No queremos que nos maten nomás

No seré la primera ni la última en hablar del lamentable caso de feminicidio que tomó aristas mediáticas inconmesurables, tal vez porque el supuesto feminicida era un doctor o porque la víctima fatal era muy bonita.

En este país donde se endiosa a cualquier persona con título rimbombante, aunque muestre actitudes lamentables y antiéticas, o donde se toma como verdades absolutas interpretaciones torcidas de mensajes religiosos, existe una inmensa ignorancia sobre lo que es la salud mental.

Cuando decimos salud mental, debemos entender que no se trata solo del alzheimer, la esquizofrenia, ansiedad, bipolaridad y otras más popularizadas.

El desorden de ideas, interpretaciones erróneas de lo que es la moral y pensamientos confusos en una relación de pareja, deben ser analizados con un profesional en psicología, ya sea para arreglarlo si es posible o diagnosticarlo adecuadamente.

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Hasta ahora, muchas mujeres crecen con el desorden mental de que son inferiores por el simple hecho de ser mujeres y que son unas incubadoras con patas.

Mientras que los hombres crecen con el desorden mental de que son seres superiores por ser hombres, que todas las mujeres deben estar a su servicio, que pueden emprender lo que se les ocurra, que su intelecto es superior por su género, que no deben ser sensibles nunca y que todos sus deseos deben cumplirse como sea.

En el caso de las mujeres no voy a ahondar, porque existen varios espacios públicos donde se explican de manera coherente los argumentos por los cuales tratamos de explicar que no queremos que nos maten nomás.

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Sin embargo, quiero abordar el caso de los hombres.

Es terrible cómo son criados los hombres en este país. Se crean hombres frustrados desde bebés, por ejemplo, cuando se les prohíbe llorar porque un hombre no debe llorar, cuando es adolescente y se lo lleva a un burdel para que se “haga hombre”, cuando se lo sataniza por llorar por un amor no correspondido, cuando no le explican que perder no es el fin del mundo y le enseñan a tomar por la fuerza lo que no pudo tener de manera correcta, cuando lo violentan con palabras hirientes y golpes duros para que en el futuro imponga su poder aunque deba pisar cabezas. No los están criando, los destruyen como seres humanos.

Ya son 30 feminicidios del 2019. El 2018 cerró con 57 casos “en manos de hombres que no comprendieron que eran ellos el problema”.

Si como hombre, después de leer estas líneas, te genera molestia, enojo y ganas de mandarme a la m..., es hora de que empieces a hacer una retrospección a tu mente y pensamientos, ya sea para descartar o para descubrir.

Y mientras me seguís mandando a la m...., consultalo con alguien que con sinceridad te aconseje, y en algún momento, busca el número de un psicólogo/a, con quien puedas hablar y que ese profesional te guíe y ayude a entender. Porque, de verdad, las mujeres no queremos que nos maten nomás.

antonella@abc.com.py

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