Somoza y la estatua de Somoza

SALAMANCA. “Esto no lo puede hacer la inversión privada. Si no lo hace el Estado, no lo hace nadie”. De esta manera, la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner justificó el nuevo centro cultural con que cuenta Buenos Aires en el antiguo edificio de Correos, no lejos de la Casa Rosada. El nombre del nuevo complejo cultura que dispone de 100.000 metros cuadrados (diez manzanas) para diferentes actividades culturales, es, lógicamente, “Néstor Kirchner”. El costo declarado es de 2.500 millones de pesos, casi 260 millones de dólares.

La Presidenta tiene razón, es un emprendimiento propio del Estado pues no creo que haya muchas viudas en Argentina que dispongan de 2.500 millones de pesos para levantar un centro cultural y ponerle el nombre de su difunto esposo.

Se trata de una obra faraónica que en sus diez manzanas cubiertas posee 47 espacios para diferentes actividades y además, una sala de conciertos para dos mil personas donde se ha colocado un órgano de 4.300 tubos que fue especialmente diseñado para este lugar en una fábrica de Alemania.

En medio de tanta apabullante información, no he encontrado, sin embargo, la respuesta a una simple pregunta que me hago: ¿Por qué el nombre de Kirchner en un centro cultural? ¿Habrá hecho algún aporte valioso en este campo, a favor de su país? En realidad, me contentaría con que hubiera hecho algo culturalmente significativo en el Calafate.

Argentina ha dado al mundo nombres que quizá ni los propios argentinos hayan podido valorar en su real dimensión. Y la respuesta es no, ya que se ha bautizado con el nombre de un político, miembro de un partido (el peronista) y que se sintieron, tanto él como su esposa, herederos de las figuras que lo fundaron: Juan Domingo Perón y Evita Perón. Siempre es bueno recordar que en la época del Pocho (así le llamaban las colegiales que eran invitadas a pasear en motoneta por la quinta presidencial de Olivos), el escritor más brillante que dio Sudamérica, Jorge Luis Borges, fue nombrado “inspector de gallinas” en el Mercado de Abasto, hoy convertido en elegante centro comercial. Entonces era funcionario de la Biblioteca Nacional y no lo podían despedir sin motivo alguno por lo que, para humillarlo, lo mandaron a Corrientes Angosta a inspeccionar gallinas. Y los peronistas, despectivamente, lo justificaban: “Al reaccionario de Georgy lo mandaron a donde se merece”.

Por lo menos hoy existe un Centro Cultural Borges, no tan llamativo como el Centro Cultural Kirchner, pero lo tiene. Mientras tanto, otros tantos hombres esclarecidos, esperan ser rescatados del olvido en su propio país. ¿Es necesario que los recuerde? Pues sólo algunos: Julio Cortázar, Robert Arlt, Mujica Laínez, Bioy Casares, Victoria Ocampo, Antonio Di Benedetto, Alberto Ginastera, Carlos Guastavino, Alberto Williams, Leopoldo Marechal, Torre Nilsson, Julio Le Parc, Clorindo Testa, César Pelli, Carlos Alonso, Líbero Badii, Juan Carlos Castagnino, Lucio Fontana, María Elena Walsh, Rodolfo Walsh, Horacio Quiroga, García Uriburu, Felipe Noé, Antonio Berni... Pero no, resulta que ellos carecen de peso ante los ojos del actual Gobierno cuando en realidad, una sola frase escrita por cualquiera de estos escritores y poetas, una sola pincelada de cualquiera de estos pintores, un solo acorde de cualquiera de estos compositores, son más importantes que todos los decretos que haya podido firmar y todos los discursos que haya podido pronunciar quien será, con el paso de la historia nada más que un presidente oscuro. Me recuerda todo esto un Epigrama de Ernesto Cardenal: “Somoza desveliza la estatua de Somoza en el estadio Somoza, / No es que yo crea que el pueblo me erigió esta estatua / porque yo sé mejor que vosotros que la ordené yo mismo, / Ni tampoco que pretenda pasar con ella a la posterioridad. / Porque yo sé que el pueblo la derribará un día. / Ni que haya querido erigirme a mí mismo en vida el monumento que muerto no me erigiréis vosotros: / Si no que erigí esta estatua porque sé que la odiáis”. Poeta dixit.

jesus.ruiznestosa@gmail.com

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