Manual para campañas

Desde esta semana, el bombardeo publicitario de las campañas políticas se volverá inatajable, porque estamos en el inicio del fin de la etapa proselitista. La más dura, la más importante y la más decisiva; los campañólogos y asesores lo saben. Por ello, se vienen aproximadamente 70 días de denuncias, contradenuncias, radicalización de posturas, acusaciones y todo lo tóxico y venenoso que se pueda plantear para tratar de ganar el voto del electorado “indiferente”, el de fuera de las estructuras partidarias.

La polarización de posturas conviene a quienes presuntamente van arriba en las encuestas, por lo que esa será la tónica de ahora en más para Honor Colorado y Paraguay Alegre. Con la desaparición del principal candidato del hasta ahora tercer frente, uno de los sectores en pugna tendrá que buscar métodos para “hacerse notar” y alzarse con este vacío que dejó Lino Oviedo que, en términos comunicacionales, siempre fue eficiente en marcar diferencias y ocupar espacios.

Los ciudadanos tienen que estar precavidos ante la andanada que se viene: por un lado, mucho de los que se diga, prometa, acuse o sostenga tendrá que ser tratado “con pinzas” porque contendrá bastante de manipulaciones y exageraciones; pero también podrán haber elementos que permitan tener acceso a información respecto a los candidatos, que de otra forma sería imposible conocer.

Saber diferenciar la paja del trigo, en todo el cúmulo de denuncias y acusaciones, será todo un desafío.
Desde el 18 de este mes la temporada de cacería de votos estará abierta sin limitaciones: tendremos los rostros presidenciables en el desayuno, almuerzo y cena; veremos titulares rimbombantes y caminatas callejeras interminables, pasarán motocargas con altoparlantes ofreciendo las maravillas electorales más incumplibles e inverosímiles; las batucadas harán su agosto en febrero, marzo y abril, y las gigantografías nos atacarán en cada bocacalle.

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¿Cómo nos defendemos de todo esto?

Poniendo cable a tierra. Ya nos pasó que nos compramos candidatos solo por una buena campaña electoral, sin saber si era realmente capaz de sostener un gobierno para todos, sin conocer si su integridad y sus principios eran lo suficientemente sólidos para llevar adelante una buena gestión.

Ya nos ocurrió –también– haber apostado por liderazgos que parecían firmes y eficientes y que resultaron bipolares y personalistas.

Ya nos pasó que tuvimos candidatos surgidos del robo a la voluntad popular y con falta de compromiso real con el país. Nos llevó años superar estos estilos de gobierno, y en el camino perdimos tiempo y oportunidades.

No olvidemos cada uno de estos pasos al depositar el voto el 21 de abril. No respondamos a campañas y promesas, hagamos una elección meditada e informada, para no seguir comprando buzones.

ana.rivas@abc.com.py

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