De fantasmas y otros póras

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Amén del Pombero, Malavisión, Jasy Jatere y otros seres míticos erradicados de la vida citadina hacia desolados parajes, Asunción sí que tuvo póras y fantasmas.

Cada barrio tiene una historia de “movimientos y ruidos raros”, sobre todo en días en que se levanta el poniente con truenos y relámpagos.

Un caso serio de fantasmas que llegó a los estrados judiciales ocurrió en 1976 con doña Aída Regina Pedretti vda. de González Navero y su hija Zulema Augusta González Pedretti quienes plantearon un recurso de amparo a los efectos de “eliminar unas voces no identificadas que quebrantaban la tranquilidad y la paz del hogar de las recurrentes. Se trataría de fantasmas”, dice el escrito.

El entonces juez Heriberto Vidal Lovera tomó el caso y debía intervenir sobre aquellas voces que con términos injuriosos atormentaban día y noche a madre e hija sin dejarlas conciliar el sueño. La denuncia se publicó en ABC Color el 20 de febrero de 1976 y toda la opinión pública estuvo pendiente de las “voces extrañas que turban la tranquilidad hogareña” de las prójimas.

La inspección la realizó el juez con su actuario Carmelo Piñeiro el 30 de julio de 1976 por la noche. Llegaron a la casa de las denunciantes ubicada en Eligio Ayala y R.I. 4 Curupayty para comprobar la denuncia que decía que en la residencia en cuestión los muebles “son sacudidos constantemente, sus puertas se abren y cierran sin aparente razón, mientras los cuadros que todavía cuelgan en las paredes se tuercen”.

Como era de esperarse, “los funcionarios judiciales no llegaron a comprobar los hechos denunciados”, aunque se preveía otra visita al lugar a los efectos de esclarecer el origen de los dislates registrados. No sabemos cómo terminó la historia.

Otro caso emblemático. En la Loma Tarumá, sobre la calle México se encontraba la conocida por varias generaciones como “la casa del póra”. “Salían sonidos extraños de las paredes y solían aparecer señales de plata yvyguy (…) Era un póra inofensivo y discreto, que habitaba sin molestar un pequeño cuarto trasero con un gran candado, que según la tradición, no se abría desde que en tiempos remotos, se ahorcó allí un ciudadano inglés dirigente del ferrocarril”, relata Armando Rivarola (ABC Revista, del 28 de marzo de 1993) al recordar historias familiares en torno a la que fuera vivienda de su tío José María Rivarola Matto.

Y aquél inglés era nada menos que John William K. Whytehead, fundador y director del Arsenal de Marina, superintendente de la Fundición de hierro de Ybycuí y quien trazó la línea del ferrocarril de Asunción a Villarrica. Como había sido herido a puñaladas en 1863 sus planes quedaron truncos, cayó en depresión y decidió suicidarse “envenenándose con un tósigo de nicotina preparado con tabaco el 13 de julio de 1865”, según detalla Osvaldo Kallsen.

Pero para qué ir lejos, según la leyenda urbana la misma residencia presidencial Mburuvicha Róga en su parte más antigua “está habitada de fantasmas y leyendas de sus viejos inquilinos”. Y seguramente, de los nuevos también.

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