¿Vicepresidente del Paraguay o de “Añetete”?

Con una decisión completamente inapropiada e inconstitucional, el presidente de la República, Mario Abdo Benítez, encomendó al vicepresidente, Hugo Velázquez, una función de neto corte político-partidario, ajena por completo a sus atribuciones, de por sí bastante insignificantes, al punto de que la gente ya ha bautizado el cargo como un “florero”, aunque con un buen salario y otros complementos remuneratorios. La Constitución es bien clara en que el presidente y el vicepresidente no pueden ejercer cargos públicos o privados, remunerados o no, ya que les exige dedicarse en exclusividad a sus funciones. Independientemente de la violación constitucional en que incurren el segundo del Poder Ejecutivo y el que le designó, la delegación implica una innecesaria toma de partido por parte del Poder Ejecutivo en una cuestión que debiera ser dirimida exclusivamente por los colorados de Ciudad del Este, y más adelante por sus habitantes de todos los colores. El presidente Abdo Benítez va a repetir así el gran error político de su antecesor, el de politizar su gestión y gobernar solo para su partido o, más bien, para su sector político, con el nefasto resultado conocido.

Con una decisión completamente inapropiada e inconstitucional, el presidente de la República, Mario Abdo Benítez, encomendó al vicepresidente, Hugo Velázquez, una función de neto corte político-partidario, ajena por completo a sus atribuciones, de por sí bastante insignificantes, al punto de que la gente ya ha bautizado el cargo como un “florero”, aunque con un buen salario y otros complementos remuneratorios.

La Constitución es clara y taxativa en cuanto a las actividades vedadas a las dos principales figuras del Poder Ejecutivo. El art. 237 expresa: “El Presidente de la República y el Vicepresidente no pueden ejercer cargos públicos o privados, remunerados o no, mientras duren en sus funciones. Tampoco pueden ejercer el comercio, la industria o actividad profesional alguna, debiendo dedicarse en exclusividad a sus funciones”. Ajeno a todo esto, Velázquez se dispone a presidir nada menos que una “comisión electoral” en la conflictiva Ciudad del Este. Esa función, de cara a unos comicios internos, choca contra la expresa disposición constitucional. 

El vicepresidente escribió en su cuenta de Twitter que “el presidente de la República @MarioAbdo, en su condición de líder del movimiento Colorado Añetete, me ha delegado la responsabilidad de presidir la Comisión Electoral para las elecciones de intendente en Ciudad del Este. Sigamos avanzando hacia el Paraguay de la gente”. La noticia fue publicada incluso en el portal web de la Vicepresidencia de la República, lo que indica que esta clase de gente ni siquiera distingue el límite entre lo público y lo privado o partidario. De hecho, piensan que el Estado pertenece al partido en el Gobierno. 

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Independientemente de la violación constitucional en que incurren el segundo del Poder Ejecutivo y el que le designó, la delegación implica una innecesaria toma de partido por parte del Poder Ejecutivo en una cuestión que debiera ser dirimida exclusivamente por los colorados de Ciudad del Este, y más adelante por sus habitantes de todos los colores. Aquí ya hace demasiado tiempo ha venido haciendo de las suyas un clan familiar voraz, y así como puede colegirse del escrito de Velázquez, lo que se perfila es que solo van a cambiar de amo. “Sigamos avanzando hacia el Paraguay de la gente”, expresa el mismo, recordándose que “Marito de la gente”, “Paraguay de la gente” son eslóganes del movimiento “Añetete”, que, por lo que se ve, es el que el vicepresidente desea imponer. 

Es de suponer que Velázquez no utilizará su vehículo ni su combustible para trasladarse a Ciudad del Este, sino los que se le asignan por el cargo, y que irá acompañado de sus guardias y funcionarios pagados con dinero público. Será, en consecuencia, una utilización partidaria de los recursos del Estado. El Partido Colorado continúa así con su viejo vicio de solventar sus asuntos internos con recursos del Estado. Tal vez por eso a las máximas autoridades les gusta fungir como el presidente o el vicepresidente “de todos los paraguayos”, lo que en puridad es una certeza, pero no por los servicios que les prestan a todos los habitantes sino por hacerse solventar sus espurias actividades con los recursos que aportan todos con sus impuestos, incluso los no colorados.

Puede presumirse que el presidente Abdo Benítez designó al vicepresidente como delegado electoral en el este debido a su conocimiento del lugar donde ofició de fiscal y se granjeó muchas amistades, algunas de ellas poco recomendables. En esa época se hizo de una respetable fortuna. De su paso por la fiscalía esteña se conocen también algunas denuncias en su contra, como por ejemplo que habría autorizado oralmente el retiro de mercaderías incautadas para su comercialización, y que habría sido sobornado por tabacaleros, entre otras. 

Al parecer, el presidente Abdo Benítez va a repetir un gran error político de su antecesor, el de politizar su gestión y gobernar solo para su partido o, más bien, para su sector político. En efecto, Horacio Cartes olvidó su alta investidura y desde el primer momento se erigió en vulgar operador político dentro del coloradismo, lo que le granjeó más adversarios que partidarios. Y es sobradamente conocido el nefasto resultado que tuvo para él esta aventura político-gubernamental. 

Es de esperar que el presidente Abdo Benítez sepa medir el alcance de esta ilícita e indebida decisión asumida con relación al comisionamiento del vicepresidente para realizar una tarea ajena a sus funciones y que, en lo sucesivo, tenga más cuidado y evite errores similares. Por de pronto, algunos constitucionalistas ya insinúan que el vicepresidente Velázquez se arriesga a un juicio político si utiliza indebidamente su cargo. Aún si no le estuviera prohibido realizar actividades políticas, su participación en una puja electoral interna se podría cuestionar al menos desde el punto de vista ético, ya que cualquier intervención del presidente o del vicepresidente de la República puede servir para inclinar la balanza del resultado a favor del “caballo del comisario”. 

Acaban de cumplirse seis meses de la instalación del actual Gobierno, sin que hasta ahora se note un esfuerzo serio para solucionar los graves problemas en materia de salud, educación y seguridad, que figuran entre las preocupaciones principales de nuestra sociedad. Mal harían entonces nuestras autoridades si actuaran de nuevo como comisarios partidarios, actitud típica de quienes pretenden eternizarse en el poder.

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