La investigación es el arma nuclear de los periodistas

Mercedes Vigon, docente de periodismo y directora del Centro Internacional de Medios de la Universidad Internacional de Florida (FIU) compartió con periodistas locales su vasta experiencia en la verificación de datos en la era digital. En esta entrevista habla de los riesgos de la investigación periodística y resume que es el arma nuclear de los periodistas contra los funcionarios corruptos y el crimen organizado. Se refiere a los abusos y las mentiras que se exponen a diario en el internet. “Contra la verdad no se puede”, remarca, pero advierte que tiene sus riesgos y muchas veces los trabajadores de prensa pagan con la vida como ocurrió con el periodista de ABC, Pablo Medina.

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–¿Por qué de repente preocupan las noticias falsas en internet si siempre hubo? 

–Las noticias falsas han existido siempre. Siempre hemos tenido que lidiar con alguna fuente maliciosa que nos acarrea problemas si no la verificamos. Lo que pasa ahora con las nuevas tecnologías es que corre todo muy rápido y entonces una noticia falsa puede alcanzar una potencialidad que tenga valor... Hoy se puede crear un usuario o un robot informatizado y se pueden crear miles de usuarios, entonces ya no es una mentira. Son miles de personas. Eso oscurece mucho la historia. Si usted tiene una historia contraria tiene que competir contra miles. Es complicado.

–¿Hay alguna historia que nos puede ilustrar sobre este fenómeno? 

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–La más reciente ocurrió en las elecciones en Alemania donde se analizó un montaje para decir que hubo fraude pero era uno de esos robóticos. Un grupo que quería influenciar o confundir creó todo ese proceso de mentiras. Algo parecido le pasó a esta periodista de CNN, (Carmen) Aristegui...

–¿Qué pasó con ella? 

–Le armaron una campaña de difamación. Eran aparentemente miles de personas atacándole... Pero estos ya son otros fenómenos a los que llaman Trolls (mensajes provocadores, maliciosos). Atacan por todas las redes sociales lanzando amenazas constantes: “te vamos a matar”, “sabemos dónde vives...”. Es una campaña difamatoria. La diferencia hoy es que se mueve con más rapidez y proviene del crimen organizado.

–Cada tanto se mata en internet a un famoso...

–En Miami mataban cada tanto a (Fidel) Castro. Tanto se lo mató que ya nadie le llevaba el apunte. Y (Hugo) Chávez: circuló aquella fotografía de Chávez casi moribundo. Todo fue montaje.

–Hace poco mataron al papa Benedicto.

–Sí, y todo el mundo se lo creyó y además está “a punto de caramelo...”.

–¿Cómo combatir las mentiras? 

–Hay que reaccionar rápido. Si espera a mañana, la mentira que llegó a 200 se puede multiplicar a cuatro millones. La mentira se combate con la verdad pero tiene que ser rápido para que no haga daño.

–Pero también hay una tentación en muchos periodistas de usar internet para inventar o plagiar...

–El riesgo es perder la reputación, la credibilidad y hasta el trabajo. Si lo hizo una vez es fatal. No le van a perdonar: “A ver qué mentira va a contar este caballero hoy....” dirá el lector. Hay mandamientos básicos como la Biblia: “No matarás”, “No mentirás”...

–En la región estamos viendo el desmoronamiento de los medios de gobiernos populistas y la corrupción que ocultaban atacando a los más serios. Pasa en Argentina, Ecuador...

–La investigación molesta. Es el arma nuclear de los periodistas. Es por donde el periodismo dispara cañones. Contra la verdad no se puede. Cuando usted sale con los documentos, los testimonios para demostrar que el dinero del político está en un paraíso fiscal, lo pone en un aprieto.

–Él puede decir: “es la herencia de mi abuelita”.

–Pero la abuelita vivió toda su vida en su chacra y cultivaba tomates.

–“Pero ahorró toda su vida”, le van a decir.

–Pero cuando el público lee que son cuatro millones de dólares... “¡Qué mucho ahorró la abuelita!”. No quedan excusas...

–La investigación tiene también consecuencias. Se mata...

–Una de las cosas que estamos promocionando hace bastante tiempo son la creación de unos network (redes) de apoyo para el periodista de investigación. Son unos protocolos de seguridad. Yo estaba trabajando con periodistas en Ciudad Juarez (la conflictiva población fronteriza entre México y Estados Unidos), pero en el 2001. No hay mejor sitio para historias. Era el Disney World para periodistas. Hoy ya no es tan cómodo ir allí porque se mata. Entonces, lo que se trata es de crear protocolos como si estuviésemos en una zona de guerra. Se entrena a los periodistas a estar en comunicación permanente con el editor. Si por ejemplo no llama en dos horas, se activa el protocolo de alarma. En Perú, en la época de Fujimori había un periodista ecuatoriano de apellido Gorriti. Fujimori lo tenía fichado. El día que hizo su autogolpe, esa noche lo mandó arrestar. Gorriti lo sabía. Él estaba adherido a una cadena de periodistas internacionales. Su mujer llamó a esa cadena. Se montó tal escándalo internacional que Fujimori tuvo que soltarlo a las 48 horas.

–¿Lo querían matar? 

–Ellos se la tenían jurada. Se pasaba escribiendo contra Fujimori y Montesinos (lugarteniente del Presidente) y no lo pudieron matar. La cadena de protección de periodistas fue más fuerte. Acuérdese que ellos mataron pueblos enteros, pueblos indígenas, con la excusa de la lucha contra la subversión. Con Gorriti no pudieron por la presión internacional.

–¿Había más peligro antes que ahora? 

–Los peligros hoy, yo creo, provienen más del crimen organizado. Es cierto, muchas veces provienen del Gobierno pero de estamentos donde se ha filtrado el crimen organizado en el Gobierno. El problema es el crimen organizado. Bueno, digamos que ser periodista nunca ha sido un oficio de rosas. Siempre está el peligro latente. Usted puede mirar hacia atrás y evaluar lo que tenemos delante. ¿Ahora está un poquito mejor? Un periodista argentino amigo dice: “No hay sangre, estamos bien”.

holazar@abc.com.py

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