¡Pelea por la libertad!

Tras el éxito del primer torneo de boxeo dentro de la cárcel de Tacumbú, entre peleadores recluidos y púgiles semiprofesionales, autoridades penitenciarias anunciaron la intención de llevar a cabo de manera habitual estos combates, como una especie de terapia para los internos conflictivos y, a la vez, para ayudarlos a lograr su reinserción a la sociedad mediante el deporte.

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El inédito torneo de boxeo se llevó a cabo el miércoles último en la prisión más hacinada del país. Y la impecable organización y la excelente conducta que demostraron los internos espectadores alientan a las autoridades penitenciarias a repetir la iniciativa.

La idea surgió del exboxeador profesional paraguayo Favio “Potrillo” Romero y contó con el aval del director del penal, Luis Barreto, y con el apoyo del diputado nacional Ariel Oviedo, un seguidor asiduo del deporte de los puños.

De los ocho enfrentamientos de la primera jornada, seis fueron ganados por los reclusos y los otros dos se adjudicaron los púgiles en libertad que colaboraron con los organizadores, para incentivar a los convictos.

Todos quieren ser como Mike Tyson

Aunque suene utópico, la mayoría de los reos boxeadores sueñan ser como el gran Mike Tyson, descubierto por promotores de este deporte cuando noqueaba a todos sus oponentes en las numerosas etapas de su vida que pasó encerrado en Estados Unidos.

De hecho, la adrenalina contenida que desparramaron los reclusos sobre el ring, combinada con un buen adiestramiento, podrían fácilmente posicionar a los internos de Tacumbú entre los peleadores más competitivos del país.

Aunque fomentar la práctica del deporte sea tal vez uno de los objetivos de estos torneos de boxeo en la cárcel, en realidad el principal propósito consiste en canalizar la violencia contenida por los convictos, de modo que estos solucionen sus problemas en el cuadrilátero y no con un cobarde ataque por la espalda, con un puñal casero y en uno de los lúgubres pabellones de la prisión.

Tacumbú, una de las cárceles más peligrosas de Sudamérica, de este modo inicia por fin un verdadero proceso de reinserción social para sus internos.

Sin lugar a dudas que en cada práctica, en cada combate, en cada golpe, los convictos se acercan cada vez más a su reinserción y, consecuentemente, a su ansiada libertad, uno de los valores principales de la vida.

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