UNA: ¿primavera o nuevo invierno?

En setiembre, decenas de estudiantes cansados y esperanzados en conseguir una mejor educación se levantaron pacíficamente en contra del statu quo y a favor de crear una universidad de excelencia. Consiguieron la imputación de más de 50 personas y concretaron la encarcelación del rector Froilán Peralta y de un decano. Pero lo que los universitarios consiguieron con civismo, inteligencia y resistencia tras días de lucha, tres jueces de la Cámara de Apelaciones de Central lo borraron en un minuto, al otorgarle libertad al exrector. Diversos juristas y simpatizantes del antiguo régimen académico apoyaron la excarcelación de Froilán Peralta de la cárcel de Tacumbú, alegando que no representa ningún peligro para la sociedad.

Para un país que necesita salir del atraso, fortalecer realmente su sistema democrático y diversificar su economía, Froilán sí representa un peligro nacional. ¡No hay mayor peligro para un pueblo que debe salir de la ignorancia y oscuridad que un rector corrupto y mediocre en libertad! La excarcelación de Froilán significa una demostración de fuerza del poder político y económico arbitrario, en una nación al que le cuesta apostar por la sociedad del conocimiento y basarse en la cultura del mérito, antes que en el amiguismo o chonguismo partidario. Solo una cultura que desprecia la libre competencia, la cultura del trabajo, la meritocracia institucional y la ciencia puede darse el lujo de menospreciar a su principal universidad y liberar a los corruptos que la convirtieron en un prostíbulo académico y circo deprimente.

Pero el problema no es solo Froilán, va mucho más allá. La decana de Filosofía, Ma. Angélica González, se niega a renunciar, a pesar de las denuncias de autoritarismo y corrupción en la casa de estudios de Itá Pyta Punta. Por ejemplo, se conoce el caso de “Los 4 fantásticos”, profesores de la carrera de filosofía que desde hace varios años tienen denuncias y cátedras paralelas por mal desempeño de funciones. Además de esto, la UNA sigue con problemas mayores, no se ha podido confeccionar un estatuto de vanguardia, a pesar de que hay algunos grupos que tratan de estudiar una nueva filosofía de la universidad más antigua del país. Hoy hay solo paro en dos facultades, las fuerzas están dispersas y algunos grupos, que iniciaron o no la revuelta, ya se están disputando el poder. Los estudiantes están perdiendo tiempo tratando de pelear por espacios con sus pares o buscando ya algunos cargos electivos o de confianza.

Mientras, en la Universidad Nacional del Este (UNE) los estudiantes que comenzaron allí los levantamientos hoy son víctimas de persecuciones y hostigamientos por parte de los directivos, especialmente en la Facultad de Filosofía. Los alumnos imputados por el Ministerio Público por no aceptar las restricciones de las autoridades de la universidad deben hacer polladas para costear el proceso judicial en su contra. Se suma a esto el constante atropello a la autonomía universitaria por parte de la Policía Nacional. Por su parte, el Consejo Superior Universitario de la Universidad Nacional de Itapúa (UNI) promovió acciones legales en contra de los estudiantes, y en la Universidad Nacional de Pilar (UNP) el rector diputado, Víctor Ríos, se niega a abandonar su cargo, a pesar de la incompatibilidad.

Para que este proceso esperanzador no termine estoicamente, el estudiantado debe tener un norte fijo y claro, debe dejar la disputa por un momento, concretar la unidad del gremio y presentar un nuevo estatuto. Esta revolución está demostrando que, a pesar del apoyo y confianza de la sociedad, ganan los que tienen más experiencia y resistencia. Y, en este caso, ganan los corruptos y mediocres. Si no se cambia drásticamente de estrategia y de táctica, no tendremos jamás una universidad de excelencia y se volverá a postergar al pueblo. Ojalá que esta Primavera Estudiantil no se convierta en invierno en pleno diciembre.

equintana@abc.com.py

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