La peste de la educación

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Una doble peste se ha ensañado con la educación. Por un lado, la pandemia de coronavirus que paralizó a la comunidad educativa desde marzo del año 2020 y dejó a los alumnos con un remedo de clases que no sirvió más que para la promoción automática de un grado a otro. Por el otro, el desdén de los maestros, que, a pesar de todo lo vivido y sufrido por sus estudiantes, decidieron que este era el momento preciso para volver a cercenar su derecho a la educación y cortar el proceso de aprendizaje que mal que mal se estaba reanudando con la vuelta a la presencialidad en las aulas. Apenas esta semana, el MEC informó que el abandono escolar interanual aumentó 0,3% durante la pandemia de covid-19. Pese a todo, los maestros decidieron mirar al costado y volver a abandonar a sus alumnos para reclamar un reajuste salarial. Es decir, los educadores aportaron su granito de arena para que probablemente las cifras de la deserción escolar se mantengan o aumenten.

Una doble peste se ha ensañado con la educación. Por un lado, la pandemia de coronavirus que paralizó a la comunidad educativa desde marzo del año 2020 y dejó a los alumnos con un remedo de clases que no sirvió más que para la promoción automática de un grado a otro. Por el otro, el desdén de los maestros, que, a pesar de todo lo vivido y sufrido por sus estudiantes, decidieron que este era el momento preciso para volver a cercenar su derecho a la educación y cortar el proceso de aprendizaje que mal que mal se estaba reanudando con la vuelta a la presencialidad en las aulas.

Apenas esta semana, el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) informó que el abandono escolar interanual, que es la relación entre la cantidad de estudiantes matriculados durante un año y el siguiente, aumentó 0,3% durante la pandemia de covid-19. Es decir, en el periodo 2020-2021 el índice de deserción escolar es de 5,2%, cuando en el periodo 2019-2020 había sido de 4,9%.

La situación es más grave en determinados departamentos, Boquerón (10,3%) o Amambay (9,7%).

¿Cuáles son las causas de la deserción? Según un estudio anterior, también del MEC, la pobreza es una de las principales. Muchos jóvenes se ven en la necesidad de trabajar y simplemente no encuentran interés o valor en lo que la escuela les ofrece. Entre las alumnas mujeres, otra causa es el embarazo adolescente. El Ministerio reconoce que las prácticas pedagógicas, la forma de convivencia, normatividad y disciplina escolar, la atención a la diversidad de intereses y vocaciones, etc. no dan cuenta de la realidad y la especificidad cultural de los jóvenes, lo cual reduce significativamente la motivación.

Un estudio desarrollado en Chile agrupa los factores de la deserción escolar en dos grandes marcos: aquel que hace énfasis en los factores de carácter extraescolar, que incluye la situación socioeconómica y el contexto familiar; y aquel que pone el énfasis en los intraescolares: problemas relacionados con conducta, bajo rendimiento, autoritarismo docente, adultocentrismo y otros.

A todo este paquete de situaciones se le sumó en los últimos años la pandemia, que causó un estrés extremo en los alumnos, especialmente aquellos sin posibilidad de conexión a internet y acceso a un teléfono inteligente para seguir el intento de clases que se impuso. La crisis económica que el coronavirus ahondó también golpeó con fuerza a las familias y reordenó sus prioridades. Tampoco se puede obviar que miles de niños y jóvenes vivieron la cara más dramática de la enfermedad: se contagiaron, tuvieron familiares en situaciones graves de salud, y en los peores casos quedaron huérfanos y sus vidas definitivamente ya no son las mismas.

Ante todo este dolor y a pesar de que conocen perfectamente esta realidad, los maestros decidieron mirar al costado y volver a abandonar a sus alumnos para reclamar un reajuste salarial del 16%. Es decir, los educadores aportaron su granito de arena para que probablemente las cifras de la deserción escolar se mantengan o aumenten cuando sean revisadas de nuevo el año próximo.

Apenas mencionaremos aquí la cuestión de que quienes permanecen en el sistema educativo no tienen garantizado tampoco un mínimo de calidad, porque el proceso en los dos últimos años ha sido tan precario e incidentado que no es posible esperar mucho de él. Pero no se puede negar que aquellos que siguen en carrera están al menos unos pasos más adelante que los que fueron expulsados por un sistema que no los protege.

Cuando se habla de deserción escolar es imposible no mirar las consecuencias que tendrá en la vida de los protagonistas. En la mayoría de los casos es una condena a la pobreza y a la frustración personal, a la imposibilidad de ascenso social y progreso, al subempleo o al empleo precario. Para la sociedad representa también un problema con consecuencias económicas y sociales.

Y una parte de la responsabilidad en este problema que nos acompañará por generaciones está en los docentes, que decidieron que luego de más de un año y medio sin clases presenciales era oportuno volver a abandonar a sus alumnos.