La vida a través de una abuela llamada Genia

La escritora paraguaya Susana Gertopán (63) nos invita a un viaje a través de su última novela La casa de la calle 22. Inspirada en la vida de su abuela Genia Sinazón, la autora se expande al sentir humano común del exilio, el abandono y la búsqueda.

La vida a través de una abuela llamada Genia
La vida a través de una abuela llamada GeniaArchivo, ABC Color

Plena pandemia. El año 2020 dio a luz la duodécima novela de Susana Gertopán. Esta vez sus letras se adentran en una experiencia personal que la lleva a investigar la vida de su abuela materna, Genia Sinazón, una mujer judía, nacida y criada en el gueto de Vilna, Lituania. "Mi abuela siempre mantuvo en silencio todo lo que vivió, y aunque este libro no es una biografía de ella, mi búsqueda de su pasado me sirvió de contexto en la novela. Abarco de manera generalizada el tema de las culpas, el desamparo afectivo durante la niñez, los miedos, los afectos, la relación en una pareja, la muerte, los silencios, los mensajes callados que recibimos y que luego marcan ciertos comportamientos, apunta pulcramente Susana, quien se declara recurrente en sus novelas respecto al exilio y a las angustias propias de la supervivencia.

–¿Cómo definís tu nueva novela?

–Intimista, psicológica y costumbrista. En realidad, escribo lo que mis personajes me cuentan. Generalmente son temas psicológicos que no busco yo, son como denuncias, un análisis ficcionado de los síntomas que sufren mis personajes debido a abandonos, búsquedas, etc.

–Decís que volvés una y otra vez sobre ciertos temas, pero siempre hay un aporte sorpresa.

–En esta novela, su estructura. Yo convoco al lector a un juego con el tiempo y con lugares; el ayer y el ahora se entremezclan. De pronto el pasado se convierte en presente. Es un tanto laberíntica.

–¿Qué dificultades sorteás cuando escribís?

–Nunca me aparecen dificultades mientras escribo, es tanta la pasión que pongo cuando estoy narrando una historia que no siento percance alguno. A no ser los apagones, pero entonces recurro al lápiz y el papel.

–Cuando se evoca a la familia, trabajan doblemente los sentimientos.

–Siempre me pasan cosas mientras escribo, se me despierta el miedo, la ansiedad, pero sobre todo el temor a la finitud. Tengo miedo de desaparecer antes de terminar la novela, lo padecí y se agudizó especialmente en esta última, seguramente por la sensación de encarcelamiento que todos estamos viviendo prisioneros de un virus, de un enemigo invisible. Pero también, lo mejor, es que mientras iba escribiendo, se ordenaron muchas fichas de un rompecabezas afectivo. Una vez finalizado el rompecabezas, mágicamente estaba listo y el paisaje que mostraba era apacible. Se habían templado mis emociones. Descubrí un nuevo territorio en el que habito, en una reconfortante paz, rodeada de afectos rescatados del pasado.

–¿Cómo se siente tu “ser escritor” actualmente en Paraguay?

–Me siento una beneficiada, y sobre todo estoy muy agradecida. La crítica es abundante y generosa con mi literatura. Y lo mismo sucede en el exterior, donde ya tengo varias novelas traducidas a otros idiomas.

–¿Cuánto juega en tu orgullo el hecho de escribir para ganar más lectores?

–Ni se me cruza esa idea por la mente. En Paraguay tengo una cantidad inmensa de lectores, sobre todo jóvenes. Escribo porque de lo contrario no logro sobrevivir.

–¿Qué nos falta, qué nos sobra para convertirnos en un pueblo lector?

–¡Tantas cosas faltan! Y nos sobran lectores, quienes, por falta de programas de lecturas en las escuelas, en los colegios, permanecen con esa necesidad. Desde el Ministerio de Educación deben enfrentar este desafío, debemos apartarnos de la corrupción ministerial, necesitamos bibliotecas públicas, los libros son caros para los estudiantes. Se necesitan editorial e imprenta públicas, así como escuelas y colegios públicos, se necesita salud pública. Todo está ligado.

–¿Qué género literario le va mejor a nuestra cultura?

–Todos los géneros, pero –te repito– faltan buenos programas de lectura, los que hay son obsoletos. Ahora le culpan a la pandemia, pero nunca fue como debía ser, además habría que capacitar a los profesores.

–¿Cuál es tu ambiente para escribir?

–Siempre en mi casa y en mi rincón –con mis perritas acompañándome–, nunca logro escribir fuera de ese lugar. Primero tomo nota en papel, escribo muchísimo a mano, cuando ya armo la estructura de la historia voy a la computadora. Escribo durante el día, en la noche no logro concentración.

–Borges contestó que publicaba para dejar de corregir, ¿cuál sería tu respuesta?

–Una vez terminada la historia, de inmediato, corriendo, voy al editor, necesito urgente publicar, de lo contrario la historia termina por degollarme o asfixiarme.

–¿Qué escribirías en un grafiti?

–"Si no escribo, me muero".

lperalta@abc.com.py

Foto: ABC Color/Fernando Altamirano.