Final de un desencuentro

Hoy se cumplen 78 años de la firma del Protocolo de Paz entre el Paraguay y Bolivia, que, luego de tres años de sangrienta guerra por la posesión del Chaco Boreal, selló aquel estado de guerra y abrió las puertas a un largo periodo de buena vecindad.

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“Dos movimientos de ocupación y en direcciones contrarias tenían que chocar fatalmente cualquier día, y tanto más pronto, cuanta mayor celeridad se imprimiese a ese movimiento”, escribió el boliviano Miguel Mercado Moreira. Y, en efecto, poco después ocurrió que los ejércitos de ambos países se encontraron, iniciando las escaramuzas que prendieron fuego a un dormido polvorín y ensangrentó el suelo chaqueño durante tres años.

Efectivamente, en los últimos años de la década del 20 al 30 del siglo pasado, se sucedieron varios hechos que fueron determinando lo predecible: las acciones de fortín Sorpresa, de fortín Vanguardia, la movilización de 1928, la de Masamaclay hasta llegar a Pitiantuta y, consiguientemente, Toledo, Corrales y Boquerón, para que ambos países fueran arrojados a la vorágine de la guerra que no se detendría sino tres años después.

De nada sirvieron todas aquellas tratativas anteriores, ni la Sociedad de las Naciones, ni la Conferencia de Buenos Aires, ni la de Washington, ni los esfuerzos de la Comisión Interamericana de Conciliación y Arbitraje, ni la Comisión de Neutrales.

En fin, una larga historia de fracasos diplomáticos, que dieron lugar a la prosecución de ese proceso en el ámbito de las armas, desde el 15 de junio de 1932, hasta el 14 de junio de 1935.

La otra guerra, la diplomática

Pero, a la par, siguieron los esfuerzos diplomáticos en busca de una solución del conflicto. El Paraguay estaba dispuesto a aceptar un arbitraje para el reparto ecuánime del Chaco, pero con la condición de que el mismo reconociese como límites paraguayos los ríos Jaurú, por el norte; Parapití, por el noroeste y Pilcomayo por el sur. Estas condiciones no fueron aceptadas por el Gobierno boliviano.

Era interés del Gobierno norteamericano que el diferendo se solucionase por la Comisión de Neutrales, sin tener que recurrirse a la Sociedad de las Naciones, pues ello socavaría su influencia regional.

Originalmente, la Comisión de Neutrales constituida en la Conferencia de Conciliación y Arbitraje de los Estados Panamericanos para ocuparse del problema del Chaco debía estar integrada por la Argentina, Brasil, Cuba, Uruguay y Estados Unidos, pero el Gobierno argentino declinó participar de la Conferencia. Las autoridades de Brasil también rehusaron sumarse a la reunión. Como resultado del alejamiento de la Argentina y Brasil, la Comisión de Neutrales estuvo integrada por cinco países no limítrofes de las partes en pugna –Estados Unidos, Colombia, Cuba, México y Uruguay–.

Por su parte, el canciller argentino Carlos Saavedra Lamas, que no estaba dispuesto a ceder el protagonismo al Gobierno norteamericano en el litigio boliviano-paraguayo sobre el Chaco Boreal, lideró el grupo ABCP (Argentina, Brasil, Chile y Perú), y se opuso al deseo norteamericano de panamericanizar la solución del conflicto.

En sus esfuerzos por obstaculizar la política norteamericana, la diplomacia argentina incluso trató de utilizar la influencia europea a través de la Sociedad de las Naciones.

El 3 de agosto de 1932, los representantes de todas las repúblicas americanas reunidos en Washington efectuaron una declaración, pidiendo encarecidamente a Bolivia y Paraguay que sometieran la controversia a un arreglo por arbitraje u otro medio amistoso aceptable para ambos. En cuanto a las responsabilidades que pudieran derivarse de los encuentros ocurridos desde el 15 de junio, se les pedía a los países en conflicto que presentaran a la Comisión de Neutrales toda la documentación y que el agresor aceptara dar satisfacción al agredido, eliminando toda desavenencia entre ellos. Se los invitaba a paralizar los movimientos de tropas en el territorio disputado y se les advertía que no sería reconocido arreglo territorial que no fuera obtenido por medios pacíficos.

Pese a todos estos intentos, las tratativas siguieron, pero no pasaron de meras conversaciones de sordos. Mientras, los cañones siguieron su ronco lenguaje de fuego.

Por fin la paz

Recién con el rotundo triunfo paraguayo de la batalla de Ingavi, se abrió la puerta para la paz, lo que se logró con la firma, el 12 de junio de 1935, del Protocolo respectivo, que ordenaba un armisticio de 12 días. Luego de 1.095 días finalizó “la más estúpidas de las guerras”, como la calificó el conductor civil de la contienda por el lado paraguayo, doctor Eusebio Ayala.

Efectivamente, luego de intensas negociaciones, el mediodía del 12 de junio de 1935 Luis A. Riart, canciller paraguayo; Tomás M. Elío, canciller boliviano; y los negociadores Carlos Saavedra Lamas, canciller argentino; José Carlos de Macedo Soares, canciller brasileño; José Bonifacio de Andrada e Silva, embajador brasileño; Luis Alberto Cariola, embajador Chileno; Félix Nieto de Río, delegado especial chileno; Alexander W. Wendell y Hugo Gobson, embajadores norteamericanos; Felipe Barreda Laos, embajador peruano y Eugenio Martínez Thedy, embajador uruguayo, concertaron la cesación de hostilidades entre el Paraguay y Bolivia por medio de una Conferencia de Paz, convocada por el Gobierno Argentino.

Tres años siguieron los trabajos diplomáticos para lograr finalmente el tratado de paz entre ambos países. Tres años ricos en acontecimientos, muchos de los cuales estuvieron a punto de hacer fracasar las negociaciones, hasta que por fin, el 21 de julio de 1938, tuvo lugar en Buenos Aires la solemne firma del tratado de paz entre nuestro país y Bolivia.

El sacrificio y la sangre derramada a lo largo de tres trágicos años por nuestros mayores no fueron en vano: se firmó un tratado –que tuvo y tendrá sus puntos puestos en tela de juicio, pero fue un tratado que trajo paz por casi 80 años.

Hoy, el Chaco Boreal constituye la reserva natural que garantiza el futuro del Paraguay de cómo país y nos corresponde a nosotros y a las generaciones que vendrán, construir esta paz en beneficio de nuestros pueblos.

surucua@abc.com.py