Inundados de basura

Cuando nos quejamos de que somos sucios, por lo general nos referimos a otros, porque cuesta ser autocríticos y porque efectivamente no depende solo de cada uno, sino de políticas públicas bien definidas.

Sin voluntad para poner en primer lugar la salud, todo lo que hagamos a nivel personal es engañoso pues no irá más allá del entorno cercano, pero volverá a nosotros. En la tele salió una noticia sobre la basura que, aparentemente, la misma Municipalidad de Alberdi arroja en el río Paraguay.

Las imágenes mostraban el basural en la costa, que es la que queda, porque la mayor parte va directo al agua. Increíble es que sufriendo las inundaciones, las mismas autoridades continúen rematando al muerto. No tienen conciencia ni piedad.

En Asunción, capital de la República, vivimos críticamente el tema. No hay planes de mudar el vertedero ni de transformarlo en una verdadera planta de reciclaje. “Vengan pues con la prensa para que vean el desastre que hace la tercerizada EMPO –empresa de tratamiento de la basura– en las calles de nuestro barrio, ya no podemos más”, se quejaba un vecino, comentándome que EMPO se había comprometido a mantener en condiciones las calles, pero hace todo lo contrario con total impunidad y apaño desde hace más de una década.

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Para romper con la basura y su mal tratamiento, hay que hacer cambios por todos lados, suena imposible pero no lo es si hay honradez, trabajo y planificación (esto es lo que no hay). El ciudadano tiene no solo que deshacerse de su basura, sino dejar de generarla.

Lo mismo, elevado a la máxima potencia, las empresas, tienen que cambiar su enfoque y objetivos de permitirse –coimas, leyes que no cumplen, aprovechando el vacío legal– de lucrar a costa de contaminarlo todo. Por su parte, el gobierno municipal se revela incompetente, genera más quejas que reconocimiento.

Antes se enseñaba a tirar el papel en el cesto, hoy hay que enseñar in situ, llegar hasta los ríos, arroyos, industrias, y ahí trabajar con los alumnos, con los hijos, las ideas de cambio. Y explicarles paralelamente la obligación y función de las autoridades, el estado de la naturaleza a nivel mundial y el negro futuro a este ritmo devastador.

También el sistema de vida consumista nos ha entrenado para consumir sin pensar, sus propulsores afirman que se necesitan economías con resultados rápidos para que haya trabajo, ventas, fluidez, para que haya “desarrollo”. “Si no le compramos a China, vamos a una tercera guerra mundial”, me decía, hace años, un empresario español.

El BRICS es ahora una alianza entre países con muchísima población. Paraguay también es depósito de este bloque en detrimento de la siempre débil y tímida industria nacional. Nuestros jóvenes universitarios se forman en EE.UU. o Europa y traen las recetas que no nos identifican.

Al lado de este conocimiento académico, toda la filosofía de vida, alimentación y conservación de los recursos naturales de los pueblos originarios van muriendo con ellos. Hoy por hoy vivimos un negro romance con el derroche y el no procesamiento. La basura es nuestro espejo.

“El agua y el aire, los dos fluidos esenciales de los que depende la vida, se han convertido en latas globales de basura” Jacques Cousteau.

lperalta@abc.com.py

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