Así sucedió con la invención del arado hacia el año 3000 antes de Cristo, que hizo posible la agricultura; o el invento de la imprenta que revolucionó la transferencia y conservación de los conocimientos; o la máquina de vapor que desencadenó la era industrial; la aparición del teléfono y la radiofonía que transformó las comunicaciones: la creación del primer coche que dejó de ser movido por tracción animal y lo hizo con auto-motor, o ahora con el descubrimiento de la computadora (PC) y todos los usos de la computarización, informática e internet, o el popular teléfono celular.
Estos sucesivos inventos han desencadenado cambios espectaculares, tan extraordinarios como pasar de vivir recogiendo lo que la naturaleza ofrecía a ayudarle a la naturaleza a producir lo que los humanos querían y donde les convenía, pasar de una cultura depredadora a una cultura productiva, gracias a la agricultura.
Los cambios que actualmente están provocando las nuevas tecnologías de la información y la comunicación no son solamente cambios por la existencia de nuevas herramientas de extraordinario poder de información, juegos, arte, recogida y análisis de conocimientos, elaboración personal y colectiva incluso a distancia de nuevos conocimientos, creatividad, comunicación, comercialización, documentación y archivo para usos sincronizados o diferidos, etc. … las nuevas tecnologías están generando, normalmente de manera inconsciente, nuevas experiencias vivenciales sobre conceptos radicalmente “primarios”, lo que va construyendo en la mente otro conjunto de percepciones y visiones que no coinciden con lo que estamos enseñando.
Por ejemplo, la sensación del tiempo, la percepción del tiempo que tiene el niño que maneja internet y en un segundo se pone en contacto con personas que están en Japón, no es la misma sensación y percepción del valor tiempo que nosotros hemos tenido de pequeños cuando para comunicarnos con nuestros familiares que vivían en Encarnación, si no teníamos teléfono tardábamos seis o siete horas en llegar a ellos. Las experiencias vividas de tiempo, espacio y distancia son radicalmente diferentes y, por tanto, los conceptos y creencias que se van configurando en la mente también lo son. Lo mismo pasa con la experiencia y los conceptos de presencia y ausencia si pueden comunicarse por skype con su computadora o por su celular con amigos o desconocidos que viven en países lejanos, más aún si la comunicación se hace en simultáneo con varios amigos o desconocidos de países distintos.
La importancia de este hecho, es decir, de cómo insensiblemente se produce una enorme distancia entre ciertos conceptos que les damos en educación y las experiencias que los niños y adolescentes van teniendo se puede extender a otros muchos campos. Es necesario revisar a fondo y comparar lo que las nuevas generaciones, la generación “Y”, están viviendo y construyendo en sus mentes y lo que los adultos les estamos ofreciendo para su educación.
En informática con las computadoras e internet las cosas que vienen nos complican mucho más aún el panorama. Como muchos lectores saben ya se ha conseguido comunicar por medio de la computadora con lenguaje digital las sensaciones del olfato y el tacto. Si aún no están en venta computadoras equipadas con esta tecnología para transmitir sensaciones del olfato y el tacto además de la vista y el oído es sencillamente porque aún no se ha encontrado el modo de producir las computadoras equipadas al efecto con precio razonable, pero tarde o temprano esas computadoras estarán en el mercado para el uso común. Podemos imaginar la riqueza y belleza de comunicación interpersonal cuando en skype además de ver y oír a la persona familiar o amiga, podemos sentirla con los otros dos sentidos como si estuviéramos en presencia física total.
¿Qué hacen el Ministerio de Educación y Cultura y la Secretaría de Cultura ante estos desafíos? Poco resolverá repartir computadoras, porque los grandes desafíos no vienen de la máquina, vienen sobre todo de los lenguajes y de los procesos mentales de comunicación.
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