Persiste la estafa universitaria

Pese a los esfuerzos del Consejo Nacional de Educación Superior (Cones), continúa la estafa a centenares de jóvenes que siguen carreras no habilitadas o con serias irregularidades en varias universidades, sobre todo, del interior. El sueño de ser profesional universitario, a veces, se vuelve pesadilla.

No es un problema nuevo pues lo venimos arrastrando desde principios de los años 90, cuando el Congreso declaró so’o la apertura de universidades y la habilitación de carreras, dando lugar a una explosión de centros de educación superior de muy dudosa o inexistente calidad. 

Con la creación del Cones y de la agencia de acreditación Aneaes, así como la sanción de una nueva Ley de Educación Superior (2013), la situación mejoró ostensiblemente en la última década. De hecho, el Cones declaró inexistentes y, por tanto, clausuradas centenares de carreras en diversas “universidades de garaje” y, por su parte, la Aneaes exige infraestructura edilicia adecuada, personal docente calificado, laboratorios, equipos informáticos, planes de estudios serios y la carga horaria correspondiente antes de declarar la acreditación de una carrera universitaria. 

Lastimosamente, como estamos en Paraguay, hay “universidades” que se hacen el ñembotavy y pese a que algunas de sus carreras no están habilitadas, de igual manera las siguen ofreciendo y engañando a sus estudiantes, aunque, por supuesto, jamás olvidan cobrar las matrículas, cuotas y derechos de examen. 

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Las primeras en ser clausuradas fueron algunas carreras vinculadas a ciencias de la salud, como enfermería, medicina, radiología, etc. En estos días volvió a salir a la luz pública una irregularidad ya denunciada: una universidad privada guaireña sigue ofreciendo las carreras de veterinaria e ingeniería agronómica que no fueron habilitadas por el Cones y, en consecuencia, no pueden obtenerse títulos legales en tales áreas. 

Una irregularidad que se registra en varias casas de estudios del interior es que ofrecen las carreras curricularmente organizadas por módulos. Esto significa que los alumnos solo pueden tomar una materia por vez, asignatura que se comprime al máximo y se desarrolla en un par de semanas. Académicamente, esto no es recomendable porque un solo profesor tiene todas las clases durante varios días, lo cual conspira contra una buena docencia y ni qué decir contra el adecuado aprendizaje. 

También siguen funcionando universidades que ofrecen carreras de derecho, de enfermería y de ciencias contables con clases únicamente los días sábado. Por supuesto que esta modalidad no cumple con la carga horaria que reglamentariamente se exige en el desarrollo de una carrera de nivel terciario. 

Ahora contamos con un Congreso renovado, un nuevo ministro de Educación y un flamante viceministro de la enseñanza superior, además del Cones y la Aneaes. Ojalá nuestras autoridades cuenten con los medios y el respaldo legal necesario para profundizar y generalizar el saneamiento de nuestras universidades. La educación terciaria es demasiado importante para el futuro del país como para dejarla en manos de comerciantes inescrupulosos. 

ilde@abc.com.py

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