El mundo es de las mujeres

Desde la noche de los tiempos, la presencia de la mujer, como parte integrante, indivisible e innegable del devenir histórico ha sido siempre de vital importancia. Por eso, celebrar su día es reconocerla y valorarla.

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Durante siglos, milenios, se consideró que las mujeres “no tenían historia”. No. Las mujeres también tienen e hicieron Historia desde que la humanidad es tal.

El cuidado de la familia y el hogar, tenidos como sus obligaciones primarias, no les ahorraron otros trabajos, otras responsabilidades.

Trabajaron tejiendo, labraron, segaron y cosecharon los campos, generaron ingresos adicionales para la manutención familiar. Criaron además de los propios, hijos ajenos, trabajaron en fábricas, etc., con la doble responsabilidad de cuidar su hogar y generar recursos para el bienestar de su familia, aunque siempre subvaloradas y mal pagadas.

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Algunas mujeres pudieron sortear estas limitaciones: ingresaron en las órdenes religiosas… si eran esposas ricas, pagaban a otras mujeres para ayudarlas a cuidar sus hijos o atender sus casas. Algunas lograron imponerse e incursionaron en el mundo del arte y de las letras, otras se hicieron grandes protagonistas de sus épocas, como reinas y otras dignidades. Eran excepcionales. Como desafiando el orden natural de las cosas. No podía ser que las mujeres dominaran a los varones.

El devenir histórico con sus grandes periodos señalados ya por sucesos políticos, culturales tecnológicos, tuvo como protagonista al varón, al hombre, en desmedro del reconocimiento de los derechos de las mujeres. Las leyes y códigos abrieron las puertas y los accesos a la educación, oportunidades de trabajo y otros beneficios al varón, no así a las mujeres, a quienes se negó el control de su propiedad, de sus ganancias, prohibieron controlar su fecundidad e impidieron su acceso a la educación superior o acceder a la instrucción superior.

En fin, desde siempre, pese a que culturalmente en las diversas civilizaciones a la mujer se la tenía como igual al varón o en un grado superior, inclusive, como en el caso de las concepciones religiosas, en las cuales siempre había dos elementos: el femenino y el masculino, a veces haciendo de pareja y, en otras ocasiones haciendo de madre e hijo… Por ejemplo, Venus y Marte, Apolo y Afrodita o Cibeles y Atis o María y Jesús…

Reacciones

Miles de años de negación, de invisibilidad, de ignorancia, de desvaloración, llevaron a las mujeres a ser consideradas una casta distinta, en muchas ocasiones inferior al género masculino.

Si se les daba algún lugar en la Historia, no se les daba por ser mujer, sino como mujeres de los hombres: Las hijas de Príamo, la mujer de Lot, la madre de los macabeos, la mujer del César… Inclusive, las que optaban por la vida religiosa, eran conocidas como las “esposas de Cristo”.

El trabajo remunerado y las condiciones laborales siempre y hasta la actualidad son despreciados en casi todas las sociedades, salvo algunas excepciones.

Desde siempre, la mujer fue considerada imperfecta por naturaleza, menos valiosa y, por lo tanto, inferior al hombre, por lo que era “bien visto” tratarla como inferior a aquel.

Estas perspectivas culturales están expresadas en los más antiguos documentos de todas las civilizaciones. La Biblia es uno de estos textos, donde se discrimina clara y naturalmente a la mujer. Estas tradiciones culturales negativas fueron las más poderosas resistencias a todo posible cambio.

Fue a partir del siglo XVIII, con la Revolución Industrial, que la mujer fue tomando protagonismo, como trabajadora de las fábricas –con salarios inferiores y horarios esclavizantes–. Fue en este ámbito que la presencia femenina en la historia eclosionó con violencia.

Las mujeres trabajadoras tenían una larga tradición de protestas violentas en el campo y en las ciudades, especialmente cuando el sustento diario se ponía difícil. Protestaban, en ocasiones, por la introducción de maquinarias en el proceso industrial –lo que significaba sacrificar mano de obra en busca de una mayor rentabilidad–.

A partir del siglo XIX empezaron a crearon los “movimientos de mujeres”, como respuestas a las restricciones de las opciones para las mujeres.

Otro capítulo importante en la lucha de las mujeres fue la conquista de los derechos civiles, una antigua lucha, de siglos. Así también la de lograr mejorías en las condiciones de trabajo.

En ese sentido, una fecha es señera en esa lucha de la mujer por sus derechos de igualdad con el hombre. En el siglo XX, la lucha de las mujeres ha cambiado con su esfuerzo las leyes y las instituciones. Algunas mejoras científicas y tecnológicas también ampliaron las opciones de las mujeres.

El 8 de marzo es una flecha clave en las luchas de las mujeres por conseguir su igualdad en la sociedad. En 1857, un grupo de obreras textiles salió a las calles neoyorquinas a protestar por las degradantes condiciones laborales.

Otra importante protesta tuvo lugar 51 años después, cuando otro grupo de mujeres se declararon en huelga reclamando igualdad salarial, disminución de jornada laboral, entre otras cosas. Durante esa huelga murieron quemadas más del centenar de obreras de una fábrica textil, en un incendio, presuntamente ocasionado por la patronal y que se tomó como fecha para conmemorar internacionalmente la lucha femenina por sus derechos, fecha adoptada durante la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Trabajadoras realizada en Dinamarca, en 1910.

“La historia de todos los tiempos, y la de hoy especialmente, nos enseña que las mujeres serán olvidadas si ellas se olvidan de pensar sobre sí mismas”, según las palabras de una célebre feminista, la alemana Louise Otto-Peters, escritas en 1849. Así que, mujeres: no se olviden de pensar sobre sí mismas.

surucua@abc.com.py

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