En medio de la crisis

El famoso pensador francés Edgar Morin escribió en 2011 sobre las crisis de la humanidad: “La globalización no solo provoca su propia crisis. Su dinamismo acarrea crisis múltiples y variadas a escala planetaria. La crisis de la economía mundial aparecida en 2008 (…) la crisis ecológica (…) la crisis de las sociedades tradicionales (…) la crisis demográfica (…) la crisis urbana (…) la crisis del mundo rural (…) la crisis política (…) la crisis del desarrollo (…) la crisis de la humanidad que no logra acceder a la humanidad…”.

De ninguna de estas crisis estamos libres los paraguayos. En primer lugar, porque nada de lo que sucede en el mundo nos es ajeno: vivimos en la “aldea global”, pero sobre todo, en segundo lugar, porque también nosotros somos coautores de las crisis del mundo, repitiendo semejantes comportamientos.

¿Tenemos los ciudadanos del mundo recursos para resolver los problemas que plantean estas crisis?

En el informe del 2008 la FAO decía que con 30.000 millones de dólares anuales se resuelve el problema del hambre en el mundo.. En septiembre del año siguiente el Premio Nobel Alternativo de Economía, Manfred Max-Neet informaba que la cantidad destinada por los bancos centrales de Estados Unidos, Unión Europea, Japón, Canadá. Inglaterra y Suiza ascendía a 17 billones (millones de millones) de dólares.

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Si comparamos esta cantidad con los cálculos de la FAO, dicha cantidad significaría garantizar el final del hambre y la desnutrición al menos durante 600 (seiscientos) años.

Podemos añadir los datos de los gastos en armas y servicios militares, que en el período 2007-2011 ascendieron a 7,702 billones de dólares. Son cifras que, como comenta Juan Miguel Batalloso, “marcan un cruel hito histórico de inhumanidad, insolidaridad y ausencia de compasión”.

Los datos citados son solamente un ejemplo para argumentar que hay recursos para resolver los problemas y las crisis. Lo que falta es voluntad de hacerlo. Los paraguayos no necesitamos buscar cifras a nivel mundial. Sabemos que nuestra macroeconomía es muy próspera, que para muchos la política corrupta y el ser funcionario son posibles fuentes de enriquecimiento inmoral, mientras la tercera parte de los paraguayos vive en pobreza. Pero en cambio sí hay dinero del Estado para sueldos y jubilaciones VIP, para derroche de combustible, operadores políticos, partidos políticos, jugosos viáticos, etc.

¿Qué quiere decir todo esto?

Junto a las crisis citadas y en las raíces de ellas hay otras crisis más radicales. Estamos sumergidos en una profunda crisis de ética. No nos damos cuenta de que al destruir el tejido moral de la nación todos los ciudadanos viviremos en un caos suicida, volviendo al primitivismo de la ley del más fuerte.

En medio de las crisis hay muchos entre nosotros que las agudizan. No pocos de nuestros comportamientos nos destruyen a nosotros mismos como sujetos y como colectividad: contaminar con basuras agua, aire, suelos; apoyar a narcotraficantes para violar y destruir el cerebro de los adolescentes y jóvenes; robar impunemente el dinero del Estado, nuestro dinero, etc. No medimos las consecuencias de todos nuestros actos. Observando el panorama colectivo todavía quedan bolsones de familias y personas honradas, íntegras, responsables, pero los torrentes de las crisis arrasan.

Las crisis son claros indicadores de que la humanidad ha cambiado y sigue cambiando aceleradamente su modo de estar en el mundo. Y es urgente que revisemos nuestra relación con la naturaleza. La naturaleza empieza a pasarnos factura, porque ha sido explotada como soporte de la economía.

A los filósofos y antropólogos les empuja el dinamismo de las crisis y les incluye en sus agendas la necesidad de pensar qué somos, adónde vamos los humanos, cuando el estar, el vivir de modos insólitos nos obligan a repensarnos.

La crisis del “ser” y de la identidad personal se está acelerando en los últimos años por las posibilidades de la ingeniería genética, la cirugía estética, el horizonte de la clonación, el trasplante de órganos, las intervenciones en el cerebro, etc.

En otro ámbito, la ideología de género pretende extender otra crisis del ser humano al querer hacer prevalecer la cultura y los géneros gramaticales sobre la biología y los dos sexos.

jmonterotirado@gmail.com

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