Un adiós que no fue

Cada historia de un sobreviviente de cáncer involucra a un ser humano y toda su familia. Hay casos en los que, casi inexplicablemente, la enfermedad retrocede o desaparece. Guillermo Escobar da testimonio de un final para él milagroso.

Guillermo Escobar con su esposa, Sandra.
Guillermo Escobar con su esposa, Sandra.VIRGILIO VERA

“No sabemos a ciencia cierta cuándo empezó el cáncer, pero el 28 de mayo del 2012, mi esposa y yo recibimos el resultado de la biopsia de una muestra que envió el gastroenterólogo, tras realizar una endoscopía. En ese informe constaba que era un adenocarcinoma gástrico (cáncer de estómago) poco diferenciado, de tipo difuso. Tenía entonces 45 años”, cuenta el Ing. Guillermo Escobar (51), acompañado de su esposa, Sandra, docente diplomada en Orientación Familiar. Tienen siete hijos.

–¿Qué decidieron hacer después de leer el informe?

–Con ese informe fuimos nuevamente al gastroenterólogo que indicó una operación de forma urgente, a la vez que otros estudios. Con esos resultados se indicó una cirugía el 5 de setiembre de 2012 en un sanatorio privado (teníamos seguro médico). Después de evaluarme, un médico clínico y una doctora nutricionista me explicaron que el cáncer estaba avanzado y que había que quitar el estómago por completo.

–Sinceridad médica y científica...

–Sí, también cuando el médico cirujano me examinó me dijo que por el tamaño del tumor era muy probable que las células cancerosas ya no estuvieran solo en el estómago, sino en más partes del cuerpo.

–¿Qué ocurrió el día de la operación?

–Se hizo tal como se fijó. Entré a la sala de cirugía a las ocho de la mañana. Media hora después, le avisaron a mi esposa que no había sido posible operarme porque había metástasis en los ganglios, que estaban todos tomados y que en esas condiciones no resistiría un tratamiento médico sin estómago. “Pequeños acúmulos y células atípicas en senos linfáticos. Diagnóstico compatible con un carcinoma gástrico metastásico”, eso quedó escrito en el informe. Entonces iniciamos la quimioterapia.

–¿En cuánto tiempo se desarrolló el cáncer?

–Muy rápido, yo tenía unas molestias en el estómago, acidez, y solo me sentía mal los fines de semana, pero lo atribuía al vino que solía tomar a veces en la cena de los sábados. Cuando las molestias se hicieron más constantes, fui a la urgencia de un sanatorio y la doctora me dijo que era colon irritable y me dio una dieta. Mi esposa, sin embargo, insistió en que viera a otro profesional. Conseguí una cita con el Dr. Rodolfo Petersen, que me diagnosticó una gastritis y me indicó una endoscopía de inmediato. El doctor quiso saber el origen de esa gastritis y entonces fue que envió la muestra para la biopsia.

–Todo eso ocurrió en días…

–Sí, desde el inicio de la consulta hasta el día de la operación solo pasaron doce días.

Contención familiar

En cuanto Guillermo supo del cáncer, sus complicaciones y riesgos, empezó a hablar con su esposa sobre qué debía hacer ella. Le dio indicaciones sobre los documentos de préstamos que tenían, le dijo que no debía vender la casa porque había pocas esperanzas de curación y le adelantó que probablemente tendría que dejar su trabajo de profesora en un colegio –que ella ama– “para trabajar en la fábrica donde yo lo hacía”.

Pese a todo, Sandra se mostró tranquila. “Es una mujer de mucha fe, incluso en dificultades serias de embarazos por cesárea, siempre estuvo serena y confiada. Ella es creyente y con mucha formación espiritual”, resalta el esposo.

Habían visto cada detalle juntos, hasta el sepelio. Además, debían solventar el tratamiento médico, lo cual no era fácil, más con siete hijos. “Ambos trabajábamos, no habíamos padecido estrecheces, pero tampoco nos sobraba. Nuestros hijos iban –todavía van– a excelentes colegios y tenían actividades extracurriculares”.

Para pagar el plan de quimioterapia, los amigos y parientes estuvieron presentes, se hicieron funciones de cine y una cena a beneficio; todo con increíble respuesta de la gente. Guillermo pudo haber ido a Brasil a tratarse, pero no quiso. Decidió confiar en los médicos paraguayos y quedarse en Asunción, sobre todo para estar al lado de sus hijos. “No quería oportunidades extraordinarias, elegí confiar en que los planes de Dios son perfectos”.

Los hijos también asumieron la posible inevitable partida. “Esa fue la parte más dura, nos preparamos muy bien con Sandra y resolvimos hacer dos grupos para informarles. Primero a los mayores y después a los menores, salvo a la más pequeña que tenía dos años, aunque ella también lo supo a su manera”.

Resultado sorprendente

Guillermo se sometió durante un mes a sesiones diarias de quimioterapia, debía hacerlo por nueve semanas. A las cuatro semanas y media, el oncólogo Mario Meyer pidió estudios para ajustar la dosificación y en ellos se vio una reducción del 50 % con respecto al estudio anterior.

Ante ese panorama, el experto indicó una nueva cirugía, ya que el cáncer había retrocedido y solo estaba localizado en un área muy pequeña del estómago. El paciente fue operado el 10 de noviembre del 2012 por el Dr. Roberto Mura y el clínico Carlos Ortiz en un sanatorio privado. Guillermo fue sometido a una gastrectomía total (extirparción completa del estómago y anexos). En el estudio patológico posterior ya no se encontraron células cancerosas.

Remisión completa

“Mi familia y yo estamos convencidos de que ha sido un milagro. De un cáncer grado IV B, pasar a una remisión completa en dos meses, no suele ser lo ordinario”, asegura Guillermo, cuya fortaleza estuvo en su fe, su familia y sus amigos. “Mi esposa decía: ‘No es posible huir del dolor en este mundo, pero ojalá que cuando a la gente le toque sufrir, sea así, siempre acompañada’”.

Han pasado siete años y Guillermo sigue sano. Si bien siempre fue delgado, tras la operación bajó mucho más de peso. Puede comer de todo, aunque no tiene mucho apetito y le cuesta tragar. “Trabajo, practico deportes y disfruto con mi familia, valorando cada momento el hecho de estar vivo. Tengo varios órganos menos: me quitaron dos a tres hileras de ganglios, vesícula, una parte del esófago, otra del intestino y el estómago completo. A veces es molesto, pero decido poner atención en los que sí tengo. La recuperación de esta enfermedad hizo que yo tomara conciencia de que vale la pena luchar por encontrar la misión que tenemos en el mundo. En mi caso, pude darme cuenta de que es fortalecer el matrimonio y la familia. Pude contagiar el entusiasmo a mi esposa que se puso a estudiar Licenciatura en Orientación Familiar y hoy la acompaño dando charlas y talleres sobre comunicación en el matrimonio y educación de los hijos”.

Guillermo destaca que el cáncer de estómago, al darse en un órgano extraíble, puede tener buen pronóstico si es detectado a tiempo. “El problema en mi caso fue que nos dimos cuenta muy tarde y ya había metástasis”. Aun así, tuvo una oportunidad y hoy está aquí para contarlo.

Qué dicen los médicos

Para los profesionales que atendieron a Guillermo, este caso fue sorprendente. “Sin apartarme de mi fe en Dios, puedo afirmar que en la neoadyuvancia (quimioterapia/radioterapia) se utilizan drogas cada vez más benéficas para el paciente. Eso ocurrió con Guillermo, que bien lo considera un milagro”, expresa el Dr. Roberto Mura, cirujano general.

Para el oncólogo Mario Meyer, “hay casos rarísimos en los que la quimioterapia hace desaparecer tumores, pero quedan rastros. Sin embargo, en el caso de Guillermo, no había rastros de células cancerosas, nos encontramos con un estómago virgen, completamente sano. Puedo decir que científicamente es un hallazgo, quirúrgico y patológico, no explicable para la ciencia médica”.

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