¿Por fin?

Por lesión de confianza y estafa al Estado, Enzo Cardozo, Rodi Godoy y otros están citados para la imposición de medidas ante el juez Humberto Otazú. Será el próximo 11 de junio. O por lo menos se espera que así sea. Desde hace cuatro años, el voluminoso expediente, que contiene la rigurosa investigación de la fiscala Alba Delvalle, espera llegar al juicio oral y público. Pero las veces que se fija una fecha, aparecen las famosas chicanas, que son la confesión de culpabilidad de los acusados. Si fuesen inocentes, pedirían demostrar su inocencia lo antes posible.

La otra novedad es el desafuero del diputado cartista Tomás Rivas, que procuró zafarse de la justicia con los gastados procedimientos de las chicanas, reiteradas durante un año. Finalmente, se le cerraron todos los caminos, y ahora le espera sentarse en el incómodo banquillo de los acusados para rendir cuentas a la justicia. Es por el caso de sus tres caseros a quienes hizo figurar como funcionarios de Diputados al solo efecto de no pagarles el salario de su bolsillo. El caso está debidamente documentado, pero Rivas sale a decir, como muchos otros en la misma situación, que se trata de una “persecución política”. Para que esto ocurra, es necesario que se pongan de acuerdo el fiscal, el juez, el Tribunal de Apelaciones y la Corte Suprema de Justicia. Todas estas instancias encontraron que cabía procesar al diputado Rivas.

En cuanto a Enzo Cardozo, parlasuriano y exsenador llanista, el 5 de abril de 2005 la fiscala ya había pedido el juicio oral para los involucrados en una supuesta estafa de casi cuatro mil millones de guaraníes. Este dinero de Agricultura y Ganadería, del que Cardozo fue ministro, y Godoy su sucesor, estaba destinado al Programa Nacional de Fomento Pecuario (Pronofope) y del Frente Combatiente contra la Pobreza (Freccop). De más está decir que la cuantiosa suma no llegó a destino, o sea, a quienes debía llegar. Se combatió la pobreza pero no la de los pobres.

Cardozo, Godoy y algunos más están igualmente involucrados en otro caso mucho mayor: 68.000 millones de guaraníes para los pequeños productores, también para que saliesen de la pobreza, pero se hundieron aún más en ella.

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Otros de los socios de Cardozo y Godoy ya fueron condenados por el Tribunal de Sentencia al hallárseles culpables de estafa por la suma de 68.000 millones de guaraníes. Son los dirigentes de una supuesta Federación de Productores Frutihortícolas del Paraguay (Fenaprofhp): Silvio Riveros (11 años de cárcel), titular de la Fenaprofhp; y los directivos Lidio Irala, Ignacio Acuña (9 años) y Luis Piccardo (7 años). El fiscal de la causa había solicitado una sentencia mayor no solo por la descomunal suma sustraída; también por el engaño a los agricultores.

Esta “Federación” tenía que destinar el dinero a los pequeños productores, pero sirvió para que los estafadores se hiciesen de costosas propiedades, entre tierras, residencias, lujosos vehículos, etc. Ya con miras a perpetrar la estafa, en el 2011 se creó la federación, que firmó un convenio con Enzo Cardozo en su calidad de ministro de Agricultura. Inmediatamente, se iniciaron los desembolsos contrarios a la ley para estos casos. No se hicieron estudios de mercado, proyectos de inversión, estudio de suelo; nada. Había mucha urgencia para entregar el dinero.

También la ley exige la presentación de tres presupuestos de las mercaderías a adquirirse. La Fenaprofhp lo hacía puntualmente, solo que los presupuestos salían de un mismo comerciante, que tenía a su nombre dos casas comerciales. El tercer propietario era socio en el “negocio”. La firma “adjudicada” entregaba a la “Federación”, a cambio de sumas millonarias, facturas en blanco en las que luego figuraban, con escandalosos sobrecostos, las mercaderías que nunca se habían comprado, o se adquirieron en muy reducida cantidad para disimular.

Algunos de los autores ya están presos. Ahora faltan los demás, pero el camino todavía es largo. Los jueces son muy complacientes con las chicanas, a sabiendas de que se trata de meros recursos para dilatar el proceso y procurar que llegue a la extinción, como tantas veces ha ocurrido. De todos modos, con la nueva situación de Cardozo y Rivas, podemos exclamar ¡por fin!

alcibiades@abc.com.py

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