Generación Z, ni hippies ni anarquistas

La nueva generación, gestada a la luz de la tecnología, representa un desafío educativo. Por lo incomprensible que es interpretar esta situación para la mayoría de padres y maestros, es tiempo de iniciar la búsqueda de métodos educativos adecuados. El Dr. Miguel Ángel Velázquez, docente e investigador, nos da su visión sobre el tema.

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La nueva generación, gestada a la luz de la tecnología, representa un desafío educativo. Por lo incomprensible que es interpretar esta situación para la mayoría de padres y maestros, es tiempo de iniciar la búsqueda de métodos educativos adecuados. El Dr. Miguel Ángel Velázquez, docente e investigador, nos da su visión sobre el tema.

A la falta de maestros capacitados e idóneos, sueldos justos, infraestructura y educación escolar para todos los niños en Paraguay, se suma el gran reto que trae la Generación Z (niños y jóvenes nacidos después de 1990). Tácita y explícita existe la obligación de organizar la educación y aceptar también los códigos de esta generación, aún indescifrables para los adultos.

“La educación paraguaya se rige por paradigmas indestructibles que se apoyan en el cimiento de la comodidad y la desidia”, inicia el Dr. Miguel Ángel Velázquez, neurocirujano, investigador y comunicador, a punto de lanzar su primer libro “Celebra la vida”, donde explica de manera fácil el funcionamiento cerebral.

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“Te doy un ejemplo de los paradigmas que menciono: Mi papá y yo tuvimos la misma profesora de Geometría (en los años 50 y 80), que enseñaba exactamente igual en metodología, contenido y didáctica. Hoy, mi hijo de 13 años jamás soportaría una docente de mi época. Porque ellos son nativos digitales y se distinguen por traer en su impronta (no sabemos aún si genética, aunque sí en su entramado cerebral funcional) la capacidad innata de manejar entornos digitales, pantallas táctiles, asumen la tridimensionalidad como algo obsoleto y adoptan la tetradimensionalidad, agregando la relatividad del tiempo a las tres dimensiones conocidas”.

–¿En qué denominación quedamos los nacidos antes de los 90?

–Nosotros somos migrantes digitales, nacimos en un entorno mecánico y hemos sido la generación final que tuvo que optar por quedarse en los modelos de los logaritmos de libro o aprender (con todo lo que ello implica para el cerebro a nuestra edad, la creación de nuevas sinápsis entre neuronas, nuevas autopistas cerebrales en una maquinaria oxidada por la falta de aprendizaje). Por eso, la imposición de romper los paradigmas y de aprender “de novo” es imperiosa, urgente e impostergable.

–¿Hay que apuntar a quebrar estos paradigmas a nivel masivo? ¿Qué ocurrirá con aquellos que no tienen acceso a las últimas tecnologías?

–La educación pública masiva es una solución, pero la respuesta está en la educación dirigida en entornos compartidos. No se puede prescindir del contacto interpersonal, así como hoy en día no se puede aprender sin una computadora al lado, sin acceso a la web. La educación debe ser universal y democrática, así como la Constitución garantiza la educación como un derecho, también debería garantizarse el acceso a la información, sin distinciones.

–Los Z perdieron mucho del lenguaje hablado, ¿su cerebro podrá reestablecerlo?

–Sí. En ellos, el cerebro entra en el área simbólica y deja la verbalización; una prueba de eso es el lenguaje abreviado de las comunicaciones digitales donde se prescinde de las vocales, se crea un lenguaje nuevo e incluso se le dan “tonos” a las conversaciones escritas, en mayúsculas se grita o se interpreta lo que dice según el ánimo de cada uno.

–Endiosar la tecnología puede crear robots humanos.

–De hecho, la robotización de la mente no es la implantación de un chip, sino un esquema de pensamiento. Si lo miramos desde ese punto de vista, ya tenemos robots humanos.

–¿Cuáles diría que son los ideales o las metas de esta generación?

–No lo sabemos. Trabajo ligado a la tecnología, tecnología en cada segundo de su vida. Relativización de las realidades actuales, pérdida de valor de las profesiones tradicionales en pos de otras modificando los parámetros vigentes.

–Animándose a una suposición, ¿cómo será el futuro político de esta generación? ¿Qué harán con lo heredado de otras tan distintas?

–Lamentablemente, esta generación ha cambiado el razonamiento por la velocidad, por la inmediatez, por ende, es toda una incógnita cómo se comportarán las generaciones futuras respecto a los estados políticos o los cambios sociales que puedan producirse. El efecto burbuja provocado paradójicamente por el mayor acceso a la información (mayor en oferta y en volumen, lo cual hace que se elija siempre lo más agradable y menos comprometido) hace que esta generación opte por vivir en la comodidad e, incluso, habría que observar su conducta respecto a derechos importantes como el voto.

–¿Se irán, se quedarán, se identificarán con su país?

–Estamos inmersos en el ojo del huracán de la Generación Z, por lo que los condicionamientos sociológicos no son los mismos y no son parámetros predictivos. No son una generación hippie que busca la paz y la evasión a través de las drogas, son una generación cuyos lineamientos aún se están escribiendo.

–¿Cree que superarán la corrupción encarnada?

–Si les damos un marco educativo y moral dentro de ese mundo tecnológico, si rompemos el aislamiento y su burbuja de información, sí. Serán los más capacitados, formados e informados. Pero aún no vemos el norte para encontrar la forma de motivarles, de inspirarles para eso.

–Como generación precedente, ¿deberíamos dejarlos solos, resolver sus problemas por sus propios medios?

–En absoluto. No hay aprendizaje sin tutores, no hay máquina ni entorno digital que suplante aún a la sapiencia de un cerebro humano, los parámetros morales y éticos no se transmiten por wi-fi, sino en vivo y en directo, como me gusta decir “por ósmosis educativa”, por contagio.

–Justamente, cómo inculcar los parámetros morales es lo que a los adultos nos preocupa.

–No podemos contener algo que no dimensionamos. No podemos dominar algo que no conocemos. Si nosotros, migrantes digitales, que comenzamos la carrera perdiendo de entrada con ellos que vienen “de fábrica”, no nos ponemos las pilas para crear el entorno educativo adecuado, no solo no enseñaremos ni aportaremos nada a su formación (que es en gran medida autodidacta e intuitiva por desidia nuestra), sino que fomentaremos la anarquía educativa, sin líderes y sin norte.

lperalta@abc.com.py

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