Y ahora les queda administrar el fracaso

Archivado en el Congreso, por ahora, el juicio político, el presidente Mario Abdo Benítez y su equipo se dedicarán a la ingrata tarea de administrar un Gobierno que ya fracasó, transcurrido solamente un año de gestión.

Abdo Benítez continuará, en un ambiente de descreimiento sobre su capacidad para gobernar y la seguridad de que está condicionado por el cartismo, a quien debe pagar el supuesto favor de haberlo “salvado” del juicio.

Dos semanas antes de recurrir desesperadamente al respaldo de Honor Colorado para evitar su destitución, Abdo Benítez se refería a su antecesor, Cartes, como contrabandista, cuidándose de mencionarlo por su nombre.

En el ámbito legislativo, se comenta que el mandatario solamente logró un año de plazo para continuar en el cargo, hasta julio de 2020, cuando se elija un nuevo presidente del Senado, que sea colorado y quede en la línea directa de sucesión presidencial.

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Abdo Benítez puede creer que falta mucho para eso y que las cosas pueden cambiar por el camino. Las señales políticas, económicas y sociales indican que esos cambios pueden ser para peor. Con lo cual, efectivamente, un año puede ser demasiado tiempo para la paciencia ciudadana.

Dirigentes de distintos sectores políticos, del oficialismo y la oposición, coinciden en decir que el mandatario debe dar ahora un golpe de timón que en realidad ya dio al elegir una supuesta unidad partidaria como reaseguro para la gobernabilidad.

Al inicio de su mandato, Abdo Benítez tuvo un acercamiento a casi todos los sectores políticos (con excepción del Frente Guasu) intentando dar una imagen dialoguista y de apertura. Inclusive, se reunió con el presidente de su partido Pedro Alliana, de Honor Colorado, sector del que se mantuvo expresamente alejado desde que fue electo y a cuyo líder, el expresidente Horacio Cartes, puso trabas para evitar que jure como senador.

El cartismo mantendrá su respaldo al Ejecutivo en tanto consiga ventajas, especialmente en forma de cargos en las instituciones públicas. Al concretarse, contribuirá a desgastar aún más la imagen del mandatario.

La oposición no pudo instalar en la gente la idea del juicio político porque el principal partido de oposición, el PLRA, sufre una profunda división y no hubo consenso sobre una estrategia.

Si bien el presidente del Senado Blas Llano estaba muy interesado en la posibilidad de asumir el cargo de presidente de la República, aunque sea por 3 meses, prácticamente no hizo esfuerzo para movilizar sus bases y presionar por el juicio político. Del otro lado, y de acuerdo a lo observado, Efraín Alegre exhibió un escaso arrastre de sus anuncios sobre manifestaciones masivas.

El Frente Guasu, tercer partido de importancia en cuanto a electorado, impulsó la iniciativa y movió gente en algunos puntos del país, pero mostró que no cuenta con una estructura para sostener la presión popular que se precisaba en una situación como la que se dio.

El oficialismo logró zafar del juicio, pero no despejó ninguna de las dudas sobre la actitud entreguista y/o miserable y/o pusilánime que exhibieron los representantes del Ejecutivo, comenzando por el presidente de la República, en relación a la defensa de los derechos soberanos del Paraguay en Itaipú.

En suma, lo ocurrido es un fracaso en toda regla de la dirigencia política paraguaya, en el marco de condiciones económicas y sociales que tienden a empeorar.

De no producirse el milagro de un diálogo y un gran acuerdo de los principales partidos para sobrellevar la tormenta, la crisis arrasará. En un mediano plazo, tendremos igualmente juicio político en condiciones mas críticas y quizás entonces muchos se den cuenta que se debió haber propiciado una solución drástica mucho antes.

mcaceres@abc.com.py

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