Ancianos por un instante

La aplicación FaceApp fue un día de diversión para mucha gente que pudo ver su imagen avejentada. Unos la compartieron, otros la ocultaron o no les interesó. “Para algunos, es un simple juego; para otros, tiene connotaciones inconscientes”, dice la psicóloga Gabriela Casco Bachem.

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“El ser humano siempre ha tratado de controlar o, al menos, predecir de alguna manera el futuro y así manejar lo que podría pasar. En el caso de esta aplicación que nos muestra cómo podría ser nuestro rostro dentro de algunas décadas, se volvió furor para algunos, mientras que otros no se animaron al quiebre narcisístico”, inicia la psicóloga Gabriela Casco Bachem.

–Esta app fue un éxito y provocó distintas reacciones: risa, miedo, vergüenza, tal vez sentimientos encontrados.

–Vivimos en una sociedad en la que la connotación de la belleza es demasiado importante. También la vejez suele asociarse con enfermedad y falta de vitalidad. Envejecer puede tener diferentes asociaciones subjetivas para cada persona, de acuerdo a cómo vivió dentro de su contexto familiar, social cultural.

–¿Cómo diría que lo vemos nosotros?

–Para los occidentales en general, la vejez es algo contra lo que hay que luchar, casi como una enfermedad. Y hay un mercado multimillonario que ofrece cada vez más opciones para aminorar la evidencia del paso inexorable del tiempo, mientras que para los orientales, el hecho de lucir canas y arrugas inspira sabiduría y respeto. Pero para cada persona envejecer tendrá que ver con las experiencias vividas en su familia, con enfermedades que se temen. Por eso es que hay que respetar la reacción de cada uno, ya que si para algunos es un simple juego, para otros tiene connotaciones inconscientes que derivan en un verdadero malestar.

–¿Qué de positivo sacamos viéndonos viejos?

–En una sociedad en la que el imperativo social y cultural exhorta a la belleza y perfección para sentirse aceptados, amados (likes) creo que este tipo de juegos puede flexibilizar un poco el temor al paso de los años, al exponer las fotos como un juego, sin temores ni complejos. También puede funcionar para poner en práctica la aceptación y empezar a honrar esas arrugas que llegarán y así envejecer con dignidad y naturalidad.

–Pero es una diversión temible. ¿Puede hacerse también con fotos de otra persona y publicarla aun sin su consentimiento?

–La susceptibilidad se pone a prueba con el uso de las redes. Estamos expuestos a este tipo de bromas y juegos. No obstante, no todos tenemos el mismo sentido del humor y lo correcto es respetar al que no se sienta cómodo. Inmediatamente nos damos cuenta de la intención de la persona que nos expone, si quiere hacernos sentir mal o que simplemente jugó.

–Además de esta aplicación, ¿habría otras para cambiar nuestra imagen, color de piel, de ojos, de sexo, etc?

–Todo lo que tenga que ver con el narcisismo y la imagen vende, se vuelve viral, tiende a atrapar la atención de las personas, porque es proyectivo, nos identificamos. Este juego podrá ser divertido para aquellos que no teman que el amor o la aprobación de los demás esté fundado en su imagen, en lo que los demás puedan ver en sus fotos.

–¿Cuáles son los valores más encumbrados socialmente?

–La necesidad de ser aceptado se basa hoy en la juventud y la belleza. La edad madura parece no encontrar registro social, en especial en las mujeres, aunque los hombres no se quedan atrás. Ambos buscan aceptación, reconocimiento social, pero a veces a un precio muy alto. En una encuesta en Francia, el 89% de los participantes reconoció que el ser humano necesita encontrar un sentido a su vida. El psiquiatra Víctor Frankl afirma que la neurosis de nuestra sociedad es el vacío existencial y que, para evitarlo, hay que llenarlo con aquello que después tememos perder: juventud, belleza, una casa envidiable, un puesto de prestigio en una empresa. Creer que la identidad y valor personal dependen del tener y no del ser es el origen de los miedos y la inseguridad.

–En este nuestro tiempo, ¿cómo adaptarnos a la exposición social virtual?

Independiente del juego, se pone en tela de juicio no solo nuestra susceptibilidad sino también la amistad que tenemos, nuestra autoestima, nuestra forma de percibir lo impredecible e incontrolable de las cosas, cómo esto nos afecta. Pero también tenemos que saber que existen formas de denunciar y proteger nuestra privacidad e identidad cuando las cosas se salen de una simple broma.

QUERERNOS A TODA EDAD

“La auténtica belleza no puede verse y todos podemos anhelar tenerla independientemente del físico. En la medida que la aceptación de nosotros mismos y el conocimiento de las motivaciones personales sean la guía de lo que se desea, la felicidad puede ser la estación permanente donde instalarse. Es más difícil que la persona pierda lo que posee que lo que es. Perder la juventud es ley de vida. Se disfruta de las sensaciones vitales que nos dan las aplicaciones, las redes, el poder embellecernos, pero la fuente verdadera es el espíritu y el corazón, sin filtros ni tiempo. Si no nos aceptamos sin filtro, no habrá forma de modificar aquello que no aceptamos de nosotros mismos o que buscamos en la aprobación de los demás, por eso mismo se puede volver compulsivo, lo que nos invita a analizar con más profundidad este complejo”, finaliza la profesional.

lperalta@abc.com.py • Fotos Internet.