12 de octubre

La conmemoración del 12 de octubre de 1492 fue suprimida en nuestro país de modo inexplicado. Lo aprovechan los que vociferan contra la conquista de América, asegurando que este continente era un paraíso y que hubiese continuado siéndolo de no haber interferido la codicia europea. “Vinieron a robarse nuestras riquezas”, repiten, hablando en primera persona, gente que de indígena no tiene un pelo, pero, de europea, toda la melena.

¿Qué riquezas se llevaron los españoles del Paraguay? Ni metales ni gemas ni minerales preciosos, valiosas especias, bellas maderas o medicinas milagrosas. Pero –cosa a menudo soslayada– introdujeron los animales domésticos, la ganadería, las herramientas de trabajo, valiosas especies vegetales para alimento, aportando tecnología de muchos oficios, artes mecánicas, transporte y gastronomía modernos, así como las nociones de urbanismo, política, administración y comercio; en fin, tanto que no se agota la cita de ellos. 

Aseguraba Lenin que izquierdismo es la enfermedad infantil del socialismo. Einstein insistía en que el nacionalismo era el sarampión de la humanidad. Ahora tenemos nuevas combinaciones mórbidas de este tipo, como por ejemplo el indigenismo, que es como la viruela boba latinoamericana. Los enfermos infantiles que claman contra la colonización americana no leen historia; solamente propagan la telenovela nacionalista. Repiten que los europeos vinieron a matar, saquear, esclavizar. Claro que sí. Como todos los conquistadores, desde los asirios y caldeos hasta los británicos y los rusos modernos. Y ¡caramba!, tal como hicieron los mismos imperios indígenas dominantes contra sus vecinos más débiles, todas las veces que pudieron. Mas, los europeos también civilizaron. 

“La religión cristiana sirvió de instrumento de sojuzgamiento”, afirman los nacio-indigenistas. ¿Y qué había antes aquí? Sacrificios humanos, antropofagia y otras formas de degradación, creencias supersticiosas y rituales bárbaros. Los europeos no sacrificaban adolescentes a dioses feroces ni arrancaban el corazón de los jefes derrotados. Los españoles no devoraban a sus enemigos muertos en combate. De verdad, para los pueblos esclavizados por incas y aztecas, por ejemplo, América no era precisamente un paraíso. 

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La colonización española del Paraguay aceleró la conversión del guaraní al sedentarismo, a adquirir habilidades indispensables, como aprender a leer, expresarse por escrito, construir viviendas resistentes, hacerse hábiles en agricultura, ganadería y en el manejo de herramientas, a desarrollar la creatividad y el placer estéticos; como adquirir la noción de Estado y de Derecho positivo y mucho más. Así, los nativos y mestizos ampliaron su ínfimo mundo, adquirieron la idea de futuro y supieron que podían construirlo por sí mismos sin tener que aguardar la gracia del destino, de los dioses o de lo que fuese. 

¡Y qué gran síntesis realizó el mestizaje paraguayo, fundiendo en una sola identidad cualidades tan diversas! ¡Qué gran papel les cupo al varón hispano y a la mujer guaraní en la construcción de esta nación! Y todos tuvieron mucho de heroico y poco de infame, aunque sea esto último lo que más suela resaltarse. La conquista del Paraguay fue seguramente la menos violenta, la más humanitaria, la mejor, si cabe. ¿Está mal enorgullecerse de ello? 

Soslayar o negar esos hechos es mera demostración de ignorancia y fanatismo; sin embargo, hay un antídoto eficaz para eso: el estudio desapasionado de la historia y la sustitución de la sensiblería irracional por el razonamiento lógico. ¡Lástima que ambos sean tan poco populares! 

Cabe este breve homenaje conmemorativo del 12 de octubre dedicado al pueblo español –también es su fecha patria–, particularmente en este momento aciago de su historia, en que padece la conspiración de nacionalistas del peor tipo, que amenazan su integridad milenaria.

Fue un error suprimir en nuestro país la conmemoración del mutuo descubrimiento de europeos y americanos, suceso que constituyó tan formidable paso de ascenso en la historia para ambos; aunque en él, como ocurrió siempre, como sucedió a lo largo y ancho del mundo y del tiempo, también se haya tenido que cargar con los costos dolorosos de excesos crueles e injusticias. 

glaterza@abc.com.py

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