La gran vida en Londres a costa de jubilados de Itaipú

En el 2007, los venezolanos Marcelo Barone y su esposa Elisabel Vázquez se mudaron de Caracas a Londres. Allí compraron y alquilaron propiedades, Ferrari, BMW y se entregaron a una lujosa vida. Las extravagancias no estarían mal si no las hubieran costeado jubilados de Itaipú. Fuimos a Londres a seguir las huellas del dinero y los hallazgos sobrepasaron la imaginación. Es parte de un total de US$ 121 millones que podrían ya no volver al país.

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Marcelo Barone (49), venezolano, se hace llamar Doctor y dice tener un PhD de no se sabe qué universidad. Asegura que sus especialidades incluyen asesoramientos en deudas públicas en Venezuela, Brasil y Argentina, y hasta “contribución para la creación de modelos algorítmicos y la construcción y administración de redes comerciales”.

Semejante currículum habrá deslumbrado a los consejeros de la Caja de Jubilaciones de Itaipú. Tanto que en el 2006 decidieron entregarle los primeros US$ 4 millones para inversiones de alto rendimiento.

En el 2007 convenció también a casi una docena de consejeros, incluyendo el síndico, para llevarse otros 32 millones de dólares. Y se los llevó sin contrato, con solo hacerles firmar a todos una especie de “Pacto social” que él mismo nunca firmó. Cajubi no tiene ni papel higiénico firmado por Barone excepto unos mediocres reportes nunca supervisados por auditores.

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Era marzo del 2007, y la vida de él y su esposa la abogada Elisabel Vázquez habría de cambiar radicalmente desde el modesto barrio Paraíso en Venezuela.

De Caracas a Londres

Barone migró su nivel de vida de modestos hoteles a más lujosos. Empezó a viajar a través de Europa y a finales de marzo anunciaron su mudanza a Londres. Habían pasado menos de 3 semanas del día en que Cajubi depositó los primeros millones de euros en una cuenta londinense en el Citibank.

Para manejar la plata sin mayores inconvenientes, transfirieron el dinero que Cajubi les había depositado a una nueva abierta en HSBC. Esto sin contar que Barclays Bank les negó la apertura de una cuenta por falta de credibilidad.

A partir de allí se movieron rápido. Alquilaron una oficina en el elegante barrio Mayfair de Londres, a una cuadra de Oxford Street, la calle de mayor movimiento comercial, donde se instaló Barone. En otras oficinas, en Ealing, se instalaron su esposa y un pequeño equipo. Compraron un BMW 7.5 para la oficina que fue equipada con lujosa tecnología Apple.

Para vivir escogieron un elegante departamento a la vuelta de sus oficinas en Mayfair (donde conviven, entre otros vecinos, con la Embajada americana). Allí vivieron hasta hace poco sobre 100 Park Street, según registros públicos ingleses.

El 12 de abril del 2007 compraron la primera propiedad. Llamativamente no usaron Euroinvest ni Plainc con las que habían cerrado los negocios con Cajubi. Utilizaron Manhattan Group of Companies Ltd, a través de Manhattan Houses, sito en las mismas oficinas que usa hasta hoy día Barone. Pagaron US$ 4.400.000.

El 20 de agosto del 2007 compraron un segundo departamento. Usaron otra empresa, Platinum Saint James Ltd, que domiciliaron en el paraíso fiscal de la isla de Guernsey, cerca de Inglaterra. Pagaron más de US$ 6 millones de dólares por el lujoso inmueble.

El ritmo de vida incluyó dos lujosos Ferrari 599 y 612, color negro ambos e importados de Italia. Uno manejaba él, otro para ella. El costo orilló el medio millón de euros, unos G. 2.800 millones al cambio actual.

Euroinvest y Plainc quedaron para la historia. El que no pensó lo mismo fue la Comisión Nacional de Valores de Panamá (CNV) que en julio del año pasado alertó que Plainc nunca tuvo licencia por lo que no tenían autorización para hacer negocios de intermediación de valores o de inversión en o desde Panamá.

Nuestro diario fue hasta la casa y las oficinas de Barone e insistimos un par de veces, pero nadie nos atendió. De hecho se filtró en Paraguay y ellos se enteraron en Londres de que había alguien investigando la historia.

Los US$ 36 millones llevados por Barone son apenas parte de un trágico total de US$ 121 millones que podrían nunca más ser recuperados. Según estudios financieros, en 5 años más, Cajubi correrá serios riesgos de subsistencia.

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