a la clase política en general y a los legisladores en particular. El engañabobos de 38 indignos diputados, entre los que se destacan Miguel Cuevas (ANR, imputado), Tomás Rivas (ANR, acusado) y Carlos Portillo (PLRA, acusado), ofende la inteligencia de sus conciudadanos e implica una artera maniobra en pro de los candidatos corruptos y de sus benefactores que actúan en la sombra. Los cargos electivos no deben estar en venta, pero la experiencia indica que en el Paraguay de hoy se trafica con ellos desvergonzadamente. Aquí “el dinero no tiene olor” ni ideología, como acaba de revelarse en el curso del conflicto político-personal entre Camilo Soares y Mario Ferreiro, con tufo extorsivo y derivaciones municipales. Es sabido que uno de sus protagonistas tras bambalinas, Horacio Cartes, ha reconocido dar su apoyo pecuniario a candidatos de diversos partidos, sin buscar precisamente el fortalecimiento del sistema democrático.

No solo el dinero sucio prostituye las pugnas electorales y, por ende, la gestión posterior de sus receptores, sino también el limpio, si su cuantía supera los límites legales y se ignora quién lo entrega. Sin la “trazabilidad”, todo se vuelve sospechoso, con lo que se contribuye a socavar la confianza ciudadana en la democracia representativa. El poder político no debe depender del económico, sino de la voluntad popular expresada en unos comicios libres y competitivos, en los que el financiamiento de las campañas previas esté regulado por detalladas normativas, de cuyo estricto cumplimiento se ocupen de velar ciertos órganos estatales. Cuando eso no ocurre, impera la ley del que tiene más plata, es decir, la plutocracia abierta o encubierta. Por eso, lo resuelto en tan mala hora por la mayoría de los diputados tiene que ver no solo con la ética, sino también con la forma de Gobierno adoptada por la Constitución vigente. Hay que defenderla por doquier contra quienes la desacreditan con su notoria inconducta, bregando en tan grave asunto por la transparencia del financiamiento político.

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Pese al justificado escepticismo, queda la esperanza de que el Senado pondrá las cosas en su lugar y que, por tanto, la lucha por la decencia aún no está perdida. Si ese cuerpo colegiado hizo bien en desprenderse de un par de miembros que lo habían mancillado, también hará bien en desechar una inicua artimaña impulsada por una mayoría de diputados, que solo servirá para degradar aún más los cargos electivos. Es imperioso impedir que se salgan con la suya los 38 confabulados contra el interés general de que el jefe de Estado, los legisladores, los “parlasurianos”, los gobernadores, los intendentes y los concejales, tanto departamentales como municipales, estén fuera de sospechas de haber conquistado sus respectivos puestos gracias al financiamiento ilícito. Para decirlo una vez más, está en juego la credibilidad del sistema democrático. Queda en manos de los senadores fortalecerla, o enviarla al tacho de basuras, como lo hicieron los diputados en mayoría.

Lo que se intenta perpetrar es de tal magnitud que la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP) ha creído necesario hacerse oír interpretando la opinión y el sentimiento de quienes aspiran a un país mejor, liberado de los vicios que sufren sus instituciones por culpa de quienes las ocupan. En su encomiable comunicado se lee que “la transparencia es condición indispensable para la vida de la República”, y que para el sistema democrático resulta esencial “la información completa, veraz y oportuna sobre el financiamiento de la actividad política”. Más aún, agrega que una “democracia sin valores” terminaría “traicionando al pueblo”. El episcopado nacional concluye sus certeras observaciones señalando que “el acceso irrestricto a las informaciones que conciernen al manejo de la cosa pública” es requisito indispensable de una “auténtica participación ciudadana”, apelando al “buen criterio” de los senadores e invitando a los diputados a “recapacitar sobre su decisión”.

Aunque resulte obvio, es de subrayar que solo buscan la oscuridad aquellos que tienen algo que ocultar, de modo que los senadores que se consideran honestos no deberían incurrir en la necedad de dar esa deplorable impresión. Que los otros se muestren como lo que son, plegándose a lo resuelto por una Cámara que hasta ahora no ha tenido el “buen criterio” de expulsar de su seno a ciertos personajes despreciables. Mañana se sabrá en el Senado quiénes desean conservar las manos limpias y quiénes desean mantenerlas sucias y abiertas para recoger la plata de donde sea, con el compromiso “moral” de devolver el favor desde una banca.

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