El Congreso Nacional no está a la altura

Se define el Presupuesto General de la Nación 2023 y una vez más la mayoría de la clase política en el Congreso Nacional demuestra no estar a la altura. Las comisiones de Hacienda y Presupuesto y de Cuentas y Control del Senado aprobaron dictámenes que vuelven a elevar el gasto rígido y el déficit fiscal. La ciudadanía que no vive del Estado, pero aporta para mantenerlo, que es más del 80% de la población, debe prepararse para pagar más y recibir menos. En estas condiciones, en el panorama necesariamente se presenta una suba de impuestos, sea por la vía directa, sea por la vía indirecta o por inflación, y al mismo tiempo un mayor deterioro de las contraprestaciones públicas.

El senador Miguel Fulgencio Rodríguez (FG), que preside una de esas comisiones, dijo en representación de sus colegas que “solo se reasignaron” partidas presupuestarias para contratación de más personal y aumentos salariales, entre otros, para funcionarios del mismo Congreso, y que “no es mucho” el monto, “apenas” unos 75 millones de dólares en comparación con el proyecto aprobado en primera instancia por la Comisión Bicameral de Presupuesto.

La ligereza indigna, pero no sorprende. Para ellos “no es mucho” ni 75 millones de dólares ni cualquier otra cifra, porque no contribuyen un centavo, todo lo contrario, se benefician grandemente con liberalidades que no están en consonancia con la situación del país, altos sueldos por mínimo trabajo, jubilaciones de privilegio, servicio médico, vales de combustibles que alcanzan para dar la vuelta al mundo, inmunidades, entre otras múltiples prerrogativas, todas aprobadas por ellos mismos, sin contar el tráfico de influencias y los dividendos que reciben bajo la mesa.

Nos apuramos en hacer la salvedad de que no todos los parlamentarios son iguales y que el Poder Legislativo tiene una función constitucional muy importante para la República. Pero termina imponiéndose una mayoría a la que evidentemente el país le importa un comino, solo se preocupa por mantener sus concesiones, satisfacer a su clientela, intercambiar favores con grupos de presión, obtener ventajas transando con intereses sectoriales y llenarse sus propios bolsillos a costa de las verdaderas prioridades nacionales y del sacrificio de la mayoría.

La “reasignación” de la que tan suelto de cuerpo habla el senador Rodríguez es precisamente la que está llevando las finanzas públicas a una posición insostenible y la que hace que el Estado paraguayo prácticamente ya solo sirva para pagar sueldos, ya que ocho de cada diez guaraníes de ingresos tributarios se destinan a ese fin. Peor aún, los gastos rígidos no se pueden recortar y se vuelven irreversibles, agregándose al gasto público de manera permanente, por lo que el ajuste ante la previsible falta de recursos se da por el lado de las inversiones, el mantenimiento, el abastecimiento, todo en perjuicio de los servicios a la ciudadanía, y en el retraso en el pago a proveedores de bienes y servicios, con los consiguientes altos sobrecostos que ello implica.

Un resultado de ello es que en el sector público nadie deja de cobrar sus sueldos y bonificaciones, pero en los hospitales no hay remedios ni insumos básicos, las escuelas se vienen abajo, nada se arregla, los ciudadanos obtienen una respuesta sumamente deficiente por parte de los distintos entes y, para decirlo coloquialmente, el Estado le debe a cada santo una vela, es un pésimo pagador, lo cual lo obliga a dar luego onerosas compensaciones, abiertas o encubiertas.

Ello es así sencillamente porque el dinero no alcanza, lo cual es muy irónico considerando que cada año se gastan más de 14.500 millones de dólares extraídos del esfuerzo de los contribuyentes, ya sean los de hoy o los de mañana que tendrán que pagar las abultadas deudas. Sin embargo, permanentemente la gente se topa con que las instituciones públicas no pueden realizar sus funciones como corresponde “por falta de presupuesto”, debido a las “reasignaciones” para gastos fijos excesivos, que no permiten cubrir las verdaderas necesidades de la ciudadanía.

Hace más de diez años que el Estado paraguayo está en constante saldo rojo, hecho que se agudizó gravemente durante la pandemia y se ve reflejado en el incontenible endeudamiento público, en el tipo de cambio, en la suba generalizada de precios como consecuencia de la emisión monetaria por encima del ritmo de crecimiento económico. El Poder Ejecutivo presentó un proyecto de Presupuesto con un déficit del 1,5% del PIB, pero no solamente se terminará aprobando uno con un déficit del 2,3% del PIB, sino uno con una mayor composición de gastos rígidos corrientes. Y eso sin contemplar las ampliaciones presupuestarias que están actualmente en estudio y las que con toda seguridad se tratarán el año que viene.

De acuerdo con simulaciones econométricas, existe un solo y único escenario en el que el próximo gobierno podría evitar una suba de impuestos, y es que se mantenga una estricta disciplina fiscal desde ahora y durante los cinco años del siguiente mandato. De lo contrario los ciudadanos tendrán que pagar más IVA, más Impuesto Selectivo al Consumo, más Impuesto a la Renta, todo lo cual se trasladará a los precios, y, en general, sufrir una mayor desvalorización de su dinero. Pero la mayoría en el Congreso Nacional no está preocupada por la calidad de vida de la población.

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