Jaeggli y la justicia

Con su acostumbrada vulgaridad y prepotencia, Alfredo Luis Jaeggli se tiró contra el juez Hugo Becker. Fue porque lo condenó a pagar una antigua deuda con el Estado. Con las palabras propias de su naturaleza ordinaria se dirigió a un magistrado que no hizo sino cumplir la ley.

La deuda original era de 81.120.000 guaraníes. Como nunca pagó, prescribieron algunos de los pagarés y el compromiso se redujo a 43.146.000. Por esta suma le demandó la Procuraduría General de la República. Los grandes perjudicados son los pequeños agricultores porque el dinero estaba destinado a un proyecto que intenta ayudarles a mejorar su calidad de vida.

En mayo de 2000, el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) y Jaeggli firmaron un contrato de “suministros de bienes“, según el cual el ministerio “vende y entrega al adquirente” un tractor, arado disco, rastra de disco, carreta volquete, cultivador de dientes, atomizador con motor, en la suma de 81.120.000 guaraníes. Jaegli entregó 8.112.000 guaraníes “obligándose el adquirente a pagar el saldo en 10 cuotas, con un interés moratorio de 1,5% mensual”.

Nunca levantó un solo pagaré.

Se aprovechó de la desidia –en el mejor de los casos– de los funcionarios del MAG y dejó que la mitad de la deuda prescribiese.

Para apropiarse de las maquinarias agrícolas, Jaeggli se presentó como agricultor pobre a fin de acceder a los precios especiales del programa denominado 2KR, que es un tipo de cooperación financiera no reembolsable del Gobierno del Japón. Se orienta a la seguridad alimentaria a través de la donación de insumos agrícolas con el fin de apoyar a los agricultores de escasos recursos.

El contrato que firmó Jaeggli ordena en su cláusula tercera: “En ningún caso el Adquirente podrá vender las mercaderías objeto del presente contrato y las mismas serán exclusivamente para su uso”.

Y la cuarta: “El ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) fijará una sanción al Adquirente que no cumpliese con las condiciones expuestas en el presente contrato”.

No se sabe qué hizo Jaeggli de los insumos que retiró y que pertenecían a los pequeños productores.
Ante la sentencia judicial que le obliga a honrar su compromiso, Jaeggli viene a decir que el tractor, y todo lo demás, no los retiró para él sino para unos agricultores conocidos suyos, los cuales se harían cargo de la deuda, pero no dice quiénes son ni dónde están. ¿Firmó pagarés por más de 80 millones de guaraníes y no sabe por quiénes asumió semejante compromiso? ¿Nunca se le ocurrió siquiera preguntar por los pagarés que tienen su firma?

Pero hay más: Ni siquiera salió como codeudor, como aval de unos campesinos de escasos recursos. No, se hizo cargo de los 81 millones 120 mil guaraníes como si nada. ¿Alguien es capaz de creer este cuento?

Dice que recurrirá la sentencia. ¿Piensa que habrá un juez que pueda creer tan delirante historia? ¿Alfredo Luis Jaeggli, benefactor de los pobres? Y si creyó serlo, fue a costa del dinero público.

De los más de 80 millones de guaraníes, perfectamente documentados, el Estado quiere recuperar por lo menos el 50%. Por eso la demanda judicial que Jaeggli considera “infundada, temeraria, dolosa y por demás improcedente”.

Además se enoja contra el Estado, que procura recuperar algo del dinero de los campesinos pobres; contra el juez, que hace cumplir la ley; contra el periodista, que da a conocer los documentos.
¿No sería más fácil, civilizado, decente, honrado, que pague su cuenta?

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD