Universidad gratuita, una utopía

“La universidad es cara; alguien tiene que pagar” enfatizaba el entonces presidente chileno Sebastián Piñera ante las manifestaciones de los estudiantes que reclamaban una educación superior universal, gratuita y de calidad académica. En nuestro país, existe una exigencia de “arancel cero” en todas las universidades públicas y hay críticas por el alto costo de las cuotas en las instituciones privadas. ¿Es posible el costo cero en este ámbito?

Excepto la vida, que es un regalo de Dios, nada que valga la pena en este mundo es gratuito. Si no pagas de entrada, pagas a la salida, pero siempre hay un costo para disfrutar algo bueno. La educación es un derecho humano, pero asimismo es un producto que, a medida que aumenta sus cualidades, también tiene un precio mayor. Por tanto, una educación superior de calidad demanda un fuerte presupuesto financiero.

¿Quién debe pagar por el buen servicio? Este es el núcleo del debate. En las universidades privadas, obviamente son los propios estudiantes los que deben afrontar casi todos los gastos, con alguna pequeña ayuda de fundaciones filantrópicas. En las universidades públicas es el Estado el que absorbe la mayor parte de los costos y los alumnos aportan una reducida contrapartida con el pago de aranceles por cursos preparatorios, inscripciones y exámenes.

¿Puede concretarse el arancel cero en los centros públicos de educación superior? De poder, se puede, pero habría que analizar si eso sería justo en relación a millones de compatriotas sumidos en la pobreza que también necesitan la ayuda gubernamental.

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Hay miles de estudiantes que pagaron cuotas caras en colegios privados y luego exigen que todo sea gratis en la universidad pública. Hay millares de exitosos profesionales formados en universidades estatales que nunca han donado un libro o una computadora a su facultad de origen. Hay muchos jóvenes de clase media que gastan plata en vehículos, en celulares de última generación y en farras, pero no quieren pagar un guaraní por sus estudios terciarios. En Clínicas, el hospital universitario para los pobres, hay funcionarios y docentes millonarios por recaudaciones de dudoso origen.

Establecer por ley que absolutamente todo será gratis en las universidades públicas solucionará el problema económico de los estudiantes de muy escasos recursos pero, al mismo tiempo, generará una situación de injusticia al favorecer innecesariamente a alumnos de las clases media y alta por el inmerecido regalo.

Quien paga sus estudios secundarios en colegios privados, debería seguir solventando su formación universitaria pues para su familia eso sería normal. Quienes cursaron su educación media en centros públicos sí podrían recibir ayuda estatal a través de becas o exoneraciones en cuanto al pago de matrícula y cuotas, pero en algo deben contribuir para acceder a un título profesional. El esfuerzo personal forma parte del proceso educativo y la construcción de la personalidad de quienes progresan en la vida. Si todo fuese gratis para todo el mundo, ay, ay, ay, la masificación devoraría inevitablemente a la calidad académica.

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ilde@abc.com.py

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