El luminoso “Ofertório” de Caetano y sus hijos

Anécdotas y recuerdos familiares, miradas y sonrisas de satisfacción compartidas, la ebullición del talento que corre y va más allá de las venas, talento que llega al alma. “Ofertório” es casi como estar en un living con los Veloso, pero participando de una sofisticada peña. Es el regalo de Caetano a sí mismo, a sus hijos y a su público; es bálsamo en tiempos turbulentos.

El luminoso “Ofertório” de Caetano y sus hijos
El luminoso “Ofertório” de Caetano y sus hijosMavi Martinez Vrignaud

El show “Ofertório” fue presentado el pasado domingo 22 de septiembre, en el Teatro El Círculo, de la ciudad de Rosario, donde asistimos. Es parte de una gira que ya lo llevó por varias ciudades de Brasil y otros países de América y Europa.

Gracias a lo citado, la gente puede presenciar por primera vez al clan Veloso cantando y tocando juntos en un escenario. Y ser partícipe de este ritual musical es francamente maravilloso, porque Caetano con Moreno, Zeca y Tom transmiten esa felicidad del compartir musical, con ternura y alegría tan honestas.

El concierto está planteado desde lo minimalista, pasando por la escenografía (un círculo de luz al fondo, como un sol o una luna; una tela que atraviesa el escenario, como una hamaca, y otro pedazo colgando al costado. Son los efectos de luces los que ponen tono a cada clima), y por lo musical, pues la instrumentación es sencilla, sincera, pero profunda.

El show, como en casi toda la gira, abre con “Baby”, “un emblema del tropicalismo”, al decir de Caetano, y sigue con “O seu amor”, de Gilberto Gil. La celebración sigue con “Boas vindas”, compuesta al nacer Zeca. Y es justamente él (el hermano del medio), quien luego se apodera de la atmósfera con su envolvente “Todo homem”, de extrema delicadeza compositiva, y en la que su voz se desenvuelve en un registro de voz increíblemente agudo. Al mando de un piano Rhodes, su intervención fue hipnótica.

Así, el espectáculo, en el que priman los temas de Caetano, también da lugar a temas de Moreno, Zeca y Tom, a quienes el padre los presenta con evidente y tierno orgullo. “Tom dice que no le gusta cantar, pero ahora les va a cantar”, dice entre risas, para presentar “Clarão”, del Veloso menor, y cuya voz también adquiere ese matiz aterciopelado. “Tom cantará más”, dice el padre al final, para presentar el dueto que haría este junto con Moreno para “De tentar voltar”, compuesta por el hermano mayor.

Tom, descalzo, tomaría luego el escenario para bailar su cruce de funk y samba “Alexandrino”, entre los gritos y los aplausos de la gente y, luego, llegaría a la tranquilidad con su “Um só lugar”, demostrando su evidente versatilidad.

“No soy religioso, pero mis hijos sí”, expresó Caetano en un tramo del show para presentar el tema que da nombre al disco, y que compuso para la misa por los 90 años de su fallecida madre. “Es también un homenaje a la religiosidad de mis hijos”, añadió.

“Nosotros no sabíamos todas las canciones de mi padre”, bromeó luego Moreno antes de entonar “O leaõzinho”. Entre tanto Caetano, después contó que haría canciones dedicadas para dos madres de tres de sus hijos, entre el murmullo de risas generalizado. Así sonaron “Ela e eu” y “Não me arrependo”.

Luego llegó la “primera colaboración” de Moreno y Caetano. Moreno “tenía 9 años, y puso la letra”, bromeó el padre para hacer “Um canto de afoxé para o bloco do ilê”. Ya con 29 años, el mayor compuso con él “How beautiful could a being be”, que también sonó en la noche.

Los cuatro salieron de escenario en la primera “despedida”, pero ante el clamor volvió justamente Moreno, y esta vez el grito de “Lula libre” empezó por la platea. Él no dijo nada, y solo expresó: “Nosotros necesitamos en Brasil de mucha fuerza”, antes de entonar “Canto de um povo de um lugar”. Volvió el resto de la familia para “Deusa do amor” y “Cachito”. Caetano regaló al público una emotiva “Tonada de luna llena”, para despedirse todos al son de “Tá escrito”.

En un show de cerca de dos horas, sonaron también “Genipapo absoluto”, “Um passo a frente”, “A tua presença morena”, “Trem das cores”, “Oraçao ao tempo”, “Alguém cantando”, “Reconvexo”, “Força estranha”, “A luz de Tieta” y “Gente”.

Por partes sí, es como un “greatest hits” de Caetano, pero es la magia que emana esa sinergia con sus hijos lo que hace de este un concierto único. Un show pensado para el disfrute de la propia familia, ya que también es producido por su esposa, Paula Lavigne; como también del público, que celebró cada interacción entre padre e hijos.

Este concierto se dio a solo días de la “polémica” desatada por el “Lula libre” exclamado por Moreno en el Gran Rex de Buenos Aires, pues un economista argentino (Roberto Chachanosky) pidió a la ticketera la devolución de su dinero porque solo quería asistir a un concierto de música y no a un acto político, según expresó. Pero Caetano y sus hijos demostraron que la mejor resistencia, o el mejor combate, es el que se lucha desde los escenarios, a través de acordes, melodías y letras.

Que un artista no pueda expresar sus pensamientos, estemos de acuerdo o no, es muestra de intolerancia, y raya la censura. ¿Qué somos si no expresamos lo que sentimos? ¿Si no gritamos la injusticia, o si no defendemos tanto ideas como ideales? ¿Y qué mejor vehículo para eso que el arte, que desde tiempos inmemoriales ha sido una forma de expresión y manifestación? Qué mejor que el “Ofertório” de Caetano y sus hijos.

Texto y fotos mavi.martinez@abc.com.py