Quedan sin sustento los argumentos de excavadores del “Silvio Pettirossi”

Aunque un poco de sentido común ya es suficiente para concluir que una serie de “cráteres” en un aeropuerto internacional mal podría tener una justificación militar o de “defensa nacional”, más aún en tiempos de paz, ahora surgen documentos y testimonios que dejan por el suelo tal alegato de los excavadores. Otros argumentos de los responsables también perdieron sustento en los últimos días.

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El primer argumento que quedó en entredicho en el caso de las excavaciones en el aeropuerto Silvio Pettirossi fue el referido a la naturaleza de la obra, pues mientras la Dirección Nacional de Aeronáutica Civil (Dinac) dijo que solicitó permiso para un canal de desvío del arroyo Itay para alivianar los desbordes en días de lluvia, autoridades de la Secretaría del Ambiente (Seam) aseguraron en su comparecencia testifical que ellos aprobaron solamente “un canal perimétrico” para proteger la integridad de la pista de aterrizaje.

Entre estos dos testimonios hay mucha tela que cortar, pues en realidad la Dinac pidió permiso para un “canal perimetral”, pero anexó el plano de un canal para el desvío del Itay, que no fue consignado específicamente en su solicitud y tampoco fue tomado en cuenta en la aprobación de la Seam.

El contrasentido de parte de la Seam sobre este punto es que envió luego a sus fiscalizadores a medir los fosos según las medidas que constan en el plano presentado por Dinac y ordenó parar la excavación cuando las mismas fueron sobrepasadas (20 metros de ancho y 5,5 metros de profundidad).

Posiblemente, con estos detalles le será fácil al fiscal que investiga el caso, Carlos Rojas, definir algún tipo de connivencia Dinac-Seam.

En segundo lugar, el presidente de la Dinac, Carlos José Fugarazzo, sostuvo ante la prensa que la obra había sido recomendada por un estudio especializado y por un organismo internacional a fin de liberar la pista de las aguas de lluvia que invaden el sitio cuando se dan grandes precipitaciones. Ciertamente, el estudio existe, pero en el mismo los especialistas recomiendan dar prioridad a la construcción de canales perimétricos al este del aeropuerto, y también al sur. Sin embargo, las actuales excavaciones se hicieron en el lado oeste del aeropuerto y hacia la cabecera norte de la pista, es decir, en el sentido contrario de lo aconsejado por los técnicos.

Canal de desvío o un “aliviadero”

La versión de la Dinac de que se trata de un “canal de desvío” quedó también ahora en entredicho con la afirmación de la contratista Las Residentas (CIV de Isacio Vallejos y M&T de Julio Mendoza), que en un reciente comunicado a la opinión pública sostiene en su defensa, de forma terminante, que la obra es “un canal aliviadero y no fosas ni desvío total”, y para que no haya dudas añade que “este canal aliviadero funcionará solo en grandes lluvias, ya que su fondo será más alto que el del arroyo Itay, por lo que no hay acción de desvío de las aguas normales del cauce”.

Posiblemente, tratan de encuadrarse ahora a la recomendación técnica citada anteriormente que incluye la eventual construcción de un “pozo de retención de aguas pluviales de unos 200.000 m3 (255m x 255m, y 3 m de profundidad)”.

La diferencia es que la recomendación es poner dicho pozo en la zona norte del aeropuerto, por encima; es decir, al este del cauce del arroyo, y no por abajo, al oeste, como excavaron ahora. Y la condición es que primero se hagan los canales necesarios al este de la pista de aterrizaje.

Argumento militar

El uso “militar” de los fosos, principal argumento de la Seam, presidida por el ministro Heriberto Osnaghi, para dar la eximición de evaluación de impacto ambiental, también ya cayó en saco roto. Primero que esa parte del terreno es municipal y no militar; segundo que la Fuerza Aérea ya negó cualquier participación o solicitud de dichas obras, y tercero que algunos dictámenes de los asesores de la Seam responsabilizan a dicha institución antes que liberarla de culpa.

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