Amarga yerba

La yerba mate es paraguaya por antonomasia. Es parte intrínseca de la cultura paraguaya. No debe existir en el Paraguay un hogar donde no se tome tereré, mate, o el popularísimo cocido quemado.

Además de estar en el caracú de nuestra esencia y cultura nacional, es un rubro de gran impacto económico. Diría yo de superlativo impacto económico en algunas regiones, como Itapúa y Guairá.

Desde aquel humilde y mal pagado “tarefero” que realiza el trabajo manual de “romper” las ramas de yerba hasta llegar a la mesa del consumidor la yerba recorre un largo camino, y en cada fase de esa cadena es un factor que dinamiza la economía.

Y si no, preguntemos a la “yuyera” o a quienes preparan o venden el famoso “terere rupa”.

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Es por todos conocida la relevancia que tiene este rubro como generador de ingresos, de dinero contante y sonante para ese campesino que día a día trabaja en el campo y todavía se resiste ante la tentación de vender su chacrita para convertirse en albañil o pintor en la Argentina o Estados Unidos, o vendedor de baratijas chinas en las ciudades cabecera.

Por eso resulta hasta ofensivo el contraste con el interés demostrado desde el sector oficial por proteger y fomentar este renglón de la economía. Resulta cuando menos llamativo que en las últimas tres décadas ningún gobierno se haya tomado en serio el rubro de la yerba mate, fortalecerlo con asistencia técnica, créditos, promoción, así como con otros sectores de la economía.

Nunca se hizo un censo para saber cuántos yerbateros hay en nuestro país, cuántos secaderos, el volumen anual de cosecha de la yerba mate, cuánto es el precio ideal por la materia prima. Pese a su importancia, el rubro yerba mate no está entre las prioridades del Ministerio de Agricultura.

El Estado, que debería fungir de árbitro y establecer reglas claras entre los actores, y vigilar por su cumplimiento posibilitando que la riqueza generada –no conozco ningún empresario yerbatero pobre– se “derrame” en forma más equitativa, elige mantenerse ausente y resigna su papel a la ley del más fuerte.

El gobierno no puede alegar desconocimiento de la problemática, recurrente con cada inicio de cosecha: bajo precio de la hoja, contrabando de materia prima desde Argentina y Brasil, inequidad entre uno y otro sector, por lo que la desidia demostrada ante el problema raya en una actitud de complicidad con sectores que se llevan la parte del león en el negocio, y que no son precisamente los productores primarios.

jaroa@abc.com.py

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