Desbloqueo de listas requiere de sistema certero y veloz

Fue durante 15 años la máxima autoridad electoral de Argentina. Alejandro Tullio, experto en elecciones, estuvo como observador en los comicios de Ciudad del Este. En esta entrevista hace un repaso de la historia reciente de los procesos democráticos de la región. Advierte que el desbloqueo de las listas sábana requiere un cuidadoso, certero y veloz sistema electrónico para que prospere y no genere descrédito.

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– ¿Cuál fue su máxima prueba electoral?

–Todas las elecciones en general son una prueba de fuego. Durante 15 años fui la máxima autoridad electoral ejecutiva de Argentina. Tuve a cargo la Dirección Nacional Electoral, desde el 2001 al 2016. Desde entonces soy director de Asuntos Públicos del Correo Argentino.

–¿Qué tiene que ver con las elecciones?

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–El Correo es la empresa pública que hace la logística electoral y que termina de hacer los cómputos electorales. Si bien ahora mi área es mucho más amplia que antes, sigo vinculado.

–¿Cómo pudo sustraerse de la influencia de ese Gobierno tan monopólico como el de los Kirchner? Se decía que hasta la justicia estaba bajo su férula. Por lo tanto, el poder electoral no podía ser menos...

–No, no. No ocurrió eso. La justicia electoral siempre se mantuvo independiente. Son todos jueces de muy larga trayectoria, no designados por el Gobierno. Fueron designados antes, la mayoría. Por otro lado, yo tenía una ventaja. Era un extrapartidario. Soy de la Unión Cívica Radical. Nunca fui del partido de Gobierno. Soy una persona muy conocida en el pequeño mundo electoral y he sido personalmente siempre muy respetado. Nunca se me pidió nada que chocara contra mi propia convicción y mi propia conciencia. Además, el Gobierno anterior ha tenido dificultades en todas las cosas menos en las electorales.

–¿Cuántas elecciones en Argentina?

–Yo administré ocho. En las del 2001 ganó la oposición, siendo yo del Gobierno de (Fernando) De la Rúa. En el 2003, el favorito de (Eduardo) Duhalde era Kirchner. Ganó Menem. En el 2005, gobernaban los Kirchner, ganó el kirchnerismo. En el 2007 también pero en el 2009 si bien gobernaban los Kirchner, ganó (Francisco) De Narváez la provincia más importante. Ganó la oposición. En 2011 volvió a ganar el Gobierno. En el 2013 ganó la oposición y en el 2015 ganó la oposición. Por lo tanto, yo he administrado más elecciones donde ganó la oposición que el oficialismo. Nunca me incomodaron por eso.

–Con todo ese bagaje de experiencia electoral que tiene, ¿cuál sistema cree que fue más efectivo?

–Hay análisis diversos sobre el impacto de las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias que tenemos nosotros (en Argentina). Todos los ciudadanos están obligados a votar en las primarias de todos los partidos, aunque tengan un solo candidato. Se hacen el mismo día. Ese sistema tiene críticas pero realmente, a los oficialismos no, pero a las oposiciones les permite articular una oferta más amplia. Es un sistema que va en línea con las más modernas tendencias de renovación de la práctica política. Sacando Paraguay, que es una excepción, en todos los países de la región y del mundo la oferta electoral ya no está a cargo de partidos aislados sino de alianzas, de frentes electorales, de frentes políticos. Al estar en crisis los partidos políticos, las alianzas son mucho más que nombres de fantasía. Son otras formas de organizar el poder. Entonces, las elecciones primarias permiten que los egos individuales de los candidatos se pongan un poquito por abajo, compitan en una primaria y luego, el que gana de entre esos competidores internos de la alianza pueda, sin sufrir desgajamientos o debilitamientos, ser candidato de todos los demás. Es funcional a un fortalecimiento de la política...

–En Paraguay no funciona...

–Es distinto. Paraguay sigue teniendo un fuerte bipartidismo más allá de las crisis, si bien el resultado de Ciudad del Este ha sido sorprendente.

–Ganó un independiente. ¿Qué le parece?

–Todos los sistemas políticos deben permitir que el partido gane o pierda, aún los que tengan más aseguradas las cosas. Ningún sistema político debe asegurar el resultado. Tiene que asegurar las competencia. Entonces, no es malo que la competencia sea más pareja...

–Si Paraguay es la excepción, ¿quiere decir que estamos atrasados?

–No, no, que no se mal entienda. A las otras las califiqué como crisis, así que, cuidado. Si hay una epidemia que no haya llegado acá, no significa que está atrasado sino que tal vez tomó las decisiones de salud pública adecuadas. En Estados Unidos están los demócratas y republicanos y a nadie se le ocurriría decir que Estados Unidos está atrasado.

–¿Cuál es su opinión sobre las listas desbloqueadas, la ley que aprobó el Congreso?

–Es un sistema muy viejo. Tiene dificultades técnicas. Por lo tanto, tiene que ser reglamentado, ya no por la voluntad política sino por el conocimiento técnico. Creo que solo puedo dar buenos augurios de eso si paralelamente con la introducción de las listas desbloqueadas se va introduciendo progresivamente, de a poco, con gestión pública, con mucha capacitación, mecanismos electrónicos de votación. Hay que aplicar más tecnología. Es un gran desafío y tienen que hacerlo en conjunto, de manera tal que el impacto técnico de lo que se llama la fontanería electoral –cómo se arma una elección, cómo se cuentan los votos– no genere un descrédito a un sistema que es novedoso y que puede ser positivo si está bien hecho. Lo tenemos que hacer certero y lo más veloz posible. Para eso tenemos que aplicar tecnología, pero no cualquier tecnología: la que corresponde.

–Los expertos hablan bastante del sistema electrónico brasilero...

–El brasilero es muy bueno para Brasil...

–Ya se operó con ese sistema...

–Sí, se operó en el 2003. Lo cambiaron totalmente. Desde 2003 lo cambiaron tres veces.

–No debe ser difícil...

–Para el sistema electoral brasilero, que es distinto. Se vota con un código, se vota un número. Cada país es distinto. Ahora, en el mercado hay tecnologías más baratas. Antes costaba miles, ahora cuesta cientos de dólares. Hay en el mercado soluciones. La tecnología permite eso...

–La tecnología en el sentido positivo ahora. Esta iniciativa de los independientes de Ciudad del Este, de filmar el conteo con sus celulares, ¿cuál es su opinión?

–Está bien. Yo lo que le digo a los veedores de los partidos políticos cuando doy charlas es: “saquen una foto del telegrama de acta de escrutinio y manden por Whatsapp o Instagram a una sede central, de una muestra representativa, y con eso van a tener el resultado”. Ahora la tecnología permite bajar los costos y el tiempo. La tecnología hace que el espacio y el tiempo ya no cuesten tanto. Es el desafío, para bien y para mal. Esto que usted dice, es bueno. Se trabaja sobre la tecnología. Lo bueno de un sistema es que no haya nadie seguro de ganar. El sistema funciona cuando hay sorpresas.

–¿Qué pasa con el sistema democrático? Lo usan potenciales dictadores para perpetuarse...

–Es un nuevo fenómeno. Indudablemente Venezuela es el caso más extremo que, además de autoritario está generando una crisis humanitaria terrible. Lo más grave es cuando la democracia genera mecanismos que abren las puertas al autoritarismo, y eso tiene una responsabilidad. “Al lado de la Estatua de la Libertad, hay que levantar una estatua a la responsabilidad”, decía el pensador Viktor Frankl (1905-1997). Pero Alfonsín, mucho más cercano en el tiempo, en su discurso de Parque Norte en 1985, que fijó las bases de la nueva democracia argentina dijo: “La democracia no reposa tanto en las normas ni en los mecanismos sino en los sujetos. Si la democracia no se enseña y no se hace carne en los sujetos, se termina desvirtuando”. Y fue premonitorio. No es en una elección que se convierte en autoritario. El chavismo lleva ganando elecciones ininterrumpidamente desde hace años. Recién en los últimos años hay denuncias serias de fraude...

–¿Y Nicaragua?

–Nicaragua es otra cosa. En Nicaragua, seguramente las elecciones que llevaron al poder a (Daniel) Ortega fueron limpias al principio, pero luego se empezó a desvirtuar porque, a diferencia de Venezuela, Nicaragua se negó a modernizar el sistema electoral. Se anquilosó y se convirtió en un gobierno autoritario, y tal vez más autoritario que Venezuela, más primitivamente autoritario.

–¿La culpa es de los que votan?

–Uno no puede echar la culpa a los pueblos de Venezuela y Nicaragua, encima que son oprimidos. Pero sin duda, la falta de cultura cívica, la falta de educación cívica crea el caldo de cultivo para incubar autoritarios. Hay que preguntarse, ¿qué está haciendo un gobierno por formar al ciudadano como el verdadero titular del poder y del derecho...?

–¿Y el caso boliviano? Su Presidente (Evo Morales) dice que su reelección indefinida es un “derecho humano”.

–No estoy de acuerdo. Los derechos políticos son parte de los derechos humanos, pero el ejercicio del sufragio, de la participación política no tiene una sola manifestación que ser candidato y que ser Presidente, o ser diputado o ser senador o lo que fuere. El ejercicio de los derechos se ejercen de muchas maneras. Para mí es incorrecto. Hubo un pronunciamiento popular convocado por el propio Presidente, donde se puso en discusión la reelección o no, y (el referéndum de 2016) salió negativo. Él debe respetar el resultado del procedimiento que él mismo impulsó.

holazar@abc.com.py

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