Comandante admite que el robo de armas sería mayor de lo que creía

Justo en el Día del Agente, el comandante de la Policía se vio obligado a reconocer ayer que el escandaloso robo de 42 fusiles de guerra detectado en un cuartel especializado es mucho más grande de lo que se pensaba, ya que la cantidad de armas sustraídas y cambiadas por réplicas en realidad sería aún mayor.

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El comisario general director Bartolomé Báez López, quien asumió el cargo de comandante durante la última semana del Gobierno de Horacio Cartes, se refirió ayer al alevoso robo de los fusiles que fue detectado hace una semana en el departamento de Armas y Municiones.

Esta unidad funciona en el kilómetro 21 de la Ruta 1, en Capiatá, y desde enero de este año estaba a cargo del comisario principal José Benjamín Segovia Cáceres, ahora destituido, sumariado y que probablemente será imputado por la fiscalía.

Luego del acto por el Día del Agente, que se hizo en la Academia Nacional de Policía de Luque y que contó con la presencia del presidente de la República Mario Abdo Benítez, el comandante interino fue abordado por la prensa y reveló que “ahora se está haciendo una revisión, arma por arma”. Fue al referirse a la investigación interna ordenada después de que saltara el escandaloso robo.

“Es muy probable, y tengo ya la información no exacta, de que están faltando más armas, que fueron cambiadas más armas”, admitió el jefe de la Policía.

La desaparición de los 42 fusiles fue pillada luego de que las Fuerzas Armadas pidiera a la Policía Nacional conocer el paradero de las armas, que originalmente pertenecían a los militares, pero que desde hace años estaban en carácter de préstamo en poder de los policías.

No tienen trazabilidad

La sustracción, aparentemente, fue sistemática, es decir, se venía dando desde hace varios meses. Los fusiles de guerra, en su mayoría FAL calibre 7.62, iban siendo sacados de la habitación donde estaban depositados y, en lugar de ellos, los propios policías corruptos dejaban en el mismo estante réplicas de aire comprimido compradas de casas comerciales y locales de caza y pesca.

Según las averiguaciones hechas ayer en varias armerías de Asunción, este tipo de fusiles de aire comprimido, como no son de fuego, sino consideradas de juguete o para deporte, se venden generalmente sin mayores requisitos y no tienen trazabilidad, es decir, sería difícil rastrear el origen o el lugar donde se compraron.

Sin embargo, en una armería respondieron que algunos de los fusiles de aire comprimido sí se importan con números de serie y se venden al público con factura, por lo que entonces se podría saber quién los compró, siempre y cuando algunos de estos figuren entre los que fueron colocados en vez de las armas de guerra desaparecidas de la Policía.

El fiscal delegado de la unidad antisecuestro, Federico Delfino, encabeza el equipo investigador asignado para identificar a los responsables, que sí o sí son policías, ya que ningún civil tendría que tener acceso al depósito de armas violentado.

Aunque no hay una cifra oficial de la cantidad real de armas robadas; algunas fuentes mencionaron que podrían ser 100, contando las 42 ya denunciadas.

La Policía, por su lado, conformó un equipo de élite para rastrear a los responsables y también conformó un grupo de armeros especialistas para revisar cada una de las piezas depositadas en el cuartel de Capiatá, donde en total debería haber unas 2.500 armas largas.

Edelio y tres condecorados

Durante el acto por el Día del Agente, el comandante de la Policía recordó emotivamente al suboficial Edelio Morínigo Florenciano, secuestrado por el EPP hace cuatro años.

El presidente Mario Abdo Benítez, en tanto, condecoró a los suboficiales Eduvigis Martínez Correa, Gustavo Ariel Aquino Riveros y Ever Darío Vera Bogado.

El primero fue herido por el EPP en abril de este año y los otros dos por asaltantes, en mayo pasado.

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