Un joven desde la plaza se grabó diciendo que pacíficamente se hubiera juntado más gente y que la responsabilidad de cada uno está en el día a día, en la escuela de sus hijos, en su estudio, en su trabajo. Buscando un punto de apoyo, miles le dieron me gusta y lo compartieron. A esto me permito agregar que este muchacho habla desde un trabajo, una familia estable, un futuro que puede ser mejor. En nuestro país no todos tienen estas condiciones, y en el estallido social fueron en su mayoría los que sufren desigualdades socioeconómicas los que arremetieron. No vamos a determinar aquí a quién importa más y quién menos (nadie es menos en un debate de humanidad, pero sí en la selección de producción y proyección), no obstante, si nos situamos en la madre de todas las pobrezas, la falta de trabajo o trabajos mal pagados, entonces podemos decir que mayormente fue parte de esa gente que, manipulada o no, fue la que se levantó. Sin embargo, fuera de toda discriminación (de uno y otro lado) tenemos que preguntarnos si somos una sociedad común y unida como necesitamos no todos los días. También de dónde nace la rabia de esta última violencia, si es hija de otras violencias.
Nunca es una pregunta fácil de responder: dónde estoy yo parado y si tengo no solo mi propia razón en claro, sino cómo la relaciono con los demás descontentos, además de cuándo y cómo activar el proceso de cambio.
Lo que deja esta batalla es una oportunidad para sentar diálogos donde surjan, directos y claros entre vecinos, padres, de compañeros de trabajo en la manera conseguir lo que nos parece justo para toda la sociedad. Porque en los barrios adentro, saliendo del centro, hubo y hay mucha gente que no entiende bien qué ocurrió. Para algunos fue “un kilombo”, “una suerte que no fui ese día al centro”, “se les pagaba a los manifestantes”, también jóvenes que dijeron haber sido levantados por la policía “sin tener nada que ver con la manifestación”… Lo cierto es que tuvimos un saldo que lamentar, una lección dolorosa. Una persona, un padre joven murió asesinado por la Policía. Otro padre comentaba el día después que había ido a la plaza con toda su familia porque su hija adolescente quedó tan impactada con lo ocurrido que quería estar ahí, hablar, escuchar, participar del micrófono abierto. Todas estas necesidades son buenas.
Todo esto nos está pasando, mucho para pensar, para actuar juntos por la salud y el bien social que anhelamos. Lo que vivimos nos trajo además muchos sentimientos encontrados respecto a cómo se debe hacer un cambio, un poder ver nuestros recursos para avanzar. Más allá de los discursos exacerbados y emotivos de bravos leones, de pechos muralla, etc. está la realidad y el deber de conocernos como pueblo para unir las aristas.
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