Rusia dejó de lado los ideales de una sociedad igualitaria y solidaria

Este artículo tiene 15 años de antigüedad

El período soviético pasó al olvido sin pena ni gloria, salvo en crecientes personas nostálgicas que añoran la seguridad de salir a las calles sin temor a asaltos. Poco más de 80 años la Unión Soviética vivió bajo el socialismo. Al caer la URSS no quedó nada de aquellos ideales de una sociedad igualitaria y sobre todo solidaria. Rusia vive hoy el extremo de un capitalismo salvaje.

 

Rusia vivió poco más de 80 años bajo la dictadura del proletariado. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) estableció como ideal de convivencia, la igualdad y la solidaridad. El socialismo sentó sus bases en un gigantesco país, transformado en imperio.   

La desintegración de la Unión Soviética desmoronó como un castillo de naipes un conjunto de países que integraban un bloque por imposición de la fuerza. La dictadura del proletariado hacía honor al régimen.   

El paso de 80 años puede ser suficiente para consolidar ideales de convivencia social, sin embargo en la Rusia actual no quedan rastros de la solidaridad e igualdad que dieron cimiento a un imperio. Peor aún, los dirigentes políticos actuales fueron defensores a ultranza del modelo socialista.   

Sin ir más lejos, Vladimir Putin fue un alto oficial de la KGB. Putin se convirtió en el árbitro de la política de Rusia a partir de la caída de la URSS.   

Los extremos terminan siendo iguales: en la Unión Soviética la dictadura de izquierda se impuso por la fuerza; en Paraguay, el totalitarismo de derecha hizo gala de hegemonía.   

Y ambos pueblos enfrentaron los mismos problemas, como resultado de la falta de libertades públicas y respeto a los derechos humanos.

Los extremos se unen

En Rusia, los principales referentes de la extrema izquierda, grandes defensores del socialismo, se repartieron los principales negocios del país. La "democracia" se convirtió en sinónimo de corrupción y oportunismo.   

En Paraguay, el soporte de la dictadura de Alfredo Stroessner fue el Partido Colorado. Al caer Stroessner, la "transición democrática" estuvo dirigida por cada uno de los hombres que  destruyó el tejido social de nuestro país.   

En países separados por 15.000 kilómetros es cada vez mayor el número de personas que reniega de la democracia como modelo de convivencia social y política. En Moscú la gente común no duda en reconocer que está harta de la democracia.   

Indignan la riqueza de los dirigentes políticos y la corrupción del poder judicial. Moscú es la ciudad con mayor cantidad de millonarios del planeta y en sus calles circulan tal  cantidad de vehículos de la exclusiva marca Bentley como no se ve en ningún otro lugar.   

Cada uno de los Bentley puede llegar a costar 800.000 dólares. Y en Moscú se ven en cada semáforo.   

Si agregamos que Moscú es la ciudad más cara del planeta, se puede tener una idea del porqué se añoran los días del soviet; por lo menos la ostentación de riqueza mal habida no llegaba a los extremos groseros de la actualidad.   

No terminan allí las coincidencias con Paraguay: ambos países tienen un proceso histórico estrechamente ligado con gobiernos totalitarios.   

Buena parte de la historia de Rusia es la historia de los zares. Ingresar al Museo del Kremlin es una experiencia fascinante. La extraordinaria colección de objetos que pertenecieron a sucesivos reyes permite mantener viva la presencia de los zares.   

Mirando los objetos de culto utilizados por la familia imperial se puede entender el odio visceral del régimen soviético contra las estructuras religiosas.

Las biblias, por ejemplo, tenían encofrado de oro, con chapas de plata y adornos en piedras preciosas; el pueblo ruso mientras tanto moría de hambre.

Al período de los zares siguió la dictadura del proletariado, donde la brutalidad, la violación sistemática de los derechos humanos y el totalitarismo se convirtieron en política de Estado.

El período que nuestros países viven no puede ser considerado democrático. Ambos tienen en sus manos una libertad restringida, controlada por grupos de poder tanto político como económico.

La gente, mientras tanto, aspira a vivir sin  temor a los asaltos, a seguridad y a mejores condiciones laborales.

En Moscú y en Asunción las esperanzas son las mismas, pero donde el desencanto tiene su misma raíz: la "democracia" se convirtió en sinónimo de corrupción.

 

Próxima nota:  La mafia, nuevo árbitro de la vida  rusa.