Lavandería Paraguay, Suciedad Anónima (o No Muy Anónima)

El viernes último y en un mismo día, la ciudadanía tuvo la prueba fulminante de cómo funciona impunemente el lavado de dinero en nuestro país. Todo ocurre con la protección de algunas autoridades de los tres Poderes del Estado y de organismos de seguridad, eternos cafichos de turno que prostituyen al Paraguay y facturan por ello.

Por la mañana temprano, en la ciudad fronteriza de Pedro Juan Caballero se desarrolló el operativo “Status”, en conjunto con la Policía Federal y la fiscalía brasileñas, con el apoyo de la fiscalía paraguaya y la Senad. Se destapó un esquema que habría exportado desde nuestro país unas tres toneladas de cocaína –3.000 kilos–, mientras por cuerdas paralelas ingresaban las ganancias, el sucio dinero que se estaba lavando cómodamente a través de dos casas de cambio, una concesionaria de vehículos de alta gama y hasta una veterinaria. Las fotos de los bienes de los supuestos narcos son ostentosas, suntuosas y magníficas, un despliegue de riquezas.

¿Cómo es que el sistema no detectó que se estaban lavando monumentales cifras de dinero? Expertos antidrogas aseguran que cada kilo de cocaína puede costar entre 5.000 y 50.000 dólares por kilo, dependiendo del país y el continente al cual se exporte. El dinero sucio que reportaba tales descomunales ventas, obviamente, estuvo ingresando al país con total desparpajo ante un sistema preparado para la ceguera.

Si el inicio de la mañana del viernes nos dejó atónitos, al final de la misma mañana nos dejó aún más perplejos el juez Humberto Otazú. El magistrado condenó por lavado de dinero y envió a su casa al administrador de Darío Messer, Ilan Grinspun, y al socio comercial y accionista de la empresa de Messer, Juan Pablo Jiménez Viveros Cartes, familiar del expresidente Horacio Cartes. Previo pago de la módica suma de G. 10.000.000 cada uno, se marcharon a disfrutar del esquema que se calcula que solamente en Paraguay movió unos 100 millones de dólares, según estimaciones de la Secretaría Nacional de Administración de Bienes Incautados y Comisados (Senabico). Ilan Grinspun figura como el testaferro de cientos de las offshores de Messer; es además mencionado en el esquema Lava Jato como el hombre que metía el dinero al Paraguay por vía terrestre y es el mismo que el 9 de mayo del 2018 –junto con Jiménez Viveros Cartes– intentó vaciar una de las cuentas –4.000 millones de guaraníes– en el Banco Nacional de Fomento (BNF). Ambos compinches acaban de resurgir de las catacumbas judiciales prácticamente indemnes.

El lavado de dinero es uno de los delitos modernos más abominables porque es el resultado de un abanico de crímenes que dejan grandes ganancias. Esa actividad criminal trata de volver legítimo el dinero ilícito; tiene que ver con la introducción en el mercado financiero legal del dinero producto de negocios sucios e ilegales que pueden abarcar narcotráfico, contrabando, terrorismo, tráfico de armas, cibercrímenes, explotación de seres humanos, tráfico de órganos y cuanto crimen inimaginable se comete hoy día en el planeta. Es dinero sucio porque su origen proviene de pagos por cometer crímenes de todo tipo contra otros seres humanos y sociedades.

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La última vez que autoridades del Grupo de Acción Financiera (GAFI) vinieron a Paraguay para hablarnos de las posibilidades de ingresar a la lista gris, dijeron claramente que ya no importaban los discursos y las leyes contra el lavado de dinero, sino la acción, el castigo y la recuperación de los bienes malhabidos y financiados con el dinero sucio. La realidad que seguimos padeciendo es otra: reportes oficiosos a los que accedió nuestro diario dan cuenta de que muchísimos informes de inteligencia financiera realizados en nuestro país por la Secretaría de Prevención de Lavado de Dinero o Bienes (Seprelad) –análisis que inclusive trascienden nuestras fronteras– acaban muriendo en escritorios de la Unidad de Lucha contra Delitos Económicos del Ministerio Público paraguayo.

El mensaje que seguimos emitiendo es el de una contemplación divina y cómplice ante el lavado de dinero. Por usar documentos auténticos de contenido falso, el futbolista Ronaldo de Assis Moreira (Ronaldinho) y su hermano acaban de permanecer casi seis meses en el país y fueron condenados a pagar 200.000 dólares, unos 1.380.000.000 de guaraníes. Por lavado de dinero, otro brasileño compatriota del jugador de fútbol acaba de pagar la módica suma de 10.000.000 de nuestra moneda. Los hermanos de Assis pagaron 138 veces más caro, porcentualmente 13.800% más que los coprocesados por el multimillonario caso Messer, lo que deja un gravísimo precedente que raya en la ridiculez sin límites y una moraleja: Sale más barato violar con entusiasmo el sistema financiero legal del Paraguay con dinero sucio que usar una cédula trucha. De haberlo sabido, los defensores de los hermanos brasileños los hubieran declarado culpables de lavar dinero, pagaban 10.000.000 de guaraníes cada uno y se hubieran ido enseguida del país. Así de ridículamente ridículo.

Ante esta terrible realidad, no cabe sino pensar que el lavado de dinero tiene poderosos padrinos en nuestro país, que tienen en sus bolsillos a las autoridades.

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