Apoyar la intervención para sacar la mugre de debajo de la alfombra

La intervención de la Municipalidad de Ciudad del Este, resuelta por amplia mayoría por la Cámara de Diputados, se inició ayer con un par de incidentes protagonizados, como era de esperar, por la intendenta Sandra McLeod. Para empezar, la interventora Carolina Llanes, designada por el Poder Ejecutivo, la encontró instalada en la sede municipal, acompañada de su esposo, el senador cartista Javier Zacarías Irún, con el evidente propósito de intimidar e interferir en sus actuaciones. Es obvio que la ejecución de la medida implica la suspensión en sus funciones de la jefa comunal, por el simple motivo de que no puede haber una conducción bicéfala. Otro incidente planteado también ayer por Sandra McLeod consistió en presentar una nota a la Junta Municipal en la que retira su renuncia “indeclinable” al cargo. Este colegiado, varios de cuyos miembros habían anunciado que le rechazarían la renuncia, no lo ha hecho hasta el momento, pues está jugando su propio partido. Es de desear que tantos intereses en juego entrecruzados no entorpezcan la intervención encabezada por la señora Llanes sino, por el contrario, que se le otorguen todas las garantías para cumplir su función.

La intervención de la Municipalidad de Ciudad del Este, resuelta por amplia mayoría por la Cámara de Diputados, se inició ayer con un par de incidentes protagonizados, como era de esperar, por la intendenta Sandra McLeod. Para empezar, la interventora Carolina Llanes, designada por el Poder Ejecutivo, la encontró instalada en la sede municipal, acompañada de su esposo, el senador cartista Javier Zacarías Irún, con el evidente propósito de intimidar e interferir en sus actuaciones. Es obvio que la ejecución de la medida implica la suspensión en sus funciones de la jefa comunal, por el simple motivo de que no puede haber una conducción bicéfala. Las atribuciones propias del cargo deben ser ejercidas exclusivamente por la interventora, durante un plazo máximo de noventa días, como está previsto en la Constitución.

Hizo muy bien, pues, la misma en admitir en el lugar solo al equipo de abogados de Sandra McLeod, para que observen su desempeño. También hizo lo correcto al advertir que apartaría del cargo a los funcionarios que busquen impedir los trabajos ocultando informaciones o documentos, algo que no debería sorprender si llegara a ocurrir, considerando que muchos de ellos eran utilizados para agredir a manifestantes pacíficos. La intervención debe efectuarse dentro de la ley, sin que nadie la obstaculice. La intendenta quiso a toda costa evitarla, llegando incluso a renunciar ante la Junta Municipal bajo la condición de que ella no sea depuesta por los diputados. Por lo visto, tiene mucho que esconder, de modo que la exjueza Llanes debe seguir tomando todos los recaudos que crea necesarios para transparentar la administración.

El cabal cumplimiento de los objetivos de la intervención es imprescindible para que la ciudadanía sepa cómo se ha venido gestionando la Municipalidad bajo la égida del clan Zacarías Irún. En especial, tendrá que prestar mucha atención al manejo de los fondos, considerando que entre las quince acusaciones formuladas figura una multimillonaria malversación. La cuestión sube de punto cuando se tiene en cuenta que la Contraloría General de la República nunca pudo efectuar una completa auditoría, debido a que en 2003 el entonces intendente Javier Zacarías Irún logró, mediante una acción de inconstitucionalidad, que el examen fuera realizado por el servicial Tribunal de Cuentas, Segunda Sala, carente de los recursos humanos y materiales necesarios para poner bajo la lupa la administración del Presupuesto o el manejo de los bienes de una Municipalidad como la de Ciudad del Este. Y lo hizo porque, presumiblemente, ya en aquel entonces había mucha basura que no debía salir a la luz para que el clan pudiera seguir aprovechándose de los recursos aportados por los contribuyentes esteños como de los nacionales. Es obvio que con el correr de los años las presumibles graves irregularidades, por decir lo menos, se habrán ido acumulando cada vez más.

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De esta manera, la interventora tendrá mucho que escarbar, para lo cual, cabe insistir, deberá ejercer con plenitud sus facultades legales. Los antecedentes de la señora Llanes permiten confiar en que cumplirá correctamente con su deber y que seguirá haciendo lo que corresponda para que ni la intendenta ni los funcionarios estén en condiciones de ocultar nada.

El otro incidente planteado el mismo día de ayer por Sandra McLeod consistió en presentar una nota a la Junta Municipal en la que retira su renuncia “indeclinable” al cargo. Se trata de una de las tantas maniobras a las que, desesperada como está, ha apelado para confundir no solo a la ciudadanía sino también a ciertos organismos. Logró la complicidad inicial del Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE), que de hecho aceptó su dimisión y convocó prematuramente a elecciones, para retractarse luego ante la masiva indignación provocada por su notorio prevaricato. También fracasó el chantaje que quiso ejercer indirectamente sobre la Cámara Baja, ofreciendo su dimisión a cambio de que la administración municipal no sea intervenida. Se recordará que, al disponerse la intervención, retiró su renuncia a través de una página oficial de la Municipalidad, para luego aclarar que ella seguiría firme si la decisión inicial del TSJE, a todas luces ilegal, fuera respetada y se realizaran elecciones. El problema para ella consistió en que la decisión fue revocada por el propio organismo electoral dada su notoria inconstitucionalidad, de modo que ahora volvió a la carga con el desistimiento de su renuncia, que la Junta Municipal giró a una comisión para el dictamen correspondiente. La mayoría de los ediles había anunciado que rechazaría la renuncia, porque apuntaba, precisamente, a impedir la intervención, pero no ha adoptado ninguna medida al respecto. Pasa que el propio colegiado está jugando su propio partido, ya que si resolviera aceptar la renuncia antes del 18 de diciembre, se debe llamar a elección de un nuevo intendente. En cambio, después de esa fecha, la Intendencia sería ejercida, hasta concluir el mandato, por uno de los concejales elegidos por sus pares de común acuerdo, quedando así ellos a cargo de la “gallina de los huevos de oro”.

Es de desear que tantos intereses en juego entrecruzados no entorpezcan la intervención encabezada por la señora Carolina Llanes, sino, por el contrario, que se le otorguen todas las garantías para que cumpla con su función y saque la mugre escondida bajo la alfombra, para bien de los habitantes de Ciudad del Este.

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