La mitad llena

La tan esperada fecha se acerca y las señales, dentro de todo lo que nos pasó desde la Copa Centenario hasta aquí, no dejan de portar cierto contenido optimista, al menos para quién escribe esta columna.

Admitiendo haber sido bastante cuestionador del ciclo anterior de Francisco Arce en la selección, es justo decir que en los cuatro años que transcurrieron desde aquel final de ciclo en La Paz, y este regreso que tuvo su primer entrenamiento formal ayer, muchas cosas han cambiado, empezando por el propio entrenador, mucho más curtido y potenciado que en la experiencia anterior.

Tras el fracaso en la extraña negociación de la APF con el colombiano Rueda, entre los locales y apremiados por el tiempo, el apellido de Arce se posicionó por delante de varios y mucho tuvo que ver el argumento citado más arriba, ya que tras sus pasos por Cerro y Olimpia, se puede afirmar que esta vez sí aprobó exitosamente las materias previas para dirigir a una selección, a diferencia de aquel nombramiento de 2011.

Esta vez, optamos por ver la mitad llena del vaso, porque hasta la convocatoria de jugadores registra muy pocos puntos cuestionables, en una mezcla en la que claramente sobresale la juventud por encima de la experiencia.

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No invade optimismo porque se hizo justicia con Moreira, gran figura en River Plate, porque Gómez está en el lugar que se merecía y el momento de Miguel Almirón genera reiterados elogios en Argentina y despertó el gran interés en los grandes de Europa.

Optimistas porque el “Ropero” Santander está más pulido técnicamente y ha sido decisivo en su club para clasificarlo a la fase de grupos de la UCL, lo que refiere un gran momento del ex-Guaraní.

La esperanza abarca la impresionante actualidad de Rodrigo Rojas y el resurgir de Cristian Riveros, ideales para suplir a un Néstor Ortigoza que apunta más a Montevideo que a este jueves frente a Chile, por su reciente lesión.

Con todos los temores que pueda instalar Chile desde su condición de bicampeón de América, con una estructura formada por Sampaoli, relanzada por Pizzi desde aquel memorable 7 a 0 frente a México en la Copa de USA, más allá del gran vuelo colectivo, empezando por la jerarquía de Vidal, la habilidad de Alexis Sánchez, la clase de Aránguiz, el ida y vuelta de Isla y el liderazgo de Medel, sostienen con creces a un conjunto que en contrapartida, tendrá ausencias claves como las del gran Claudio Bravo en el arco y el matón Jara en la defensa, principal referente del juego aéreo defensivo.

Pero la ausencia más importante se centra en Marcelo Díaz, estratega e ideólogo de los movimientos chilenos, en una situación que nos recuerda al ciclo de Ramón Díaz, cuando las figuras rivales quedaban out antes de chocar con nosotros, como aconteció con Messi, Agüero y Neymar entre otros.

Un motivo más para apreciar la mitad llena del vaso y caer en la cuenta que mostrando el compromiso exhibido en Quito y el fútbol que supo dominar a Brasil en gran parte de aquel amargo 2 a 2, el éxito puede ser posible, al fin y al cabo hay muy poco que tocar en la base de un equipo, en el que sí habrá que tener muchas certezas a la hora de cambiar en pleno partido, virtud que no tuvo el anterior DT y se sintió en la pérdida de puntos muy importantes para esta causa llamada Rusia 2018.

Causa que tendrá que ser reactivada este jueves ante un seleccionado que nos ganó en sus últimas dos visitas, aquella del 2009 en la que la Albirroja de Martino se relajó en lo que era un camino seguro a Sudáfrica, y aquel 1-2 lapidario del 2013, cuando al mando de Pelusso el barco estaba prácticamente hundido.

Aún con estos recuerdos, tenemos derecho y argumentos para soñar con esa victoria que enderece el rumbo y nos vuelva a hacer fuertes como locales, como grupo y como equipo, tres fortalezas absolutamente debilitadas en este 2016, entre eliminatorias y la frustrante Copa América Centenario.

aandresfederico@gmail.com

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